Nueva Zelanda

Día 199: Auckland, Nueva Zelanda

© 2015 Miss Fogg

Llegamos a la ciudad más grande de Nueva Zelanda y lugar de nacimiento de uno de los héroes nacionales: Sir Edmund Hillary. En 1953, Hillary y el sherpa nepalí Tenzing Norgay fueron los primeros en alcanzar la cumbre del Everest.

Lo mejor: ver cómo se desata la locura al ganar Nueva Zelanda a Sudáfrica en la semifinal de la Copa del Mundo de Críquet. La victoria ha sido épica, con una bola ganadora en el último momento de Grant Elliott, nuevo héroe nacional. La final será contra Australia en Melbourne.

Lo peor: pasar la noche en el peor hostal del mundo, en la habitación más desordenada del mundo y cerca del hombre que ronca más fuerte del mundo. Y, encima, caro.

La foto: el elemento más característico del skyline de Auckland es la Sky Tower. Es a la vez torre de telecomunicaciones, mirador turístico y lugar desde el que practicar skyjump (saltar desde una altura de 192 metros). A menudo su iluminación se utiliza para apoyar diversas causas, combinando los colores pertinentes.

 

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Día 198: Hobbiton, Nueva Zelanda

© 2015 Miss Fogg

Hobbiton es uno de los pueblos más antiguos de la Comarca, un lugar de la Tierra Media habitado por hobbits y visitado en ocasiones por magos y enanos. J. R. R. Tolkien lo imaginó; Sir Peter Jackson lo hizo realidad.

Lo mejor: visitar Hobbiton completamente solos. Hemos llegado por pura casualidad tres minutos antes de que comience el último tour del día. Nuestro guía Paul –hay que ir con guía- nos contaba que lo habitual es visitar Hobbiton en un grupo de cuarenta personas, con otros sendos grupos delante y detrás. La experiencia de visitar solos este lugar mágico ha superado todas nuestras expectativas. Aunque para ser sinceros no estábamos completamente solos: Pickles, la gata que vive en Hobbiton, ha supervisado en todo momento nuestro paseo por sus dominios.

Lo peor: el precio. Paul lo justifica explicando que para que el lugar sea tan increíble necesitan a un gran número de jardineros y trabajadores cuidando de todos los detalles. Además, los beneficios deben repartirse entre los propietarios de los terrenos y Peter Jackson.

La foto: en 1998, Jackson sobrevolaba Nueva Zelanda en busca de localizaciones para su próxima trilogía: El Señor de los Anillos. Y, de pronto, en la zona de Matamata, una granja de ovejas le llamó la atención. Los terrenos de Dean Alexander eran perfectos para situar Hobbiton: tenía campos verdes, un pequeño lago, y estaban bastante ocultos. Así empezó todo.

 

Día 197: Rotorua, Nueva Zelanda

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Por la mañana hemos conseguido ver el Barça-Madrid (2-1) en streaming. Nueva Zelanda debe ser uno de los pocos lugares del mundo en el que no retransmiten el clásico por televisión, pero por suerte hemos encontrado un bar con buen wifi para poder verlo en el ordenador.

Lo mejor: pasear por los bosques de The Redwoods. Rodeados de árboles gigantes rojizos y de un silencio abrumador, si cerrábamos los ojos el único sentido que quedaba despierto era el olfato. Allí no apesta a azufre como en el resto de la zona; huele a madera, plantas y humedad. El bosque se encuentra en Rotorua, una zona que concentra un elevado número de población maorí.

Lo peor: ser despertados (con un susto importante) a media noche por un vigilante, mientras dormíamos tranquilamente en nuestra caravana frente al lago Taupo. Ha resultado que ese lugar concreto solo estaba permitido para vehículos self-contained (con baño propio), así que hemos tenido que ir a buscar otro lugar.

La foto: Champagne Pool, en Wai-O-Tapu (“Agua Sagrada” en maorí). Con un diámetro de sesenta y cinco metros, es la piscina más grande de esta zona activa geotermal llena de cráteres y lagos de colores. El tono naranja se origina a partir de los depósitos de arsénico y estibina, aunque en la piscina también hay oro y plata.

 

Día 196: Tongariro, Nueva Zelanda

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Hoy madrugamos para recorrer el Tongariro Alpine Crossing, definido aquí como “uno de los mejores diez trekkings de un día del mundo”. Son casi veinte kilómetros caminando entre volcanes en algo menos de siete horas.

Lo mejor: los paisajes lunares, con volcanes, desiertos, esculturas de lava, lagos de color esmeralda… Y si añadimos niebla a la ecuación, parecía que estuviéramos atravesando algún lugar muy lejos de la Tierra.

Lo peor: las últimas dos horas. El tramo final de bajada, cuando ya hemos dejado atrás los volcanes y el cansancio ha comenzado a aparecer en las piernas, se ha hecho bastante largo y duro. Los últimos quince minutos los hemos hecho corriendo a través de un bonito bosque para llegar ya cuanto antes.

