OCEANÍA

Día 285: Isla de Pascua, Chile

© 2015 Miss Fogg

Los años de represión generaron un sentimiento de identidad cada vez más fuerte que desembocó en iniciativas independentistas. Después de muchas luchas, en 1966 el pueblo rapanui consiguió elegir su propio alcalde, se les otorgó la plena nacionalidad chilena y se les concedieron exenciones de impuestos así como el reconocimiento de que sólo ellos pueden ser propietarios de la tierra. Hoy reina un fuerte sentimiento reivindicativo, difícil de no compartir conociendo la triste historia de abusos continuos recibidos por parte del pueblo rapanui.

Lo mejor: los miles de caballos que campan a sus anchas por la isla, marrones con una mancha blanca en la cara. Aunque los isleños utilizan algunos para desplazarse o para alquilarlos a los turistas, la mayoría son caballos salvajes que se frotan tranquilamente contra los moai siempre que les apetece.

Lo peor: tener que decir adiós a esta isla mágica. Su historia nos ha conmovido, su cultura nos ha atrapado y su legado arqueológico nos ha fascinado. Es uno de los lugares más especiales que hemos visitado en este viaje y uno de los que más nos cuesta dejar atrás.

La foto: amanecer en Tongariki. Esta mañana nos hemos vuelto a despertar pronto, hemos vuelto a conducir en la oscuridad y hemos vuelto a topar con el puesto de control en medio de la carretera. El señor loco ha vuelto a aparecer con una gran sonrisa, dispuesto a volver a mandarnos de vuelta a Hanga Roa. Pero esta vez no ha podido hacer nada para detenernos, pues disponíamos del pase especial que nos dio el presidente del parlamento. Y los quince moai han posado orgullosos y erguidos una última vez. Y el cielo se ha teñido de un naranja dramático, dibujando sus contornos. Y una vez más nos han mirado con esos ojos vacíos que tanto han visto y que tantos secretos esconden. Si los moai hablaran…

 

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Día 284: Isla de Pascua, Chile

© 2015 Miss Fogg

En 1888 Chile presentó una “Escritura de Cesión” al rey rapanui, Atamu Tekena. El documento estaba escrito en español y en rapanui, pero el contenido de una y otra versión eran muy diferentes. Según el texto en español, se le otorgaba a Chile “total y completa soberanía” sobre la Isla de Pascua por tiempo indefinido. Según el texto en rapanui, sólo se hablaba de “protección” por parte de Chile y de “amistad” entre ambos territorios.

Lo mejor: conocer a Leviante Araki, representante del último rey (un anciano de más de ochenta años) y presidente del Parlamento Rapa Nui, creado para la recuperación de sus tierras ancestrales y la regulación de los inmigrantes. Leviante nos ha explicado que un turista holandés cortó la oreja de un moai e intentó llevársela en la maleta, y que para garantizar la seguridad de su patrimonio estaban intensificando el control del parque nacional. Para compensarnos por las molestias causadas por el señor loco, nos ha entregado un pase especial que nos da acceso ilimitado a todos los rincones de la isla.

Lo peor: saber lo que sucedió tras la anexión chilena. Durante los primeros años, la isla fue olvidada y los rapanui quedaron encerrados en ella sin posibilidades de salir ya que Chile no les reconocía la ciudadanía. En 1903 sus tierras fueron robadas y entregadas a una empresa de lana escocesa que importó 70.000 ovejas. Mientras que los animales deambulaban libres por la isla destruyendo su fertilidad, los isleños fueron encerrados en Hanga Roa durante cincuenta años para evitar que las robaran. En 1953, la Marina Chilena tomó el relevo, asumió el control sobre la isla y prohibió el uso de la lengua rapanui.

La foto: Ahu Tahai (el moai en primer término) y Ahu Vai Uri (los cinco del fondo). Cuando hay buen tiempo, aquí hay uno de los mejores atardeceres de la isla. Y como queda muy cerca de Hanga Roa, siempre que tenemos oportunidad paseamos aquí para disfrutar de la puesta de sol, con el permiso de las nubes.

