Perú

Día 237: Titicaca, Perú

© 2015 Miss Fogg

Tercera y última parada en el lago Titicaca: Taquile. En esta isla cercana a la de Amantaní también hablan quechua, y tienen vestimentas parecidas a las de sus vecinos, especialmente las señoras.

Lo mejor: escabullirnos del guía que nos han asignado y recorrer la tranquila Taquile a nuestro aire. 

Lo peor: pasar nuestro último día en Perú. El país nos ha enamorado: su cultura, su gastronomía, su historia, sus paisajes, sus gentes… Lo tiene todo. Y lo echaremos mucho de menos.

La foto: niñas en uniforme escolar corriendo hacia el colegio. Nos contaban que llegaban tarde a clase de educación física. 


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Día 236: Titicaca, Perú

© 2015 Miss Fogg

Segunda parada: Amantaní. Es la isla peruana más grande del Titicaca y está habitada por una comunidad de campesinos cuyo idioma es el quechua (no el aymara, como en los Uros).

Lo mejor: alojarnos en casa de Dionisio y Damiana, una pareja entrañable de la comunidad Ocosuyo. Nos han acogido en su bonita casa construida por el mismo Dionisio y han compartido con nosotros los deliciosos platos cocinados por Damiana.

Lo peor: los niños que piden soles. Mientras subíamos a los puntos más altos de la isla (Pachamama y Pachatata) para disfrutar de la puesta de sol, nos hemos cruzado con más de un niño pidiendo soles alegremente, como quien pide caramelos. Y la culpa, una vez más, es de los turistas: con pequeños gestos que ellos consideran inocentes no hacen otra cosa que corromper a los niños.

La foto: Dionisio regresando a casa, con el Titicaca de fondo. Desde nuestra habitación del primer piso teníamos unas vistas fabulosas del lago.


Día 235: Titicaca, Perú

© 2015 Miss Fogg

Nos adentramos en el inmenso lago Titicaca (“Puma de Piedra”, en quechua) en busca de sus islas. Primera parada: Uros, las islas flotantes. Se trata de un archipiélago compuesto por más de cuarenta islas artificiales habitadas por los uros, los descendientes de una de las culturas más antiguas de Sudamérica. Este pueblo aymara huyó hace siglos del asedio inca y se refugió en el Titicaca, donde construyó sus islas flotantes, sus embarcaciones y sus casas a partir de la planta de totora.

Lo mejor: visitar tres islas flotantes muy distintas entre sí. La primera era puramente turística, y dudo mucho que los uros vivan realmente en ella. La segunda también era algo turísitica, estaba muy cuidada y en ella sí que viven uros. La tercera estaba muy aislada, apenas le llega el turismo y era mucho más humilde.

Lo peor: no tener tiempo de visitar las chulpas de Sillustani (unas tumbas pre-incas) antes de adentrarnos en el Titicaca. Me hacía gracia porque aparecen en Tintín en el Templo del Sol, pero han resultado estar más lejos de lo que pensábamos.

La foto: familia de uros desplazándose en su balsa de totora. Los traslados de una isla a otra son constantes y necesarios. La escuela, por ejemplo, tiene su propia isla.

 

Día 234: Puno, Perú

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La ciudad de Puno no tiene especial interés, más allá de ser la puerta de entrada al lago Titicaca.

Lo mejor: tener un idioma común. Viendo las limitaciones del resto de occidentales a la hora de intentar comunicarse con los locales, valoramos más que nunca poder conversar con todo el mundo. Cuando entiendes y te entienden, todo se vuelve muchísimo más sencillo.

Lo peor: la propaganda política. Básicamente, consiste en inundar de grafitis los muros y las casas de pueblos y ciudades a favor del candidato de turno. 

La foto: puesto de patatas en el mercado de Puno. Perú es el país con mayor diversidad de “papas” del mundo, con ocho especies nativas domesticadas hace miles de años (pues en un inicio no eran comestibles). De ellas surgen 2.300 de las 4.000 variedades de patatas que existen en Latinoamérica.

 

Día 233: Puno, Perú

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Y llegamos a Puno, a orillas del famoso Titicaca, el lago navegable más alto que existe. Situado en la cordillera de los Andes a caballo entre Perú y Bolivia, es también el lago a gran altitud (3.812 metros) más grande del mundo (8.562 km²).

Lo mejor: el bombín que lucen las mujeres indígenas de Puno. A veces es tan pequeño que lo llevan pegado a un lado de la cabeza. Me encanta. 

Lo peor: Juliaca, una ciudad tan fea como polvorienta. La hemos atravesado (o más bien hemos rebotado a través de ella, porque no está asfaltada) y no sé si era peor lo de dentro o lo de fuera del bus. Dentro: un charlatán muy insistente que vendía remedios milagrosos para todas las dolencias del mundo. Fuera: la misma pintada, una y otra vez, en los muros ruinosos de Juliaca; “mujeres jamás al poder”.

La foto: este desfile infantil nos dio la bienvenida nada más poner los pies en Puno. 


