Día 9: Agra

Agra, la ciudad del Taj Mahal
“Because you’re more close to heaven!”

Agra, la que fue capital del Imperio mogol entre 1556 y 1658 antes de que esta se trasladara a Delhi, es una ciudad estratégicamente situada a orillas del río Yamuna. Fundada entre 1501 y 1504 por Sikandar Lodi, sultán de Delhi, es mundialmente conocida por albergar unos de los monumentos más famosos del mundo: el Taj Majal. Sin embargo, su intensa contaminación atmosférica está poniendo en serio peligro su conservación.

Nos plantamos poco antes de las 6h en la puerta oeste del Taj, que ya está llena de gente haciendo cola y entrando. Oriol se va a comprar las entradas mientras yo hago cola, lo cual no sirve de nada porque hombres y mujeres hacen cola por separado. La de las mujeres es más rápida que la de hombres, y yo entro sin problemas tan pronto Oriol aparece con las entradas. Sin embargo, a Oriol le registran la mochila y no le permiten pasar pues llevamos un minitrípode, algo peligrosísimo pues nos permitiría hacernos una foto juntos! Así que resignado se dirige corriendo en busca de la consigna, pero entre que está alejada y que tiene que volver a hacer la cola, acabamos perdiendo bastante tiempo y entrando mucho más tarde de lo que habíamos previsto.

Yo aguardo dentro, en la zona abierta desde donde se divisan las tres puertas de entrada, pero prefiero esperarlo antes de adentrarme más para que podamos ver el Taj Mahal por primera vez (la de ayer no cuenta) juntos. Cuando por fin llega, avanzamos solemnemente hasta que el templo de mármol comienza a materializarse a través del arco de la mezquita. Lo hemos visto tantas veces que nos parece algo irreal. Pero es realmente sublime y magnético: su resplandor, su simetría, sus formas, su entorno…

Taj Mahal.

Información interesante referente al Taj Mahal:

  • Taj Mahal significa “Palacio de Corona”, y consiste en un complejo de edificios de perfecta simetría.
  • Su principal edificio es el mausoleo de mármol blanco, uno de los monumentos más famosos del mundo. Y su centro lo componen los amplios jardines divididos en cuadrados que se organizan mediante la cruz formada por los canales, imagen del jardín del paraíso islámico.
  • Fue construido en Agra por el emperador musulmán Shah Jahan en honor de su tercera y predilecta esposa , Mumtaz Mahal, que murió dando a luz a su 14ª hija.
  • Alrededor de 20.000 obreros trabajaron en él entre los años 1631 y 1654 y tuvo un coste de casi 41 millones de rupias y 500 kilos de oro.
  • Su eje principal es perpendicular a la ribera del río Yamuna, situado a unos pocos metros tras el mausoleo.
  • Es considerado el más bello ejemplo de arquitectura mogola, estilo que combina elementos de las arquitecturas islámica, persa, india e incluso turca.
  • El mausoleo mide 55 metros por lado a nivel de base y 35 de altura, mientras que sus cuatro torres tienen más de 40 metros de altura.
  • Ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, así como una de las Nuevas Siete Maravillas de Mundo.

Una parte importante de los visitantes del Taj Mahal son indios.

Información práctica que creo que vale la pena conocer:

  • El recinto está abierto al público todos los días de la semana excepto el viernes. Nosotros nos enteramos cuando ya teníamos el itinerario hecho, con la mala pata de que la visita a Agra caía en viernes. Así que tuvimos que reorganizar un poco el viaje en función de ello.
  • La entrada para extranjeros cuesta 750 rupias (para los indios 20), aunque los menores de 15 años tienen acceso gratuito. La entrada incluye una botella pequeña de agua y un par de fundas para los pies, pues para entrar al mausoleo es obligatorio descalzarse o cubrir los zapatos con dichas fundas.
  • Existen tres puertas de acceso, con distintos horarios:
    • Oeste u Occidental; abierta del amanecer hasta el atardecer. Las taquillas para comprar las entradas están al lado.
    • Este u Oriental; abierta del amanecer hasta el atardecer. Las taquillas están a unos 750 metros de la puerta.
    • Sur; abierta de 8h a 17h. Las taquillas están al lado.
  • No se permite la entrada de trípodes, comida, agua, tabaco, encendedores, licor, objetos electrónicos (excepto cámaras) o armas, y los móviles deben estar apagados. Hay taquillas habilitadas para depositar estos objetos, aunque pueden estar algo alejadas de la puerta. Nosotros colamos el agua, pues la llevábamos en el CamelBak, pero el incidente del trípode nos hizo perder mucho tiempo, por lo que recomiendo dejar en el hotel todos los objetos susceptibles de conllevar problemas.