 

Día 283: Isla de Pascua, Chile

© 2015 Miss Fogg

Hoy en día la comunidad científica parece haber dado por superada la versión del ecocidio a causa del traslado de moai, así como las teorías sin fundamento tales como la idea de que la hambruna dio lugar al canibalismo. Las pruebas indican que fue la conjunción de varios factores los que habrían llevado a los rapanui al borde de la extinción, la mayoría ligados a la llegada de los europeos a partir de 1722.

Si bien es cierto que hubo deforestación, no fue para trasladar a los moai sino para disponer de más terreno fértil para la agricultura. Pero en un ecosistema tan frágil las palmeras dejaron de crecer. Sin madera para construir embarcaciones, los rapanui no podían salir a pescar y consumieron todas las aves, cuyo guano servía de abono para la tierra. Los primeros colonos agravaron la situación con la introducción de especies invasoras como las ratas, que se comían tanto los huevos de las aves como las semillas de las palmeras.

Por si no fuera suficiente, los exploradores europeos trajeron enfermedades contra las cuales los habitantes de la isla no tenían defensas, provocando centenares de muertes. Y tampoco faltaron los misioneros que en 1866 se propusieron convertir a los rapanui al catolicismo, con la consecuente pérdida de una parte importante del patrimonio cultural ancestral de la isla, como el sistema de escritura kohau rongo rongo o el culto al hombre-pájaro. Afortunadamente, los rapanui consiguieron mantener vivas parte de sus tradiciones, que a día de hoy conviven con las que importaron los europeos.

Pero lo más devastador fue el genocidio: en 1862, mil quinientos rapanui fueron secuestrados y llevados al continente para trabajar en las minas y las plantaciones de Perú. La gran mayoría murió, y los pocos que fueron devueltos a la isla lo hicieron infectados de enfermedades contagiosas que, una vez más, diezmaron la población. En 1877 quedaban 111 rapanui: los más de dos mil que actualmente viven en la isla descienden de esos supervivientes.

 

Día 282: Isla de Pascua, Chile

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Hay muchas teorías contradictorias sobre el colapso de la civilización rapanui entre los siglos XV y XVIII. A lo largo del siglo XX prevaleció la del ecocidio (suicidio ecológico), según la cual los habitantes de la isla arrasaron con toda la vegetación para poder trasladar a los moai. La hambruna habría dado lugar a guerras entre los clanes por los recursos, durante las cuales se destruyeron los ahu y se derribaron los moai para privar a las tribus enemigas de su protección. La situación habría generado una fuerte crisis de fe en el poder de los moai, por lo que dejaron de construirlos. Fue entonces cuando cobró fuerza el culto Tangata Manu (Hombre Pájaro). Consistía en una competición que tenía lugar cada primavera en Orongo, una aldea ceremonial junto al volcán Rano Kau. Un hombre de cada tribu debía descender por el acantilado, llegar hasta un islote cercano y conseguir un huevo de un pájaro llamado manutara. El primero en regresar con el huevo intacto sería el ariki (rey) de la isla durante un año. Con un único líder para todos los clanes, los rapanui habrían superado el periodo de crisis.

Lo mejor: no tener que pagar la entrada al parque nacional. Los desacuerdos entre los isleños y el gobierno chileno se arrastran desde hace años. Los rapanui exigen modificar la ley de control migratorio, y ante la demora por parte del Ejecutivo han decidido expulsar a la CONAF (COrporación NAcional Forestal), tomar ellos el control de la administración y emprender bloqueos en distintos puntos de la isla. Así que no hay nadie para cobrar la entrada, que cuesta 30.000 pesos chilenos, lo cual nos ha supuesto un ahorro de 84 euros.

