EUROPA

Día 18: Van, Turquía


018 Van 2

© 2014 Miss Fogg

Si todo va bien, mañana llegaremos a Teherán.

Lo mejor: contar con la ayuda del simpático Harun, gerente del hotel en el que nos hemos alojado. Al parecer ya no había plazas en el tren para ir a Teherán, pero Harun a hecho una llamada a “my friend” y hemos conseguido un par de camas en primera clase.

Lo peor: la angustia de no saber si conseguiríamos o no billetes (el próximo tren no pasa hasta dentro de una semana), de que nos pongan algún problema en la frontera, de pensar en las 20 horas de tren que nos quedan por delante…

La foto: los preciados visados. No han sido fáciles (ni baratos) de conseguir, pero comparado con otros que han necesitado 3 meses para tramitarlos, creo que no nos ha ido tan mal. El anciano del consulado de Estambul casi se emocionó cuando vio que me había puesto un velo para hacerme la foto.

 

Anuncios

Día 17: Van, Turquía

© 2014 Miss Fogg

¡Ya estamos en Van!

Lo mejor: subir a un autobús público cualquiera para intentar llegar al hotel de Van y vernos rodeados de amabilidad y curiosidad. Las mujeres han insistido en que me siente con ellas en la parte delantera y los hombres querían hablar con Oriol en la parte trasera. Nadie sabía una sola palabra en inglés, pero era suficiente una sonrisa para recibir diez a cambio. Se han volcado en ayudarnos a encontrar el hotel y sospechamos que el bus se ha desviado para poder dejarnos en la puerta. A la hora de pagar les ha hecho mucha gracia que lo hiciera yo y no Oriol.

Lo peor: todo el resto. El viaje hasta Van ha sido un suplicio: el bus ha llegado tarde, en la estación había gente rarita, el revisor ha intentado volver a cobrarnos, en las gasolineras había que pagar por ir a un agujero infecto que ellos llaman baño, el sol del desierto ha sido implacable… Y, después de 15 interminables horas, al llegar a Van hemos querido comprar el billete de tren hacia Teherán pero hemos topado con una estación fantasma (creo que por culpa de un terremoto). Al final, en un rincón entre las ruinas hemos descubierto un barracón minúsculo con dos tipos que, por supuesto, no hablaban inglés: y hasta mañana no sabremos si podemos coger el tren, que solo pasa una vez por semana (¡los jueves!).

La foto: cada vez más cerca de Irán y yo sigo sin hacerme a la idea de que deberé ir siempre tapada.

 

Día 16: Capadocia, Turquía

© 2014 Miss Fogg

Ha llegado el momento de abandonar nuestra preciosa habitación para cruzar el país en bus hasta Van, cerca de la frontera con Irán. Y, como gran amante de los animales, les dedico el post de hoy.

Lo mejor: lo bien que tratan a los gatos. Al parecer, porque a Mahoma le encantaban. Cuenta una leyenda que Muezza, su gata favorita, se quedó dormida en sus brazos. Pero Mahoma prefirió cortar la manga de su túnica antes que despertar a su gata para salir. A su regreso, Muezza le agradeció el gesto con una inclinación de cabeza y el profeta, complacido, le concedió a ella y al resto de gatos el don de caer siempre de pie.

Lo peor: los tristes perros de la calle, que te siguen a la espera de una simple caricia o palabra bonita.

La foto: ‘Capadocia’ proviene del vocablo ‘Katpadukya’, que significa ‘Tierra de hermosos caballos’. Los caballos de la región cobraron fama por ser ofrecidos como regalo a los reyes de Asiria y Persia.

 

Día 15: Capadocia, Turquía

© 2014 Miss Fogg

Alquilar un coche no solo permite llegar a lugares lejanos, también movernos con mayor libertad y acceder a las zonas más escondidas.

Lo mejor: Derinkuyu, la Ciudad Subterránea más profunda de Capadocia. Se estiman unos 20 niveles (¡85 metros!), aunque de momento solo se han descubierto 8. La ciudad se construyó hace unos 3.500 años y tenía de todo: dormitorios, comedores, cocinas, almacenes, bodegas, cisternas, iglesias, establos, escuelas, depósitos de cadáveres, sistemas de iluminación… así como numerosos pozos de ventilación. Se calcula que diez mil personas y sus animales podían resistir bajo tierra durante largos periodos de tiempo en caso de emergencia. Además, durante una invasión era posible bloquear las entradas con grandes rocas circulares, a lo Indiana Jones. Recorrerla es tan claustrofóbico como increíble.

