ASIA

Día 151: Lombok, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Último día en Lombok, en Indonesia y en Asia. Último día de regateos, de perdernos en moto y de vivir como reyes por poco dinero. Mañana volamos a Darwin, Australia.

Lo mejor: asistir a un presean. Este antiguo y violento arte marcial recrea la leyenda de una princesa que, antes de ver a sus dos pretendientes luchar por ella, decidió quitarse la vida. Dos hombres vestidos únicamente con un sarong se enfrentan en un círculo de arena. Se atacan con palos (penjalin) y se defienden con escudos (ende). Esta lucha es símbolo de masculinidad en Lombok y se utiliza para invocar a las lluvias (cuanta más sangre, más agua).

Lo peor: el trabajo desigual entre hombres y mujeres. Tras haber pasado unos meses en el sudeste asiático me atrevo a pronunciarme sobre este tema. Demasiadas veces hemos presenciado grupos de hombres bebiendo, fumando, comiendo, jugando, durmiendo, charlando o simplemente no haciendo nada al lado de mujeres que trabajaban muy duramente. Si no fuera por las mujeres, no sé qué sería de estos países.

La foto: ceremonia funeraria musulmana. Los hombres transportan el cuerpo del difunto hasta el cementerio por la carretera. Según la religión islámica, la muerte es el comienzo de la verdadera existencia.

 

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Día 150: Lombok, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Ayer visitamos el interior, hoy recorremos la costa.

Lo mejor: las playas. Tanjung Aan, con su agua turquesa y sus bailes de cangrejos. Mawi, con sus grandes olas y los surfistas intentando atraparlas. Y mi favorita, Mawun, sola para nosotros, con su agua azul intenso y sus montes verdes rodeándola.

Lo peor: los grupos de hombres que cobran la entrada o el aparcamiento en las playas. Habríamos buscado otro lugar en el que dejar la moto, si no hubiéramos leído la noche anterior historias de motos desaparecidas, amenazas y multas de diez millones de rupias. No resulta difícil imaginar quién está detrás de los robos de estas motos que, milagrosamente, reaparecen al cabo de unos días.

La foto: otra maravillosa puesta de sol. Y me temo que la última que veremos en Asia en bastante tiempo.

 

Día 149: Lombok, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Visitamos el interior de la isla.

Lo mejor: el color verde. Hoy hemos visto todas las tonalidades que existen en la tierra.

Lo peor: los niños vendiendo pulseras. Pensábamos que evitando el sur de Bali nos ahorraríamos ver los efectos negativos del turismo.

La foto: mujeres trabajando en el campo (y haciendo una pausa para saludarnos). Lo que en Bali eran terrazas, en Lombok son valles.

 

Día 148: Lombok, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Lombok es la quinta isla que visitamos en Indonesia (de entre sus más de 17.000) y la última parada en Asia antes de saltar a Oceanía.

Lo mejor: los niños, con sus uniformes escolares blancos y granates. Nos saludan alegremente y corren tras nuestra moto.

Lo peor: la gran cantidad de fumadores. En Indonesia el tabaco es muy barato así que son muchos los hombres (y algún que otro niño) que fuman a todas horas.

La foto: poblado Sasak. Esta tribu indígena ha preservado durante siglos sus antiguas costumbres y estilo de vida tradicional. Tampoco ha cambiado la forma de construir sus casas, a base de barro y hojas secas.

Día 147: Gili Meno, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

¿Cuantos días llevamos aquí? Creo que estamos empezando a perder la cuenta.

Lo mejor: tumbarse en la hamaca. Y dejarse mecer. Y escuchar el mar. Y no hacer nada.

Lo peor: el tiempo. Está loco. Cuando hay sol el agua es clara, pero entonces aparecen nubes y pierdes visibilidad. Y de pronto se oyen unos truenos terribles y toca correr, porque habrá tormenta eléctrica.

La foto: por fin, ¡la tortuga! Ha aparecido de la nada, enorme y solemne. Hemos nadado juntas un rato hasta que ha emergido para aspirar una última bocanada de aire antes de desaparecer en las profundidades. Y una vez hemos sabido cómo encontrarlas, hemos podido nadar con más tortugas, grandes y pequeñas.

 

Día 146: Gili Meno, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Seguimos en nuestro pequeño paraíso. Y seguimos sin rastro de las tortugas.

Lo mejor: las cenas a la luz de las velas. Los cortes de luz son muy frecuentes, así que siempre acabamos cenando a oscuras, acompañados por el sonido del mar y el de guitarra.