Lo peor: que un señor rapanui esquizofrénico corte la carretera con una cuerda y no deje pasar a nadie que no vaya acompañado por un guía. Nos hemos levantado pronto para ir a ver la salida del sol en Tongariki, así que la prohibición nos ha sentado muy mal. Como no accedíamos a dar media vuelta, el hombre loco se ha enfadado y nos ha amenazado con un enorme palo de bandera. Al ser imposible dialogar con él hemos llegado a un punto muerto y nos hemos visto obligados a regresar a Hanga Roa. “Esto no ha terminado”, le hemos prometido antes de irnos.

La foto: Rano Kau. Con más de un kilómetro de diámetro, se trata del cráter volcánico más grande de Rapa Nui y uno de los responsables de la existencia de la isla. En su interior hay una laguna de agua dulce cubierta por plantas de totora (las mismas que en las islas flotantes del Titicaca). La parte fracturada por las olas se llama Kari Kari, y es por donde descendían los participantes a la competición del Tangata Manu para llegar al mar.

 

Día 281: Isla de Pascua, Chile

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Rapa Nui es una isla de origen volcánico con tres conos principales y varios menores. La mayoría de moai, unos novecientos, fueron labrados en uno de sus volcanes menores: Rano Raraku. Y aquí llega uno de los grandes misterios que ha obsesionado a científicos de todo el mundo. ¿Cómo una sociedad primitiva de agricultores -que ni siquiera conocían la rueda- consiguió mover centenares de estatuas de hasta diez metros y ochenta toneladas por toda la isla y erigirlas en altares? La respuesta podría estar en la tradición oral, según la cual los moai caminaban. Se han realizado experimentos que demuestran que con una serie de cuerdas tiradas de forma alternativa por grupos de hombres sería posible hacer bascular a un moai de un lado a otro, de pie, para que avance como si andara.

Lo mejor: Puna Pao (“manantial seco”). Este pequeño volcán extinto era la cantera de pukao, un cilindro de piedra de diez toneladas que representa el tocado de los moai. La piedra volcánica roja (escoria) es blanda y fácil de tallar, y los cilindros cada vez mayores se llevaban rodando hasta los ahu para colocarlos sobre sus respectivos moai. Este moño se incorporó en una fase bastante tardía, por lo que a penas hay un centenar en toda la isla.

Lo peor: el viento. Ir en moto con estas tremendas ventiscas no es lo más práctico ni seguro, pero tampoco tenemos alternativa. Contratar un tour está fuera de cuestión y alquilar un coche sale demasiado caro. Suerte que Oriol es un buen conductor y puede mantener el equilibrio ante las peores circunstancias.

La foto: Rano Raraku, la cantera de moai. Las estatuas eran esculpidas aquí mismo, como si así fueran liberadas de la roca que las tenía atrapadas. A pesar de que las herramientas eran muy básicas, los moai eran cada vez más grandes y estilizados, lo que hace suponer una competición entre clanes. Pero la cantera fue súbitamente abandonada, dejando en el volcán más de cuatrocientos moai en diferentes fases de construcción. Te Tokanga, una de las estatuas, mide 21.65 metros y habría pesado más de doscientas toneladas si hubiera sido terminada.

 

Día 280: Isla de Pascua, Chile

© 2015 Miss Fogg

A lo largo de varios siglos la civilización rapanui avanzó en paralelo, totalmente ajena al resto del mundo. La isla fue dividida en territorios, todos ellos con acceso al mar. Cada clan estableció su poblado tierra adentro, reservando la costa para las ceremonias religiosas. Fue entonces cuando las tribus más prósperas comenzaron a construir los moai para representar a sus ancestros. Entre celebraciones, las gigantescas estatuas eran erigidas en ahu (plataformas sagradas) repartidos por toda la superficie de la isla. Los moai miraban siempre hacia el pueblo para protegerlo, pues tenían la capacidad de extender su mana o poder espiritual sobre la tribu.