Lo peor: en un restaurante de Ürgup estaban tan contentos de que comiéramos allí que han sido excesivamente serviciales. Incluso han intentado cortarnos la comida a trocitos. Si no llegamos a pararles, quién sabe si nos los hubieran metido en la boca. Al terminar me han acompañado hasta el baño para que no me perdiera.

La foto: hoy hemos vuelto a ver Chimeneas de Hadas, pero esta vez con un punto más “mágico” que en anteriores ocasiones. En Pasabaglari, el Valle de los Monjes, alguien contaba la leyenda de que antiguamente convivían en Capadocia hadas y humanos. Hasta que un hombre y un hada se enamoraron, lo cual estaba prohibido por el bien y continuidad de ambas especies. Como castigo, las hadas fueron convertidas en palomas y los hombres fueron privados de la visión de las hadas. Desde entonces, los humanos cuidan de las palomas que viven en el interior de estas chimeneas.

 

Día 14: Capadocia, Turquía

© 2014 Miss Fogg

Y, por fin, llega el día.

Lo mejor: topar con una tortuga terrestre (¡y de considerable tamaño!) corriendo encima de una gran roca, a gran altura.

Lo peor: organizar el viaje para intentar entrar en Irán por tierra.

La foto: amanecer de cuento de hadas, con decenas de globos flotando juntos en el cielo.

 

Día 13: Capadocia, Turquía

© 2014 Miss Fogg

Suerte que llevamos buen calzado porque no hacemos otra cosa que caminar.

Lo mejor: conocer a Charlot y Yilmaz, una holandesa y un turco que se conocieron hace 11 años y que desde entonces viven en una cueva muy graciosa en un cañón del Valle Rosa. O el Rojo, no sabría decir dónde empieza uno y termina el otro.

Lo peor: caminar por el Valle de las Espadas con hambre y, sobre todo, bajo el sol implacable de mediodía.

La foto: panorámica de Çavuşin, un antiguo pueblo abandonado compuesto de casas excavadas en las rocas volcánicas. Subir hasta la cima no es fácil, pero la recompensa merece la pena: una espectacular iglesia del siglo V.

 

Día 12: Capadocia, Turquía

© 2014 Miss Fogg

Cada mañana nos despertamos pensando: “vamos Capadocia, ¿con qué vas a sorprendernos hoy?”. Y, a pesar de que vamos subiendo el listón para ponerla a prueba, de momento no nos ha defraudado.

Lo mejor: descubrir que Göreme y sus casa-cuevas de gnomos excavadas dentro de la roca, vista desde arriba, es una maravilla.

Lo peor: cambiar los planes porque el comandante jefe de los globos nos avise de que hoy habrá “heavy rain”. Ni una gota de momento.

La foto: Chimeneas de Hadas en el Valle de Görkündere, un caprichoso accidente geológico. Hace millones de años se acumularon cenizas y lavas que, al secarse, dejaron una capa de roca porosa la cual, protegida por una superior de basalto más resistente, el viento y el agua han ido esculpiendo.

 

Día 11: Capadocia, Turquía

© 2014 Miss Fogg

Hoy hemos salido de nuestra lujosa madriguera para descubrir este extraño lugar. Para algunos un paisaje lunar, para otros un cuento de hadas, pero sea como sea millones de años de erosión lo han convertido en un lugar único en el mundo.

Lo mejor: llegar al Museo al Aire Libre de Göreme -complejo compuesto por decenas de monasterios excavados en la roca- justo cuando abre y recorrerlo completamente solos, antes de que lleguen las hordas de turistas.

Lo peor: perdernos durante horas en el Valle de Zemi y tener que fabricar una nueva ruta a través de las rocas para poder salir. Y, encima, ser perseguidos por una manada de perros salvajes. Por suerte, llevábamos un palo para ahuyentarlos.

La foto: después de más de una hora caminando por un cañón, hemos alcanzado una posición elevada para obtener espectaculares vistas del Valle de Zemi. No tengo claro si en este punto ya estábamos perdidos o fue más adelante cuando nos liamos.

 

Día 10: Estambul-Capadocia, Turquía

© 2014 Miss Fogg

Ya en Capadocia! Estamos agotados por el viaje y llueve, así que hoy toca descanso.

