AMÉRICA

Día 335: Paraty, Brasil

© 2015 Miss Fogg

Último día en Brasil y en América antes de cruzar el Atlántico. Apuramos tanto nuestra llegada a São Paulo, desde donde sale nuestro avión, que no tendremos tiempo de conocerlo.

Lo mejor: estar entre semana. La mayoría de visitantes que recibe Paraty son brasileños de fin de semana, lo cual la deja relativamente vacía el resto de días. Cuando no hay turistas todo va mejor: paseas más relajado, no haces colas, puedes hacer fotos, puedes negociar los precios…

Lo peor: el precio de la fama. Los habitantes originales han vendido sus casas, revaluadas junto a la fama de Paraty, que han pasado a convertirse en restaurantes chic, tiendas de moda y posadas de categoría.

La foto: en los rincones más bonitos de Brasil nos hemos ido topando con novios posando para sus fotos de boda o parejas embarazadas en las posturas más empalagosas que se le ocurrían al fotógrafo de turno.

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Día 334: Paraty, Brasil

© 2015 Miss Fogg

Paraty es otra de las ciudades coloniales fundadas a raíz de la fiebre del oro en Minas Gerais. Pero, contrariamente a Ouro Preto o Tiradentes, se construyó una aldea costera con la finalidad de embarcar los tesoros dirección a Portugal. Durante años, los burros salieron desde Ouro Preto cargados de oro para recorrer por el Caminho Velho do Ouro los 1.200 kilómetros que la separan de Paraty. Cuando el oro se agotó, la ciudad permaneció escondida en una bahía durante años, silenciosa e intacta, para ofrecernos hoy un centro histórico mágico.

Lo mejor: perderse por sus preciosas calles, con sus casas coloniales perfectamente conservadas. Está prohibido por ley modificar la estructura exterior y la fachada de las casonas, con sus paredes blancas y los marcos sus puertas y ventanas de colores vivos azul marino, amarillo ocre y verde inglés.

Lo peor: el empedrado. Los desniveles aquí son tan exagerados que tienes que caminar muy concentrado mirando el suelo para no torcerte un tobillo. En cuanto te distraes y levantas la cabeza para admirar la ciudad (lo cual sucede a menudo)… ¡zas! tropiezo asegurado.

La foto: Paraty está rodeada de océano y ríos, y fue proyectada teniendo en cuenta el flujo de las mareas. Sus calles se inundan periodicamente porque así lo decidieron en el pasado: de esta forma las mareas limpiaban las calles, lugar donde antaño terminaban todos los desperdicios.

 

Día 333: Ilha Grande, Brasil

© 2015 Miss Fogg

Último día en Ilha Grande.

Lo mejor: descubrir, al fin, una playa desierta. Se trata de Santo Antonio, una cala pequeña y escondida cerca de la famosa Lopes Mendes.

Lo peor: dejar cosas por hacer; el amanecer desde el Pico do Papagaio, la Praia Dois Rios… Por mucho que nos pese no se puede ver todo.

La foto: postal de Santo Antonio. Hemos perseguido a pececitos de colores en sus aguas cristalinas, aunque algo frías para mi gusto (estamos en invierno).

 

Día 332: Ilha Grande, Brasil

© 2015 Miss Fogg

Hoy hemos cruzado el bosque para regresar a las bonitas playas del sur.

Lo mejor: los sonidos de la selva. Cuanto más nos adentramos, más oímos: monos aulladores, loros, zumbidos, crujidos…

Lo peor: los sonidos de los humanos. Nos hemos cruzado con más de un dominguero brasileño haciendo ese ruido tan horrible de garganta con mucosidad (desde Asia que no lo oíamos tanto) o caminando acompañados de altavoces para garantizar que todos oímos su patética música.

La foto: este pequeño tití y su familia son muy rápidos y curiosos; en seguida se han acercado a nosotros al oír el sonido del obturador de la cámara.

 

Día 331: Ilha Grande, Brasil

 © 2015 Miss Fogg

Hoy hemos ido a buscar las mejores playas de la isla; las del sur, las del lado oceánico. Su arena es más fina y su agua más cristalina que las del lado continental.

Lo mejor: Lopes Mendes. Es la playa más famosa de la isla y se la considera una de las más bonitas de Brasil. Tiene unos tres kilómetros de arena blanca, tan fina que parece harina.

Lo peor: que una especie de avispa loca se obsesione con Oriol, lo ataque y lo pique una y otra vez durante más de diez minutos. No había manera de que se fuera: incluso ha corrido doscientos metros y la avispa seguía persiguiéndole. Era tan rápida que no podía matarla. Ha sido muy frustrante.

La foto: tablas de surf en Lopes Mendes. La playa tiene poca profundidad, lo que permite que se formen olas largas perfectas para el surf.