Lo mejor: Ahu Ko Te Riku. Este moai solitario fue restaurando para mostrar cómo eran las estatuas en su máximo esplendor. Lleva pukao (tocado de escoria roja) y es el único en contar con ojos, que fueron recreados a partir de un ojo de coral blanco descubierto en la playa de Anakena. Se cree que cuando eran alzados en los ahu les colocaban los ojos, en una ceremonia ritual, para así convertirse en Moai Aringa Ora, que significa “rostro vivo de los ancestros”. Solo entonces el mana del moai revivía y podía proyectarse sobre su tribu para protegerla.

Lo peor: los turistas del pasado. Por culpa de su ignorancia y falta de respeto, hoy todos los ahu cuentan con distancias de seguridad. Asimismo, muchos moai caídos están rodeados por pequeñas barreras de madera, demostrando que el homo turistus es incapaz de ver algo sin intentar tocarlo, escalarlo, pisarlo o sentarse encima.

La foto: Ahu Ko Te Riku. Quedarnos solos con él y con los moai que lo rodean mientras anochecía ha sido muy especial. Hoy el cielo estaba excepcionalmente despejado y las estrellas han comenzado a aparecer poco a poco. Y, cuando ha oscurecido por completo, se han dejado ver millones de ellas.

Día 279: Isla de Pascua, Chile

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Originalmente, la isla fue denominada por los rapanui Mata Ki Te Rangi (“Ojos Que Miran Al Cielo”) y, más adelante, Te Pito O Te Henua (“El Ombligo Del Mundo”). Fueron los navegantes tahitianos los que la llamaron Rapa Nui (“Isla Grande) y, más adelante, los holandeses los que la bautizaron como Isla de Pascua (por ser descubierta el día de Pascua).

Lo mejor: presenciar un entierro rapanui en el cementerio cristiano de la pequeña Hanga Roa (“Bahía Amplia), la única ciudad de la isla. Las tumbas son como jardines con enormes flores de colores y las lápidas esculpidas combinan inscripciones cristianas con motivos rapanui. Hay unos enormes altavoces desde los que ha sonado música durante todas la ceremonia.

Lo peor: tener que cambiar nuestros planes por culpa de un temporal. Una tormenta ha azotado la isla de forma tan violenta que han tenido que cerrar el aeropuerto. Una vez ha comenzado no ha parado, así que hemos tenido que refugiarnos en nuestra habitación.

La foto: danza ancestral rapanui. La música y los bailes son una parte fundamental de esta cultura. A través de los versos y las danzas dedicadas a los dioses, a los guerreros, a la lluvia o al amor han mantenido vivas su mitología, sus leyendas y sus tradiciones.

 

Día 278: Isla de Pascua, Chile

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Según la tradición oral, Hotu Matu’a, un ariki (rey) de la legendaria Hiva, una isla de la Polinesia, soñó con el hundimiento de su tierra natal. Entonces, el sabio vidente Hau-Maka le transmitió un mensaje del dios Make-Make: debían cruzar el océano en dirección al sol naciente para encontrar el que sería su nuevo hogar. Así es como habrían llegado a Rapa Nui los primeros habitantes.

Lo mejor: Ahu Akivi. A diferencia del resto, esta plataforma se encuentra tierra adentro y sus siete moai miran hacia el mar. Se cree que representan a los siete jóvenes exploradores que Hotu Matu’a envió en busca de la tierra prometida antes de aventurarse junto a su familia y su séquito.

Lo peor: los precios. Rapa Nui es un lugar muy caro, pues la mayoría de productos llega en avión. Pero hemos tenido suerte: hemos encontrado una bonita y asequible habitación en un hostal con cocina. E íbamos preparados: compramos en el continente comida suficiente para todos los días y así evitar enfrentarnos a los precios prohibitivos del supermercado o, aún peor, de los restaurantes.

