Día 19: Nueva Delhi

Nueva Delhi, la Capital
“You have to cover your skin!”

Lal Qila (Fuerte Rojo).

Tras desayunar en la terraza de la azotea del hotel, cogemos un tuc tuc hacia Lal Qila (“Fuerte Rojo”). La entrada cuesta 260 rupias, y la visita nos lleva un buen rato. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2007, fue encargado por Shah Jahan, el fundador de Shahjahanabad (y se comenzó a construir en 1638. Las almenas de arenisca roja son las que dan nombre a esta ciudad imperial, que fue la capital y sede del poder mogol hasta 1857 cuando el último emperador fue destronado y enviado al exilio.

Después, paseamos por Chadni Chowk (Plaza Plateada iluminada por la Luna) la que en su día fue la avenida más elegante de Shahjahanabad que de hecho fue fundada como Shahjahanabad. Fue construida en 1648 con un canal en su centro y lujosas tiendas y mansiones a los lados. Hoy sigue siendo el corazón de Vieja Delhi, donde conviven las actividades religiosas y comerciales.

Andamio en Chadni Chowk.

Atravesamos el Kinari Bazaar y, tranquilamente, nos dirigimos hacia Jama Masjid (“Mezquita del Viernes”), la mezquita más grande de la India. Tras un rato caminando, viendo que no acabamos de encontrar la Mezquita a pesar de su gigante tamaño, decidimos dar una segunda oportunidad a los rickshaw bici (la primera vez fue en Agra y no terminó demasiado bien) para hacer el último tramo y descansar un rato. Pero cuando llevamos diez metros recorridos, chocamos contra el coche de delante y yo me doy de bruces con el suelo. Furiosa, decido no coger nunca más una de esas bicis y seguir desplazándome sobre mis pies, un medio mucho más seguro. Y dejo al tipo plantado y con mi novio sin entender nada y teniendo que saltar para alcanzarme.

Jama Masjid (Mezquita del Viernes).

Tras descalzarnos y pagar 250 rupias por entrar y 50 por la cámara, oímos una voz que dice “You hace to cover your skin!” Y me obligan a enfundarme algo que estaría a medio camino entre una batamanta y la túnica de Harry Potter para taparme los hombros y las piernas, mientras Oriol se ríe de mi pinta. Pero deja de reírse cuando ve que a él también le dan un pareo igual de lamentable para taparse las piernas, no sea caso que alguien nos vea una rodilla (resulta evidente que es mucho más respetuoso ir ridículamente disfrazados). Esta majestuosa mezquita fue construida en 1656 por nuestro amigo Shah Jahan, responsable de todo lo que hemos visto en Delhi hasta el momento. Y le costó nada menos que un millón de rupias. Sus tres cúpulas blancas son de mármol, y los dos alminares gemelos flanquean el majestuoso arco central. El patio cuadrado es enorme, y en él pueden caber hasta 20.000 personas en las oraciones del viernes.

Tenemos apuntado que allí cerca se encuentra Karim’s, un histórico restaurante musulmán de Nueva Delhi, en el que comemos distintos platos de pollo la mar de buenos, acompañados por un pan riquísimo, todo por 330 rupias. Justo delante del restaurante se encuentra el lugar donde hacen el pan: nos asomamos y vemos como tres hombres trabajan en cadena, sin parar, atendiendo a las incesantes peticiones de pan de los clientes.

Restaurante Karim’s.

Con el estómago lleno, cogemos un tuc tuc y decidimos que la próxima parada sea Purana Quila (“Fuerte Viejo”), que no solo es el fuerte más antiguo de Delhi, sino la estructura más antigua de la capital. Sus murallas encierran la sexta ciudad de Delhi, Dinpanah, cuya construcción comenzó el Emperador Humayun hace más de 500 años. Creo que la entrada nos cuesta 100 rupias a cada uno, pero ahora no estoy segura al 100%, básicamente porque todas las entradas son iguales y al final del día no sé cual corresponde a qué lugar. El complejo es bastante grande y tranquilo, lo que nos permite dar un agradable paseo a pie viendo construcciones realmente antiguas.

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Nuestra última parada cultural del día será la Humayun ka Maqbara (“Tumba de Humayun”), entrada para la cual deberemos desembolsar, una vez más, 250 rupias cada uno. No digo que paguemos 10 rupias como ellos, pero que nuestra entrada cueste 25 veces la suya me parece algo excesivo, y nuestros bolsillos lo notan al final del día. El Complejo Nizamuddin, que agrupa la simétrica tumba del emperador Humayun junto con otras tumbas y mezquitas, es una de las necrópolis históricas de Delhi y fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1993. Considerado el primer gran exponente de un mausoleo mogol con jardín, se considera que fue inspiradora de monumentos como el Taj Mahal. Fue construida en 1560 por encargo Haji Begum, la viuda mayor del segundo emperador del Imperio mogol, Humayun, que también yace enterrada aquí junto al resto de esposas. Está construida con arenisca roja a la que se le añadieron detalles decorativos elaborados en mármol blanco y negro. Su estructura es octogonal y todas las fachadas son simétricas, así como el conjunto total del edificio.

Humayun ka Maqbara (Tumba de Humayun).

Cuando damos el lugar por visto, decidimos que ha llegado el momento de ir a casa. Cogemos un tuc tuc en la puerta y en unos minutos llegamos al hotel para apalancarnos gustosamente en nuestra fantástica cama mientras nuestros peces de alquiler reclaman su comida.

La tarde pasa volando y llega la hora de cenar. Tengo apuntados unos cuantos nombres de restaurantes en la Plaza Connaught, así que cogemos un tuc tuc que en poco rato nos deja en este inmenso complejo comercial de arcadas y columnas, construido en 1931 en honor del duque de Connaught. Comenzamos a dar vueltas, y realmente nos damos cuenta de que se trata de un lugar curioso y ecléctico, que mezcla tiendas lujosas con tiendas normales, restaurantes de distintos tipos, puestos callejeros, hombres de negocios, mendigos… Tras explorar el anillo central, Rajiv Chowk, sin encontrar ninguno de los restaurantes que buscamos, decidimos saltar al siguiente círculo, algo más oscuro y solitario y, evidentemente, aún mayor. Nos metemos en medio de unas obras y tardamos no se cuanto rato en salir.

Hombres en Plaza Connaught.

Cuando por fin regresamos a la luz del primer anillo, desistimos de encontrar alguno de los restaurantes y pasamos a buscar simplemente un sitio decente en el que comer. Pero sólo encontramos fast food internacionales o restaurantes de lujo. Así que, algo decepcionados cogemos un tuc tuc hacia nuestro querido Main Bazar, y optamos por cenar en un roof top llamado Satyam situado delante de nuestro hotel. Quizás es porque no estamos de humor, pero no acabamos de disfrutar la “tortilla española” sin patatas, ni tampoco la hamburguesa. Pagamos la cuenta de 345 rupias y nos vamos a dormir para afrontar nuestro último día en la india.

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