La foto: al principio no veíamos nada. La niebla era tan densa que lo mantenía todo bien escondido y costaba orientarse. Pero de pronto y sin explicación aparente el manto ha comenzado a retirarse. En pocos minutos este es el paisaje que se ha revelado bajo nuestros pies.

 

Día 195: Tongariro, Nueva Zelanda

© 2015 Miss Fogg

Lo mejor: tras conducir por zonas sin mucho encanto, nos temíamos que lo bueno había quedado atrás. Hasta que hemos llegado al Parque Nacional de Tongariro, en el centro de la isla. Los paisajes que rodean esta zona volcánica multi-cráter con tres montes activos (el Ruapehu, el Ngauruhoe y el Tongariro) son espectaculares.

Lo peor: los atascos. En la Isla Sud no vivimos ni uno solo, por lo que nos ha sorprendido encontrarnos con varios en los alrededores de Wellington. Pero seamos justos: los atascos neozelandeses siguen estando muy lejos de los del resto del mundo.

La foto: monte Ngauruhoe. Aunque técnicamente es un cono secundario del Tongariro, para mi es el más bonito de los tres. Peter Jackson lo utilizó para representar el Mount Doom de Mordor en algunas tomas de El Señor de los Anillos (en otras utilizó maquetas o efectos especiales).

 

Día 194: Wellington, Nueva Zelanda

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Nuestra puerta de entrada a la Isla Norte es la capital, Wellington. Remontaremos la isla hasta llegar a la ciudad principal de Nueva Zelanda, Auckland.

Lo mejor: pasear por Mount Victoria. Los bosques de esta montaña de Wellington se utilizaron para recrear los bosques de Hobbiton, donde los hobbits huyen y se esconden de un Black Rider.

Lo peor: no poder ver un partido de los All Blacks, la selección de rugby de Nueva Zelanda. El equipo es una leyenda dentro del mundo del rugby, deporte nacional del país. Nos habría gustado presenciar su famosa Haka, una danza ritual que realizan antes de cada partido para reivindicar su cultura maorí e intimidar al rival. Pero es temporada de críquet, no de rugby.

La foto: vaca Hereford, originaria de Inglaterra. Tal y como comentaba hace unos días, la industria de los lácteos (y de la carne bobina) ha crecido considerablemente en los últimos años en detrimento de la de la lana. Actualmente hay unos cinco millones de vacas, una por cada kiwi (neozelandés).

 

Día 193: Canterbury, Nueva Zelanda

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Últimas horas antes de cruzar el estrecho de Cook hacia la Isla Norte. Para algunos puede resultar una decepción tras haber conocido la Sur. Nuestro objetivo es que no sea así.

Lo mejor: encontrar un vuelo muy barato hasta Wellington. Cruzar en ferry nos saldría más caro y nos llevaría más tiempo, así que optamos por la opción más rápida y menos romántica.

Lo peor: dejar atrás las noches de caravana en medio de lugares mágicos, solitarios y gratuitos. Creo que no será tan fácil en la Isla Norte, más poblada y urbanizada.

La foto: paisajes como este son los que hacen que merezca la pena cruzar medio mundo. No sabemos cuanto tiempo seguirá salvaje esta tierra antes de ser también domesticada por el hombre.

 

Día 192: Canterbury, Nueva Zelanda

© 2015 Miss Fogg

Cuarta noche frente a un agitadísimo océano pacífico, en la playa de Kaikoura.

Lo mejor: conocer a Charles, un periodista inglés autor de varios programas de la BBC. Una vez al año viaja a Nueva Zelanda para practicar la pesca con mosca y escribir sobre ello. Como buen inglés, nos ha invitado a tomar el té en su caravana.

Lo peor: no avistar cachalotes, a pesar de todos nuestros esfuerzos. En las aguas de Kaikoura viven los solitarios machos (las temperaturas son demasiado bajas para las hembras y sus crías) de la tercera especie de ballena más grande del mundo (veinte metros de largo) y el animal con dientes más grande que existe. A pocos kilómetros de la costa hay un cañón de tres kilómetros de profundidad en los que cazan grandes presas como el calamar gigante.

La foto: lobo marino neozelandés. En esta zona habitan numerosas colonias de esta especie protegida que, oh sorpresa, también estuvo a punto de extinguirse por culpa de la caza indiscriminada.

 

Día 191: Marlborough, Nueva Zelanda

© 2015 Miss Fogg

Pasamos la tercera noche en un pequeño bosque.

Lo mejor: la carretera costera que discurre por el norte de la isla. A pesar de no ser tan famosa como la Great Ocean Road australiana, no tiene mucho que envidiarle.

Lo peor: las sandflies de día y, muy especialmente, los voraces mosquitos de noche. La cocina está en el maletero de la minúscula caravana, y cuando preparamos la cena la luz atrae a todos los bichos de diez kilómetros a la redonda.