La foto: puesta de sol en la espectacular playa de Anakena, con sus palmeras tahitianas. Aquí desembarcó Hotu Matu’a entre los años 400 y 800 d.C y construyó su residencia real. Ahu Nau Nau es una de los plataformas sagradas más importantes y refinadas de la isla. Los moai cayeron y quedaron sepultados por la arena blanca, lo que los protegió de la erosión y conservó sus tallados y relieves.

 

Día 277: Isla de Pascua, Chile

© 2015 Miss Fogg

La Isla de Pascua o, mejor dicho, Rapa Nui, situada en medio del océano Pacífico, es la isla habitada más remota del mundo. Su historia está envuelta en leyendas, teorías contradictorias y misterios que probablemente jamás se desvelarán. Su magnetismo es tan fuerte que, casi sin darnos cuenta, nos ha atraído hasta ella.

Lo mejor: la emoción de estar aquí. Este es uno de los lugares a los que siempre habíamos soñado viajar. Y de pronto hemos encontrado una buena oferta así que ¡aquí estamos!

Lo peor: el clima. Nos han advertido de que es muy inestable y que en pocos minutos un día soleado puede convertirse en un infierno de viento, lluvia y truenos.

La foto: Ahu Tongariki. Nada más llegar hemos conseguido una moto para cruzar la isla (es muy pequeña) y poder admirar cuanto antes al ahu (plataforma ceremonial) más espectacular de Rapa Nui. Y verlo en persona ha superado todas nuestras expectativas. Los quince colosales moai (escultura de roca volcánica) alineados en la estructura de 220 metros, con el mar a sus espaldas, son exquisitamente fabulosos. Cada uno tiene una altura, forma, rasgos y constitución diferentes, lo que los hace aún más interesantes. No se me ocurre mejor forma de comenzar la aventura en la Isla de Pascua. 

 

Día 199: Auckland, Nueva Zelanda

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Llegamos a la ciudad más grande de Nueva Zelanda y lugar de nacimiento de uno de los héroes nacionales: Sir Edmund Hillary. En 1953, Hillary y el sherpa nepalí Tenzing Norgay fueron los primeros en alcanzar la cumbre del Everest.

Lo mejor: ver cómo se desata la locura al ganar Nueva Zelanda a Sudáfrica en la semifinal de la Copa del Mundo de Críquet. La victoria ha sido épica, con una bola ganadora en el último momento de Grant Elliott, nuevo héroe nacional. La final será contra Australia en Melbourne.

Lo peor: pasar la noche en el peor hostal del mundo, en la habitación más desordenada del mundo y cerca del hombre que ronca más fuerte del mundo. Y, encima, caro.

La foto: el elemento más característico del skyline de Auckland es la Sky Tower. Es a la vez torre de telecomunicaciones, mirador turístico y lugar desde el que practicar skyjump (saltar desde una altura de 192 metros). A menudo su iluminación se utiliza para apoyar diversas causas, combinando los colores pertinentes.

 

Día 198: Hobbiton, Nueva Zelanda

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Hobbiton es uno de los pueblos más antiguos de la Comarca, un lugar de la Tierra Media habitado por hobbits y visitado en ocasiones por magos y enanos. J. R. R. Tolkien lo imaginó; Sir Peter Jackson lo hizo realidad.

Lo mejor: visitar Hobbiton completamente solos. Hemos llegado por pura casualidad tres minutos antes de que comience el último tour del día. Nuestro guía Paul –hay que ir con guía- nos contaba que lo habitual es visitar Hobbiton en un grupo de cuarenta personas, con otros sendos grupos delante y detrás. La experiencia de visitar solos este lugar mágico ha superado todas nuestras expectativas. Aunque para ser sinceros no estábamos completamente solos: Pickles, la gata que vive en Hobbiton, ha supervisado en todo momento nuestro paseo por sus dominios.

Lo peor: el precio. Paul lo justifica explicando que para que el lugar sea tan increíble necesitan a un gran número de jardineros y trabajadores cuidando de todos los detalles. Además, los beneficios deben repartirse entre los propietarios de los terrenos y Peter Jackson.