A medida que nos vamos acercando al mausoleo, hipnotizados, van definiéndose los infinitos detalles de este prodigio arquitectónico. Hago esfuerzos para grabarlos en mi memoria, mientras voy haciendo fotos de vez en cuando por algún día necesito ayuda para recordarlos. Nos resulta curioso (e irritante, para qué vamos a engañarnos) ver a gente saltando constantemente mientras les hacen fotos una y otra vez hasta conseguir captar el instante exacto de vuelo. En algún momento, un guía se ofrece para hacernos una foto juntos, y cuando está a punto de apretar el botón nos pregunta un muy extrañado ”You don’t jump?”, a lo que respondemos “Why should we?”. Entonces, el tío nos suelta la gran perla: “because you’re more close to heaven!”.

Colegiala.

Tras saborear esta maravilla desde el último ángulo que nos queda, decidimos que un desayuno dulce occidental entraría de fábula. Recordamos que ayer pasamos por delante de un Café Coffee Day, cerca de la Puerta Este, pero por desgracia nuestro trípode se halla la Puerta Oeste, por donde hemos entrado. Tras un duro debate entre nuestro estómago (animado con pompones por nuestras glándulas salivales recordando el donut que vimos a través del cristal, y por sus primas las sudoríparas imaginando el aire acondicionado) y nuestro sentido común, vamos a buscar el trípode y cogemos nuestro primer rickshaw bicicleta. Las instrucciones son claras: “To the other gate, east gate, oriental gate, ok? Not this one, the other one, the other side” (todo ello acompañado por señales y gestos super evidentes). El tipo asiente sonriendo, baja de la bici, coge el manillar y lo empuja con esfuerzo, con nosotros a cuestas, a lo largo de 10 metros, hasta llegar a la puerta de la que acabamos de salir. Y ante nuestra mirada atónita, el señor se da la vuelta sudando y satisfecho mientras tiende la mano reclamando su dinero. Nosotros, pacientes, le repetimos que queremos ir a la otra, que estos 10 metros podíamos hacerlos nosotros, pero el tipo insiste en que le paguemos. En pocos segundos se genera un corro alrededor nuestro de gente insistiendo en que le paguemos al buen hombre por su trabajo. Viendo que podemos estar toda la mañana así, y con nuestro estómago reclamando el donut, saltamos de la bici y echamos a andar bajo el fuerte calor mientras le grito indignadísima a la muchedumbre “we are not paying for 10 meters!!!!”. El desayuno, compuesto por una hamburguesa, un donut de chocolate, un zumo y un batido de chocolate bien frío nos cuesta 300 rupias.

Itimad-Ud-Daulah.

Ya con los antojos saciados, cogemos un tuc tuc hacia el mausoleo de Itimad-Ud-Daulah (que significa “Pilar del Estado”), tambén conocido como “Baby Taj” por ser considerado por algunos un boceto del Taj Mahal. Construido entre 1622 y 1628 para un tesorero del imperio mogol por encargo de su hija Nur Jahan, esposa predilecta de Jahangir, marca la transición entre la arquitectura maciza de arenisca roja y el refinamiento Taj Mahal a base de mármol. Curiosamente, el tesorero es el abuelo de Mumtaz Mahal, la responsable de la existencia del Taj Mahal. La entrada cuesta 210 rupias, pero enseñando la entrada del Taj te lo dejan a 200 rupias, una ganga vamos.

De vuelta al centro, hacemos dos paradas. La primera cerca del río para ver como se bañan los búfalos. Decenas de estos enormes animales se refrescan tranquilamente en las aguas del río Yamuna. La escena nos permite capturar fotografías fantásticas, hasta que el bufido de uno de los bichos al que nos hemos acercado demasiado nos indica que ha llegado la hora de irse. Y de hecho, un grupo de hombres asustados nos gritan que nos alejemos de ellos si no queremos verles realmente enfurecidos. Por el miedo de los hombres deduzco que una manada de búfalos puede ser bastante peligrosa si se la provoca, así que nos reunimos con nuestro paciente tuctuquero.

.

.

La segunda parada la hacemos a las puertas del espectacular Fuerte Rojo (Lal Qila), construido por Akbar entre 1565 y 1573. No disponemos de mucho tiempo pues tenemos que coger un tren, así que muy a nuestro pesar lo admiramos desde fuera. Desde allí también podemos ver, a lo lejos, la espectacular silueta de Taj recortada entre la niebla y rodeada de verde vegetación como si fuera un espejismo.