Día 232: Las Salinas, Perú

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En la Reserva Nacional Salinas y Aguada Blanca hay gran diversidad de animales. Hemos alcanzado a ver algunos flamencos y el trío de camélidos (llamas, alpacas y vicuñas).

Lo mejor: la moda de poner nombres “originales” a los locales peruanos. Si te apetece un zumo puedes ir a “De fruta madre”. Para comprar el pan no puede haber otro mejor que el de “Pantástico”. Si es café lo que quieres tranquilo, porque tienes “Inca…fé”. Y lo mejor para el final: una buena pizza en “Machu Pizza”. 

Lo peor: la impuntualidad. Es una costumbre bastante extendida aquí.

La foto: alpacas pastando tranquilamente. La alpaca es una especie domesticada hace miles de años que deriva principalmente de la vicuña salvaje y, en menor medida, de la llama.

 

Día 231: Cañón del Colca, Perú

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Misón cumplida; hemos conseguido esquivar a los turistas. La gran mayoría duerme en un lugar llamado Chivay, pero nosotros hemos pasado la noche en Cabanaconde, un pueblo cercano a la Cruz del Cóndor rodeado de miradores al cañón del Colca.

Lo mejor: ser los primeros en llegar a la Cruz del Cóndor, el mejor lugar del mundo para ver el vuelo del cóndor andino. El día no podía ser más propicio para que salieran a planear: el sol brillaba y calentaba el aire. Los primeros en salir a bailar al son de las corrientes han sido los cóndores adultos, con sus plumas negras y blancas. Media hora después han salido del nido los jóvenes, también enormes pero con sus plumas aún marrones. El espectáculo ha sido majestuoso.

Lo peor: ver águilas atadas con cuerdas. Es muy triste ver cómo privan a estos preciosos animales de su libertad para poder estar a disposición de los turistas que, por una ridícula foto, fomentan su caza. A cambio de un mísero sol (0,33 euros), los inconsientes muestran su poco respeto hacia el animal poniéndoselo en la cabeza mientras mueve las alas para la cámara. 

La foto: macho adulto de cóndor andino. Se le distingue de los jóvenes por las plumas blancas alrededor del cuello y en la parte superior de las alas, y de las hembras por la cresta y los pliegues en cara y cuello. Son aves carroñeras gigantes; los machos llegan a medir más de tres metros de envergadura y casi metro y medio de altura.

 

Día 230: Cañón del Colca, Perú

 

© 2015 Miss Fogg

Con 4,150 metros, el Colca es el segundo cañón más profundo del mundo, solo superado por su vecino; el Cotahuasi. La palabra ‘Colca’ proviene de la unión de las palabras Collaguas y Cabanas, dos etnias que habitan la zona y que dieron nombre tanto al cañón como al río que discurre por él.

Lo mejor: ver vicuñas salvajes de cerca. Son más pequeñas y esbeltas que las llamas y las alpacas y, contrariamente a ellas, no son animales domésticos. La fibra de su lana se encuentra entre las más finas del mundo, lo cual estuvo a punto de suponer su perdición. La caza indiscriminada llevó a las vicuñas, hace unos años, al borde de la extinción. Afortunadamente, hoy es una especie protegida.

Lo peor: no poder fotografiar a las mujeres. En esta zona llevan unos vestidos preciosos que parecen de otros siglo, pero todas piden dinero a cambio. De hecho, es algo común entre las mujeres indígenas de Perú con lo que no nos habíamos topado hasta ahora. Pero nosotros no pagamos por hacer fotos.

La foto: uno de los espectaculares paisajes que se suceden durante el largo trayecto hasta llegar al Colca.

 

Día 229: Arequipa, Perú

 

© 2015 Miss Fogg

El centro de la ‘Ciudad Blanca’ es un lugar muy agradable, lleno de monumentos y casas coloniales.

Lo mejor: topar con Yolanda. Esta chica tan espabilada nos ha organizado una visita al Cañón del Colca alternativa a un precio excelente. Y no ha sido fácil: aquí lo alternativo no es lo barato.

Lo peor: o, más bien, lo más curioso: los malentendidos provocados por palabras con significados distintos a los nuestros. Diccionario peruano-español: ‘de repente’ = ‘quizás’, ‘grifo’ = ‘gasolinera’, ‘caño’ = ‘grifo’, ‘cancelar’ = ‘pagar’, ‘cholo’ = ‘moreno de piel’, ‘ya’ = ‘de nada’, ‘aumentar’ = ‘rellenar’, ‘parrilla’ = ‘baca’, ‘llanta’ = ‘neumático’, ‘pata’ = ‘señor’, ‘tacho’ = ‘papelera’, ‘playa’ = ‘parking’.

La foto: convento de Santa Catalina. Fue construido en 1579 como una pequeña ciudad en la que 450 monjas de clausura han vivido completamente apartadas del mundo. Es un lugar mágico lleno de rincones iluminados con lámparas, de callejones con flores y nombres de ciudades andaluzas, de paredes pintadas de ocre y azul, y de claustros frescos llenos de árboles y de pájaros. El monasterio mide unos veinte mil metros cuadrados que esconden siglos de secretos.

