Malasia

Día 50: Kuala Lumpur, Malasia

© 2014 Miss Fogg

Lo mejor: los taxistas. Hablan inglés y siempre te cuentan cosas divertidas. Al parecer hay una guerra silenciosa y los rojos odian a los azules, que son los caros. Y a los amarillos nadie les hace caso, pero ellos también odian a los azules.

Lo peor: los precios. Tratándose del sudeste asiático, Kuala Lumpur no es una ciudad barata.

La foto: torre del templo hindú de Sri Mahamariamman. Construido en 1873 para uso privado, abrió sus puertas en los años 20 para convertirse en lugar de culto de muchos inmigrantes de la India. Es el templo más antiguo de Kuala Lumpur, aunque su vistosa gopuram (‘Puerta del Templo’) piramidal no se construyó hasta los años 60. Dedicada a Parvati, está decorada con representaciones de 228 dioses hindúes esculpidos por los artesanos de la India meridional.

 

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Día 49: Kuala Lumpur, Malasia

© 2014 Miss Fogg

En teoría, hoy era nuestro último día en Kuala Lumpur antes de ir hacia las islas del noreste. En teoría.

Lo mejor: ir haciendo tomas de contacto con los malayos. Es cierto que poco tienen que ver los habitantes de Chinatown con los de Little India o los del Triángulo Dorado, pero en general nos están pareciendo bastante rápidos y agudos.

Lo peor: tener que cambiar los planes por culpa del monzón. Habíamos leido que en la costa este comenzaba a mediados de noviembre, por lo que teníamos previsto viajar esta noche a las preciosas islas Perhentian. Hoy, sin embargo, la recepcionista de nuestra guesthouse nos ha advertido de que la temporada había terminado y estaría todo cerrado. Tampoco es buen momento para ir a la jungla de Taman Negara a causa de la lluvia (y de las sanguijuelas), así que hemos decidido avanzar nuestra entrada a Tailandia y regresar más adelante a Malasia, de camino a Indonesia.

La foto: típico puesto de comida callejera en Jalan Alor, con los populares satay (brochetas) de carne o de marisco.

Día 48: Kuala Lumpur, Malasia

© 2014 Miss Fogg

Segundo día en KL.

Lo mejor: cenar en los puestos callejeros de la popular calle Jalan Alor, un bullicioso centro culinario nocturno al aire libre.

Lo peor: ver en un bar de copas la derrota del Barça frente al Madrid. La calle, repleta de pubs, podría pertenecer a cualquier ciudad europea, llena de occidentales bebiendo cerveza, si no fuera por los niños pequeños vendiendo rosas y las prostitutas nigerianas o tailandesas.

La foto: la entrada a las Cuevas de Batu. Custodiadas por la estatua de Lord Murugan -el dios de la guerra- más alta del mundo (42,7 metros), constituyen uno de los santuarios hindúes más populares fuera de la India. Nada más llegar, hemos presenciado como un fiel acudía a las cuevas rodando -rapado y con vestido tradicional-, levantándose solo al llegar al pie de los 282 escalones que conducen a la gigantesca cueva principal. Ya arriba, nos hemos visto rodeados de monos, esculturas de dioses y devotos hindúes descalzos y en sus mejores galas. De pronto, ha aparecido un grupo de mujeres con flores blancas en el pelo portando en los hombros unos troncos de los que colgaban unas telas amarillas. Al llegar al templo, ante nuestra sorpresa, han desenrollado las telas y dentro había… ¡bebés! Bebés muy pequeños con la cabeza pintada de dorado. Los han depositado en un altar sagrado rodeados de velas, ritual que hemos interpretado como una versión hindú del bautismo.

 

Día 47: Kuala Lumpur, Malasia

© 2014 Miss Fogg

Kuala Lumpur, ciberciudad asiática con rascacielos, monoraíles y centros comerciales futuristas, es nuestra puerta de entrada al sudeste asiático. Hoy hemos sabido que Malasia fue portuguesa, holandesa y británica antes de ser independiente. No deja de ser curioso, tratándose de un país musulmán con habitantes de origen chino y gran cantidad de influencias indias.

Lo mejor: los niños chapoteando en las piscinas del City Centre Park, detrás de las Torres Petronas. De buena gana me habría tirado de cabeza, aunque también ha sido agradable atravesarlas caminando (son muy poco profundas) para bajar un poco la temperatura del cuerpo.

Lo peor: la humedad. Cuesta acostumbrarse a esta pegajosa humedad; hoy era del 90%.

La foto: las famosas Torres Petronas. Con 452 metros de altura y 88 pisos, son las torres gemelas más altas del mundo y fueron también los edificios más altos entre 1998 y 2003, aunque actualmente han quedado relegadas a la novena posición. En directo son sorprendentemente bonitas, tanto de día -con su resplandeciente acero y vidrio-, como de noche -con su elegante iluminación-.