A las 12:25h tenemos el tren para Jhansi, la estación más cercana a Orchha, nuestro próximo destino. Como siempre, llegamos con cierta antelación, y vemos que en los letreros luminosos el tren llamado Jhansi City Agra sale de la plataforma 2 a las 12:30h. “Debe llevar 5 minutos de retraso”, pensamos, y allí nos dirigimos.

Nos sentamos en uno de los escasos bancos a esperar en nuestro andén mientras las moscas nos acosan sin piedad. Son especialmente pesadas, y el suelo pegajoso las atrae a miles, por lo que tengo que estar constantemente espantándolas de mi piel. Llega la hora, y el tren no aparece. Alguien nos dice que va con retraso. Al cabo de un rato, comenzamos a preocuparnos. Volvemos a la plataforma 1 para preguntar en la taquilla de información: enseñamos nuestro billete y nos dicen que el tren ya ha pasado, por la plataforma 1, precisamente. Intentamos explicar que en los carteles luminosos indicaban la plataforma 2, pero al parecer se trata de otro tren que llegará tarde, y que ni siquiera va a Jhansi a pesar de su nombre. De acuerdo, hemos perdido nuestro primer tren. Nota mental: en el futuro, siempre preguntar en información por nuestra plataforma. Y en la plataforma reconfirmar con algún revisor que pase por ahí que estamos en el lugar correcto.

Salimos de la estación y nos dirigimos a la parada de taxis para preguntar precios para ir a Orchha. Tras oír cifras desorbitadas, descartamos esa vía. Regresamos a la estación, y preguntamos por el próximo tren a Jhansi: es a las 14h (podría ser peor). Nos indican que debemos comprar los billetes más baratos (67 rupias cada uno) y, una vez en el tren,  preguntar al revisor si hay plazas en alguna clase con aire acondicionado, y pagar la diferencia allí mismo. ¿Y qué pasa si no hay plazas? Preferimos no pensar en ello, a pesar de que en unos días nos tocará hacerlo. Tras un tiempo interminable, con moscas y más moscas, por fin llega nuestro tren, puntual como siempre. Buscamos una cama inferior libre y nos escondemos los dos dentro, tras las cortinas corridas. Lo cierto es que nos da rabia volver a pagar el billete (nadie nos devolverá el importe del que hemos perdido), así que procuraremos pasar desapercibidos aunque ello implique cierta incomodidad. Estamos muertos de hambre así que Oriol se arriesga a comer algo de lo que ofrecen los infinitos vendedores ambulantes (que deben pensar que somos algo raritos allí escondidos). Yo me como un par de bolsas de patatas que a penas ayudan a llenar una parte ínfima de mi estómago vacío. Es el viaje más pesado que haremos en tren, a pesar de ser uno de los más cortos. Por fin, sobre las 18h, llegamos. Misión cumplida: el revisor no nos ha pillado y no hemos tenido que volver a pagar. Aunque, esos sí, hemos pasado 4 horas incomodísimas… Al final ya era más testarudez que otra cosa.

Los lados de la carretera son lugares perfectos para captar imágenes cotidianas.

Estamos tan hambrientos y atrofiados que descartamos coger un bus que nos lleve hasta Orchha. Y tras duras negociaciones, conseguimos que un taxista nos lleve por 300 rupias. El trayecto dura unos 30 minutos, aunque nos retrasan las inmensas manadas de vacas instaladas en medio de la carretera. En más de una ocasión, nos vemos obligados a salirnos del asfalto y circular por el campo para esquivarlas.

El hotel que tengo apuntado es el Gampati, pero nos parece caro dada la lugubridad de la habitación, a pesar de ofrecer magníficas vistas desde su tejado. Tras ver un par de opciones cercanas, nos quedamos finalmente en el curioso Hotel Residency (según la tarjeta: “Near Gramin Bank Orchha Distt. Tikamgarh (M.P.) 472246), con su moderna fachada, que no es nada del otro mundo pero nos parece que es el que tiene la mejor relación calidad-precio de todos los que vemos. Negociamos con un tipo muy espabilado y agradable que creemos que es el jefe, pero que resultará ser el chófer de unos huéspedes. Acordamos 800 rupias por una noche en una habitación con aire acondicionado y televisión pero sin luz natural, y pedimos que nos traigan algo de comer a la habitación antes de desmayarnos en nuestra cama.

.

← Día anterior                                                                                                                                                                                      Día siguiente →

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s