La foto: en la isla sur se encuentra la Nueva Zelanda más auténtica, salvaje y pura. Son kilómetros y kilómetros de naturaleza sin a penas topar con seres humanos. Y es que solo un millón de personas habitan esta isla de 800 por 300 kilómetros -la mayoría en las ciudades-, por lo que la densidad es de menos de siete personas por kilómetro cuadrado. Una delicia.

Día 190: West Coast, Nueva Zelanda

© 2015 Miss Fogg

Segunda noche en la caravana, esta vez frente a un pequeño lago.

Lo mejor: las famosas Pancake Rocks de Punakaiki. La fuerza del mar y los géiseres verticales que se forman cuando crece la marea han erosionado tanto la piedra caliza que se han formado unas esculturas naturales.

Lo peor: las curvas. Aunque las distancias no sean muy grandes, la gran cantidad de curvas hace que algunos tramos se hagan mucho más largos de la cuenta (y que la carísima gasolina se esfume muy deprisa).

La foto: este es uno de los motivos por los cuales nos encanta recorrer este país es en caravana. Porque podemos dormir donde queremos y despertar frente a estos amaneceres.

Día 189: West Coast, Nueva Zelanda

© 2015 Miss Fogg

Alquilamos una pequeña caravana y ponemos rumbo hacia el norte, bordeando la isla sur en el sentido de las agujas del reloj. Pasamos nuestra primera noche en la caravana en lo alto de una montaña con vistas al mar.

Lo mejor: ver al fin al símbolo de Nueva Zelanda; el kiwi. Este curioso pájaro evolucionó en una isla sin depredadores, por lo que no tenía que hacer grandes esfuerzos por sobrevivir. Pero un día llegó el hombre blanco junto con un gran repertorio de animales contra los cuales el kiwi no sabía defenderse. Así que las poblaciones de las cinco subespecies comenzaron a caer en picado, pues solo el 5% de las crías sobrevivía. Ahora, para evitar su extinción, se recogen los huevos y se mantienen los kiwis a salvo hasta que son adultos (grandes como gallinas) capaces de defenderse en libertad.

Lo peor: el rapidísimo ritmo al cual están retrocediendo los glaciares Franz Josef y Fox. En los últimos seis años el calentamiento global ha acelerado la reducción de estos famosos iconos del país. Su proximidad con el Mar de Tasmania (a menos de veinte kilómetros), la vegetación boscosa húmeda que los rodea y su baja altura los convierte en únicos en el mundo.

La foto: Nueva Zelanda me hace pensar en mis abuelos. Está lleno de coches antiguos y de ovejas (ellos ya me entenderán). De hecho hay veinte millones de ovejas, cinco por cada habitante. En el pasado había dieciocho por persona, pero la industria de la lana ha caído en favor a la de los lácteos. 

Día 188: Fiordland, Nueva Zelanda

© 2015 Miss Fogg

Nos adentramos en tierra de fiordos, ríos y cascadas.

Lo mejor: el camino hasta el famoso fiordo Milford Sound. Son cinco horas de curvas a través de montañas y bosques, parando de vez en cuando para poder disfrutar del impresionante paisaje.

Lo peor: el cielo. Unos nubarrones se han apoderado de él, tapando el bonito azul que hace días que nos acompaña. Pero hemos tenido suerte y no ha llovido; con una media de precipitaciones anual de 6.813 mm en 182 días del año, este es uno de los lugares más húmedos de la Tierra.

La foto: Milford Sound (Piopiotahi en maorí) se adentra quince kilómetros desde el mar de Tasmania. Algunos de los acantilados que lo enmarcan y por los que caen grandes cascadas miden más de un kilómetro de alto.

 

Día 187: Southland, Nueva Zelanda

© 2015 Miss Fogg

Lo mejor: “salvar” animales. Conduciendo de noche hemos topado con varios animales perdidos o desorientados en medio de la carretera. Hemos podido ayudar a un perro, dos ovejas, un conejo y una zarigüeya.

Lo peor: dormir en el coche. Nada tiene que ver con pasar la noche en una caravana. Es incómodo, estrecho y hace frío, mucho frío.

La foto: faro de Nugget Point. Fue construido en 1869 para avisar a los barcos de la presencia de los pequeños islotes rocosos en uno de los puntos más al sur de Oceanía y más cercanos a la Antártida.

 

Día 186: Southland, Nueva Zelanda

© 2015 Miss Fogg

Alquilamos un pequeño coche para explorar The Catlins, al sureste de la isla sur.

Lo mejor: ver a un pingüino de ojo amarillo en Curio Bay. Por desgracia está en peligro de extinción; solo quedan unos seis mil ejemplares y está considerado por BirdLife International como la especie de pingüino más rara del mundo.

Lo peor: que nos cancelen nuestra próxima relocation. Es uno de los principales riesgos de este sistema: pueden cancelarla hasta el último minuto. Así que durante los próximos días tendremos que improvisar.

La foto: paseando por la playa hemos topado con esta hembra de león marino de Nueva Zelanda. Si nos acercábamos demasiado a ella nos atacaba, lo cual no es de extrañar pues hace décadas los maoríes los cazaban por su piel y llevaron la especie al borde de la extinción.