La foto: en 1998, Jackson sobrevolaba Nueva Zelanda en busca de localizaciones para su próxima trilogía: El Señor de los Anillos. Y, de pronto, en la zona de Matamata, una granja de ovejas le llamó la atención. Los terrenos de Dean Alexander eran perfectos para situar Hobbiton: tenía campos verdes, un pequeño lago, y estaban bastante ocultos. Así empezó todo.

 

Día 197: Rotorua, Nueva Zelanda

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Por la mañana hemos conseguido ver el Barça-Madrid (2-1) en streaming. Nueva Zelanda debe ser uno de los pocos lugares del mundo en el que no retransmiten el clásico por televisión, pero por suerte hemos encontrado un bar con buen wifi para poder verlo en el ordenador.

Lo mejor: pasear por los bosques de The Redwoods. Rodeados de árboles gigantes rojizos y de un silencio abrumador, si cerrábamos los ojos el único sentido que quedaba despierto era el olfato. Allí no apesta a azufre como en el resto de la zona; huele a madera, plantas y humedad. El bosque se encuentra en Rotorua, una zona que concentra un elevado número de población maorí.

Lo peor: ser despertados (con un susto importante) a media noche por un vigilante, mientras dormíamos tranquilamente en nuestra caravana frente al lago Taupo. Ha resultado que ese lugar concreto solo estaba permitido para vehículos self-contained (con baño propio), así que hemos tenido que ir a buscar otro lugar.

La foto: Champagne Pool, en Wai-O-Tapu (“Agua Sagrada” en maorí). Con un diámetro de sesenta y cinco metros, es la piscina más grande de esta zona activa geotermal llena de cráteres y lagos de colores. El tono naranja se origina a partir de los depósitos de arsénico y estibina, aunque en la piscina también hay oro y plata.

 

Día 196: Tongariro, Nueva Zelanda

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Hoy madrugamos para recorrer el Tongariro Alpine Crossing, definido aquí como “uno de los mejores diez trekkings de un día del mundo”. Son casi veinte kilómetros caminando entre volcanes en algo menos de siete horas.

Lo mejor: los paisajes lunares, con volcanes, desiertos, esculturas de lava, lagos de color esmeralda… Y si añadimos niebla a la ecuación, parecía que estuviéramos atravesando algún lugar muy lejos de la Tierra.

Lo peor: las últimas dos horas. El tramo final de bajada, cuando ya hemos dejado atrás los volcanes y el cansancio ha comenzado a aparecer en las piernas, se ha hecho bastante largo y duro. Los últimos quince minutos los hemos hecho corriendo a través de un bonito bosque para llegar ya cuanto antes.

La foto: al principio no veíamos nada. La niebla era tan densa que lo mantenía todo bien escondido y costaba orientarse. Pero de pronto y sin explicación aparente el manto ha comenzado a retirarse. En pocos minutos este es el paisaje que se ha revelado bajo nuestros pies.

 

Día 195: Tongariro, Nueva Zelanda

© 2015 Miss Fogg

Lo mejor: tras conducir por zonas sin mucho encanto, nos temíamos que lo bueno había quedado atrás. Hasta que hemos llegado al Parque Nacional de Tongariro, en el centro de la isla. Los paisajes que rodean esta zona volcánica multi-cráter con tres montes activos (el Ruapehu, el Ngauruhoe y el Tongariro) son espectaculares.

Lo peor: los atascos. En la Isla Sud no vivimos ni uno solo, por lo que nos ha sorprendido encontrarnos con varios en los alrededores de Wellington. Pero seamos justos: los atascos neozelandeses siguen estando muy lejos de los del resto del mundo.

La foto: monte Ngauruhoe. Aunque técnicamente es un cono secundario del Tongariro, para mi es el más bonito de los tres. Peter Jackson lo utilizó para representar el Mount Doom de Mordor en algunas tomas de El Señor de los Anillos (en otras utilizó maquetas o efectos especiales).