Lo peor: la gran cantidad de coral muerto en algunas playas. ¿La causa? La pesca con dinamita. Esta práctica ilegal y brutal destroza el entorno marino y aniquila el esqueleto de carbonato cálcico del coral, imposibilitando la recuperación de las zonas afectadas para siempre. Y sin coral no hay vida.

La foto: puesta de sol sobre Gili Trawangan, la mayor y más concurrida de las islas Gili.

 

Día 145: Gili Meno, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Las Gili son tres pequeñas islas al noroeste de Lombok en las que no existe transporte motorizado. Hemos escogido a la hermana menor, Gili Meno, por ser la más tranquila y solitaria.

Lo mejor: rodear toda la isla por la playa sin cruzarnos prácticamente con nadie.

Lo peor: no ver tortugas marinas. Hemos visto preciosos corales y peces de colores pero no hemos tenido suerte con las tortugas. Mañana volveremos a intentarlo.

La foto: es muy divertido observar cómo miles de peces comen, se persiguen, se dejan llevar por la corriente o se esconden.

Día 144: Bali, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Último día de ruta por Bali, una isla que te seduce con sus paisajes, su gente y sus secretos.

Lo mejor: ser acogidos por una familia hindú en plena celebración de la muerte de sus familiares. Eran más de veinte miembros de todas las edades sentados en el campo, al lado de las tumbas, y nos regalaban más fruta de la que podíamos comer y sostener. Desde Iran y Laos que no sentíamos tanto calor. Tres culturas y religiones muy diferentes pero con algo en común que en occidente parece que hace tiempo hemos olvidado.

Lo peor: tener que ir esquivando a decenas de perros mientras conduces. Están siempre en medio: cruzando la carretera, lamiéndose en la carretera, procreando en la carretera, echando siestas en la carretera…

La foto: Tirtha Empul (‘Arrollo claro como el cristal’). Los hindúes acuden a este templo sagrado para purificarse mediante una serie de rituales alrededor de las fuentes de agua bendita. Haz clic aquí para ver la serie fotográfica completa.

 

Día 143: Bali, Indonesia

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Estamos en el norte de Bali. La arena de las playas es negra por la proximidad de los volcanes Agung y Kintamani.

Lo mejor: hacer snorkeling en Tulamben, donde a pocos metros de la costa hay un barco americano hundido. El USS Liberty fue torpedeado por los japoneses en 1942, durante la segunda guerra mundial. Hoy está lleno de coral y se ha convertido en el hogar de miles de peces de colores.

Lo peor: subir en cuestión de minutos desde la playa hasta el volcán Kintamani en chanclas, bañador y pantalón corto. En pocos kilómetros, las temperaturas caen en picado y parece que estés en otro país.

La foto: el famoso Pura Besakih (‘Templo Madre’). Se trata del más grande y sagrado de la conocida como “la isla de los diez mil templos” (hay uno en cada esquina). Besakih está compuesto por 22 santuarios diferentes, y es el lugar donde los hindúes creen que se alojan los dioses cuando descienden a la tierra.

 

Día 142: Bali, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Segundo día de ruta por Bali.

Lo mejor: cómo se reducen los gastos cuando vas en moto. El alquiler cuesta 50.000 rupias diarias y la gasolina 15.000. El total diario no llega a 5 euros.

Lo peor: las gigantescas telas de araña que cubren árboles enteros. En algunos lugares tienen plagas con decenas de arañas enormes en cada maraña de telas. Es bastante escalofriante.

La foto: hindúes con vestimentas tradicionales. Al contrario que el resto de Indonesia, que es musulmana, Bali es hinduista. Allá donde mires hay muestras de que aquí la religión es algo muy presente en la vida cotidiana.

Día 141: Bali, Indonesia

 © 2015 Miss Fogg

Hemos alquilado una moto para poder explorar la isla a nuestro ritmo durante unos días. Y, como siempre cuando conseguimos vehículo propio, ha sucedido la magia.

Una fuerte lluvia nos ha cogido desprevenidos en medio de un pueblo y no hemos podido seguir. Nos hemos refugiado donde hemos podido, bajo un toldo, mientras la calle se iba inundando. Estaba oscureciendo, comenzaba a hacer frío y parecía que tendríamos que pasar la noche allí, mojados y al raso. Hasta que ha aparecido un ángel.

Un ángel llamado Dewi. Con una gran sonrisa, Dewi nos ha acogido en su humilde casa. Hemos compartido fruta y pastas con toda su familia: su marido Angge, su pequeña Andin, sus suegros, sus cuñados y su sobrino. Viven allí todos juntos.