Lo mejor: reservar una habitación baratita por Internet y que al llegar al hotel solo está disponible la “Queen’s Room”, una suite gigante con múltiples camas, teles e incluso jacuzzi. Errores de este tipo serán bienvenidos a lo largo del viaje.

Lo peor: el trayecto. Salir de casa en Estambul, subir con la mochila una cuesta muy empinada, metro hasta Taksim, shuttle bus hasta el aeropuerto Sabiha Gökçen (en honor a la primera mujer turca aviadora que, a los 23 años, se convirtió en la primera piloto de combate del mundo), colas y esperas, avión hasta Kayseri y minibus hasta nuestro hotel en Göreme.

La foto: como hoy toca descanso, publico la última foto tomada en Estambul, ya de noche. Se trata de la preciosa Mezquita Azul, la única de la ciudad con seis alminares y motivo por el cuál tuvo que construirse un séptimo en La Meca. Vista frontal de la cascada de cúpulas desde su gran patio interior (nos dejaron quedarnos unos minutos después de cerrar).

 

Día 9: Estambul, Turquía

© 2014 Miss Fogg

Último día en Istambul! Próximo destino: Capadocia.

Lo mejor: la amabilidad y las ganas de ayudar de muchos turcos (generalmente hombres). Como Tan, un chico de Estambul -que casualmente ha hecho un Erasmus en Madrid- y que hoy nos ha ayudado a encontrar el bus cuando más perdidos estábamos.

Lo peor: las distancias. Estambul, la ciudad mas poblada de Europa, es inabarcable. Y la cobertura de su metro (que resulta que mezcla también tranvía, metrobus, funicular y otros) es a menudo insuficiente.

La foto: hoy hemos visitado Eyüp, un barrio conservador musulmán fuera de las Murallas de Constantinopla. Eyüp proviene de Abu Ayyub al-Ansari, adalid del profeta Mahoma, en honor del cual se construyó esta mezquita en la que hemos presenciado una oración. La fotografía ha sido tomada desde la parte superior, zona reservada para las mujeres.

 .

Día 8: Estambul, Turquía

© 2014 Miss Fogg

“Estambul es un lugar en el que podría vivir”, me decía hoy Oriol.

Lo mejor: la mezquita imperial otomana de Süleymaniye. A pesar de ser la más grande de la ciudad, hay muchos menos turistas que en Hagia Sophia o Sultán Ahmed (y, consecuentemente, menos olor a pies).

Lo peor: niños muy pequeños pidiendo limosna o jugando entre ruinas, escombros y vigas oxidadas en los barrios marginales que hay alrededor de Süleymaniye.

La foto: hoy hemos conocido el Palacio de Topkapi y su harem, el lugar donde vivían las esclavas capturadas en las guerras y convertidas en concubinas imperiales. Por esas pobres niñas y mujeres, he querido dedicar este post a las mujeres turcas de hoy.

 

Día 7: Estambul, Turquía

© 2014 Miss Fogg

Plaza Taksim, ferrys por el Bósforo y paseos nocturnos.

Lo mejor: el auténtico döner kebab. Tan sabroso que ya es adictivo.

Lo peor: los taksistas. Una subespecie que no solo no se digna a frenar cuando cruzas la calle, sino que acelera.

La foto: puesta de sol sobre Sultán Ahmed y Hagia Sophia desde Üsküdar, en el lado asiático de Estambul (separado geográficamente de Europa por el Estrecho del Bósforo).

 

Día 6: Estambul, Turquía

© 2014 Miss Fogg

Hoy hemos deambulado por Sultanahmet, uno de los barrios más antiguos de la ciudad de los minaretes, los gatos callejeros y los velos con vaqueros.

Lo mejor: las principales mezquitas de la ciudad: Hagia Sophia (Santa Sofía fue una antigua basílica patriarcal ortodoxa, posteriormente reconvertida en mezquita y actualmente en museo) y la Mezquita Azul (construida por el Sultán Ahmed frente a la anterior para competir con ella).

Lo peor: los turistas. Sus autocares, sus gorros, sus calcetines, sus selfies, los paraguas de sus guías y, por encima de todo, su abundancia.

La foto: la Cisterna de Yerebatán es la más grande de las cisternas subterráneas construidas en Estambul durante la época bizantina. Su objetivo: que la ciudad pudiera resistir durante un asedio en caso de ser destruido el Acueducto de Valente.