 

Día 330: Ilha Grande, Brasil

© 2015 Miss Fogg

La isla es tan grande que la única forma de conocer sus playas más lejanas es contratando una lancha. Así que hoy no nos ha quedado otro remedio que hacer aquello que tanto odiamos: ir en grupo.

Lo mejor: conocer, por fin, unos argentinos que quieren a Messi. Nos hemos emocionado.

Lo peor: que todas las lanchas salgan a la vez y paren en las mismas playas. Es absurdo. Hemos intentado encontrar a alguien que saliera un poco antes o un poco después pero no ha habido manera. El resultado: estar en el paraíso rodeado de gente.

La foto: playa de Aventureiro, en la otra punta de la isla. Su peculiar palmera torcida es el símbolo de Ilha Grande.

 

Día 329: Ilha Grande, Brasil

© 2015 Miss Fogg

No podíamos irnos de Brasil sin conocer algunas de sus mejores playas, así que hemos decidido ir a pasar unos días a Ilha Grande. En el pasado fue un lugar de cuarentena, una colonia de leprosos y un presidio de alta seguridad, lo que permitió conservarla prácticamente virgen hasta hace poco. Hoy esta isla montañosa sigue prácticamente toda recubierta de densa vegetación, cuenta con a penas tres mil habitantes y solo seis coches (incluyendo una ambulancia y un tractor).

Lo mejor: descubrir, nada más llegar, un jardín lleno de colibrís. Eran tan rápidos que no hemos conseguido hacerles una foto con foco.

Lo peor: Abracinho. Es la única playa decente que teníamos tiempo de ver hoy, a más de media hora a pie de Abraão, el principal núcleo habitado de la isla. No nos ha parecido nada del otro mundo, así que habrá que ir más lejos mañana.

La foto: lo mejor de las islas son los amaneceres y atardeceres. Lástima que Abraão no esté bien situado para ninguno de los dos momentos y tengamos que subirnos a una barca para verlos.

Día 328: Tiradentes, Brasil

© 2015 Miss Fogg

La ciudad recibe el nombre en honor al odontólogo y activista político Joaquim José da Silva Xavier, apodado Tiradentes (“Sacamuelas”). Se le considera un héroe nacional por haber asumido la responsabilidad de la Conspiración Minera, el primer intento serio de independizar a Brasil del Reino de Portugal. Por ello, en 1792 se le acusó de alta traición a la corona y fue ejecutado y descuartizado por orden de la reina María I. Su cabeza fue plantada en un poste de Vila Rica (Ouro Preto) a modo de advertencia.

Lo mejor: descansar. ¿Que ya lo dije ayer? Pues dormir hasta tarde.

Lo peor: la gran cantidad de carros que hay en la plaza principal tirados por caballos para pasear a los turistas brasileños. Los pobres trabajan todo el día sedientos bajo el sol arrastrando una tartana por el empedrado irregular. Me pregunto si algún día dejaremos de explotar a los animales.

La foto: típica calle colonial. Esta concretamente es la más popular de Tiradentes, coronada por la iglesia Matriz de Santo Antonio, la última obra del Aleijadinho.

Día 327: Tiradentes, Brasil

© 2015 Miss Fogg

El descubrimiento de oro y piedras preciosas en la región de Minas Gerais propició el nacimiento de otras ciudades coloniales más allá de Ouro Preto, como Tiradentes.

Lo mejor: descansar. Hace semanas que no paramos así que lo necesitamos. Y la agradable posada que hemos encontrado en la tranquila y templada Tiradentes parece el lugar perfecto para hacerlo.

Lo peor: tardar cinco horas en llegar desde Ouro Preto. Sobre el mapa todo parece mucho más cerca de lo que es en realidad.

La foto: roda de capoeira callejera. A pesar de que había elementos comunes respecto a la que presenciamos en Salvador (el círculo, los instrumentos, los cánticos, las parejas…) también había muchas diferencias: menos normas, menos seriedad, menos precisión en los movimientos, menos compenetración (los capoeiristas pertenecían a escuelas distintas) y menos solemnidad en general. Quizás se trataba de otro estilo de capoeira, al fin y al cabo existen tres vertientes principales: el Angola (el más antiguo), el Regional (inventado por el Mestre Bimba) y el Contemporáneo. O quizás es, simplemente, porque se trataba de una roda callejera informal.

Día 326: Ouro Preto, Brasil

© 2015 Miss Fogg

Última noche en Ouro Preto. Mañana deberemos ir pensando en como llegar a nuestro siguiente destino: Tiradentes.

Lo mejor: caminar por los callejones empedrados acompañados por un alegre y elegante quinteto de música. 

Lo peor: las subidas y bajadas. A pesar de ser un elemento clave de la belleza de Ouro Preto, resultan agotadoras.