Viendo que la lluvia no cesaba, nos han invitado a cenar un delicioso nasi goreng. Para ellos era un día especial, pues esa noche había una importante celebración. Una compañía había llegado a Muncan (el pueblo) para representar el Calonarang, una obra de teatro balinés con baile (en la foto) sobre una reina legendaria que practicaba magia negra. Se han vestido todos con su impecable ropa tradicional (con el blanco como color predominante) y nos han vestido a nosotros también con un sarong para que asistamos con ellos. Cuando ha terminado el baile, nos han cedido una pequeña habitación donde pasar la noche.

Escribo este post por la mañana. Cuando nos despertamos, tenemos el desayuno listo, por supuesto. A la hora de irnos queremos agradecerles e intentar compensarles por todas las molestias, pero de ninguna manera quieren aceptar nuestro dinero. Tras mucho insistir, Dewi responde tranquilamente, con su sonrisa de siempre: “No, because you are my friends”.

Día 140: Bali, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

¡Estamos en Bali! Pero ¿cómo ha logrado una isla a la que muchos no sabrían ubicar en el mapa convertirse en un icono tan famoso?

Lo mejor: volver a tener piscina. Aunque el hotel (en Ubud) está en pleno Bosque de los monos, así que tenemos que estar vigilando constantemente que macacos hiperactivos no nos roben nuestras cosas.

Lo peor: los wifis de Indonesia. Son los más lamentables con los que nos hemos topado hasta ahora.

La foto: Bali es verde y exuberante. En cuanto te alejas un poco de las ciudades comienza el espectáculo.

Día 139: Kawah Ijen, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Última parada en Java antes de saltar a Bali.

Lo mejor: presenciar de cerca un rarísimo fenómeno llamado ‘fuego azul’. Salir del hotel a las doce de la noche. Comenzar a ascender el volcán Kawah Ijen a las dos de la madrugada. Descender por el interior del cráter a las cuatro. Y ser recibidos por un hipnótico fuego azul. En Ijen el gas sulfuroso emerge a altísimas temperaturas y, al entrar en contacto con el aire, produce unas llamas azules de hasta cinco metros que solo pueden verse de noche. El fuego azul de Ijen en el más extenso que se conoce en el mundo.

Lo peor: las condiciones de trabajo de los mineros de azufre. Cada noche, recorren el mismo camino que hoy hemos recorrido nosotros hasta el fondo del cráter, allí donde el gas sulfuroso se solidifica. Envueltos en un infierno de gases extremadamente tóxicos, sin máscaras, los mineros rompen grandes rocas amarillas de azufre y las cargan dentro de dos cestos de bambú. Con entre setenta y cien kilos sobre los hombros, ascienden por un durísimo, resbaladizo y peligroso camino hasta la cima del cráter. Luego, aún les queda por delante un largo descenso hasta la base del volcán, donde cargan las rocas en un camión. Realizan este proceso dos veces al día, a veces incluso tres. Trabajan a peso, por su cuenta, sin equipamiento ni protección. Una empresa china les paga 680 rupias (cinco céntimos de euro) por cada kilo. El azufre se procesa para su uso en cosméticos, insecticidas, cerillas, fuegos artificiales, dinamita y hasta para blanquear el azúcar. Los mineros, todos hombres, sufren serios problemas respiratorios, artrosis, dolores, llagas y tremendas malformaciones en la espalda. Su esperanza de vida es corta. Estamos ante uno de los trabajos más duros de la tierra.

La foto: minero con los cestos vacíos a punto de iniciar su segundo descenso al cráter. En el fondo, el lago turquesa de Kawah Ijen. Con un PH inferior a 0,5 provocado por el ácido sulfúrico, se trata del lago ácido más grande del mundo.

Día 138: Bromo, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Últimos días en Java, tierra de volcanes.

Lo mejor: cruzar el gigantesco Mar de Arena. La mayoría lo hace en jeep, en moto o a caballo para poder llegar rápidamente al cráter, pero nosotros hemos querido hacerlo a pie. Nos hemos sentido como dos granitos de arena atravesando un inmenso desierto lunar. Porque entre la bruma, el silencio, el viento, la arena y las dunas, acabas por dudar si estás en la Tierra. Se trata de uno de los pocos mares de arena que hay en el mundo a esta altura.

Lo peor: despertarnos a las 2:30h de la mañana. Y encima tener que estar esquivando a los controles para no pagar el desorbitado precio de la entrada.

La foto: vista desde el alto de Gunung Penanjakan, a 2.770 metros. Subir la montaña a oscuras durante dos horas ha puesto a prueba nuestra forma física, pero arriba nos esperaba el amanecer más impresionante que hemos visto nunca. El pequeño y humeante escondido por la niebla es el Bromo, el bonito cono en primer plano es el Batok, el alto del fondo es el Semeru y lo que queda cubierto por el manto de niebla es el Mar de Arena.