 

Día 228: Arequipa, Perú

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Arequipa fue fundada en 1540 bajo el nombre de “Villa Hermosa de Nuestra Señora de la Asunta”. Obviamente, no tardaron en cambiarle el nombre.

Lo mejor: encontrar un hotelito fantástico frente al convento de Santa Catalina, cerca de una panadería francesa en la que desayunaremos cada día.

Lo peor: la situación entorno al proyecto minero Tía María. Hoy ha habido manifestaciones antimineras en toda la provincia y la represión policial ha dejado un muerto y varios heridos.

La foto: basílica catedral de Arequipa, en la plaza de Armas. Desde 1540 ha tenido que ser reconstruida en multitud de ocasiones a causa de terremotos e incendios.

 

Día 227: Valle Sagrado, Perú

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Esta noche dejaremos atrás a los incas, con sus valles, sus montañas, sus caminos y sus piedras. Viajaremos en bus nocturno hacia nuestro próximo destino: Arequipa.

Lo mejor: los restos arqueológicos de Moray. Lo que a primera vista parece un anfiteatro de césped, en realidad son unas terrazas que los incas dispusieron en círculos concéntricos. Se cree que fue un centro de investigación agrícola; las terrazas interiores tienen temperaturas más altas que se reducen gradualmente hacia el exterior, a medida que los círculos crecen y se sitúan a más altura. De esta forma, en una zona relativamente reducida los incas podían simular hasta veinte tipos diferentes de microclimas, posibilitando una mayor adecuación de sus cultivos.

Lo peor: no tener espacio en la mochila. La sal de Maras es uno de los recuerdos que nos habríamos llevado en un viaje más convencional.

La foto: salineras de Maras. Las minas de sal del cerro Qaqawiñay están compuestas por unas 4.500 pozas de agua salada. De ellas se extrae la preciada y sabrosa sal de Maras, cuyos granos rosados, gruesos y rústicos no pasan por un proceso de refinación, sino que se obtienen por evaporación solar.

Día 226: Valle Sagrado, Perú

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La primera vez que visitamos el Valle Sagrado de los Incas dejamos algunas visitas para más adelante. Ha llegado el momento de salir de Cuzco.

Lo mejor: las ruinas incas de Chincheros. No esperábamos mucho de ellas y nos han sorprendido gratamente, con sus muros, sus terrazas, su iglesia… De hecho hemos entrado a la iglesia por casualidad, y nos hemos maravillado ante las espectaculares pinturas que cubren sus paredes y sus techos de madera. También hemos podido conversar con las vendedoras, ataviadas en sus bonitos vestidos rojos, y hemos jugado con unas llamas muy simpáticas. Ver correr a un bebé llama (a base de saltitos) es una de las cosas más adorables que he visto en este mundo.

Lo peor: no saber en qué día estamos. Hemos llegado a Chincheros pensando que era domingo y habría mercado pero ha resultado ser cualquier otro día de la semana. Así que ni rastro de la feria artesanal ni de su antiguo sistema de trueque.

La foto: nevado Verónica. Con sus 5.682 metros, es una de las principales montañas de la cordillera Urubamba, en los Andes. Se la conoce también como Wakaywillque y para mi es una de las más impresionantes por el contraste que provoca con el entorno.

 

Día 225: Cuzco, Perú

© 2015 Miss Fogg

Último día en Cuzco.

Lo mejor: los deliciosos zumos de fruta del mercado de San Pedro.

Lo peor: la pobreza entre las comunidades indígenas. Nos entristece especialmente la gran cantidad de mujeres muy mayores que deambulan descalzas por las calles con grandes fardos en la espalda, con los pies destrozados, las manos llenas de llagas y la cara agrietada.

La foto: vendedora en una de las calles alrededor del mercado central. Allí es donde se halla el verdadero mercado y donde tiene lugar toda la acción. Los callejones bulliciosos están llenos de mujeres comprando y vendiendo a todas horas, ataviadas en sus coloridos vestidos y sus grandes sombreros. La carne es el producto estrella.

 

Día 224: Cuzco, Perú

© 2015 Miss Fogg

Sabemos que en algún momento tendremos que seguir nuestro viaje, pero estamos tan a gusto en Cuzco…

Lo mejor: pasear por el centro histórico sin rumbo, recorrer las calles estrechas, empinadas y retorcidas de San Blas y descubrir rincones alejados de las rutas más turísticas.

Lo peor: los impactos del turismo. Como siempre, lo estropea todo: los precios suben, los timadores aparecen, los comerciales asedian y, a menudo, lo tradicional se evapora.

La foto: ejemplo de calle empedrada en San Blas, barrio antiguo y corazón del centro histórico de Cuzco. Conocido en el pasado como el barrio de los artesanos, es un lugar encantador hecho de piedra y lleno de casas coloniales atrapadas en el tiempo.