La foto: vista contraria a la fotografía de hace dos días. Muchas de las iglesias de Ouro Preto son obra de Antonio Francisco Lisboa, conocido como “Aleijadinho”. Este arquitecto y escultor, hijo de una esclava africana, estaba aquejado de una grave enfermedad degenerativa de los miembros (de ahí el apodo “Lisiadito”). Es considerado el mayor representante del estilo barroco mineiro, del barroco latinoamericano y de la escultura brasileña durante la época colonial. 

Día 325: Ouro Preto, Brasil

© 2015 Miss Fogg

Cuando las existencias de oro comenzaron a agotarse en las minas, Ouro Petro quedó detenida en el tiempo. Hoy es un museo al aire libre y muchas de sus iglesias son el máximo exponente del estilo arquitectónico ‘barroco minero’.

Lo mejor: las batallas de cometas. João Manuel muestra orgulloso su cometa negro, fabricada a base de lo que parece una bolsa de basura. En pocos segundos la cometa se eleva más y más, tanto que pronto cuesta distinguirla. Persigue a otra lejana, de alguien de una colina vecina. La batalla es breve; el hilo del enemigo corta de un golpe seco el hilo de João Manuel, que suelta un grito al ver cómo su cometa comienza a caer. Entonces Jefferson y João Vitor salen a la carrera para ser los primeros en cazarla cuando toque el suelo. Aunque lo más probable es que caiga en un tejado o quede atrapada entre las ramas de un árbol. Al cabo de unos minutos Jefferson regresa con la cometa en la mano, triunfante, con el pequeño João Vitor tras él enrollando el hilo en una botella vacía de Guaraná. Ha sido como estar, por un momento, en el Kabul de Cometas en el cielo.

Lo peor: los precios. En Brasil algunas cosas son caras, como los buses o el alojamiento. Hemos pagado 78 euros (entre los dos) por un trayecto nocturno en un bus bastante básico. Y el hostal más sencillo de Ouro Preto no baja de los 20 euros; al final nos hemos quedado en el de Washington, un brasileño catalán muy simpático.

La foto: niños jugando a futbol. Un grupo de chicos de distintas edades aprovecha una pequeña parcela de césped en lo alto de una colina, junto a la iglesia de Santa Efigenia. El campo está inclinado, por lo que la pelota se escapa calle abajo constantemente y hay que esperar unos minutos mientras alguno de los niños regresa con el balón. Oriol ha jugado un rato con ellos. 

 

Día 324: Ouro Preto, Brasil

© 2015 Miss Fogg

Ouro Preto (“Oro Negro”), en el estado de Minas Gerais, es una de las ciudades más importantes de la historia de Brasil. A finales del siglo XVII se descubrieron unas minas junto a las que se fundó esta maravillosa ciudad colonial, para entonces llamada Vila Rica. Así comenzó la fiebre del oro; la ciudad creció de forma exponencial y se convirtió en el centro económico de la Edad de Oro de Brasil.

Lo mejor: las vistas. Ouro Preto se encuentra enclavada en el fondo de un valle y se extiende siguiendo las ondulaciones de las montañas colindantes. El estado del casco histórico es impecable, con sus calles adoquinadas y empinadas, y allá donde mires hay una iglesia que sobresale de entre las casitas coloniales de paredes blancas y marcos de colores.

Lo peor: conocer las terribles condiciones en las que los esclavos africanos eran explotados en las minas. Allí dentro las medidas de seguridad eran extremas; cada esclavo contaba con su propio guardia, que supervisaba su trabajo y vigilaba que no se quedara ni un gramo de oro. Los esclavos podían comprar su libertad, por lo que lógicamente trataban de llevarse el preciado metal escondido en el ombligo, la nariz o el pelo. Para evitarlo, eran rapados antes de entrar y bañados a chorros al salir.

La foto: vista de una de las colinas, con la iglesia de Santa Efigenia coronándola. Buscando información sobre ella hemos descubierto la leyenda de Chico Rey, el esclavo que liberó a su pueblo, que nos ha transportado durante unos minutos a esa época terrible y nos ha hecho sonreír con su final feliz.

 

Día 323: Río de Janeiro, Brasil

© 2015 Miss Fogg

Último día en la Ciudad Maravillosa. Nos vamos contentos, con la sensación de haberla conocido bien a pesar de haber pasado solo unos días en ella.

Lo mejor: la red de transporte público. Aunque los buses circulen como locos lo cierto es que se puede llegar a prácticamente cualquier punto de Río sin hacer transbordo, al menos desde Copacabana. Entre Google Maps y las indicaciones de las paradas nos ha resultado muy fácil movernos por la ciudad.

Lo peor: las colas para subir al morro Pan de Azúcar. No sabemos si la multitud se debía a que el día estaba despejado, pero la espera ha sido interminable. Primero hemos hecho cola para entrar al recinto. Después hemos hecho cola para pagar. Luego otra vez cola para coger el primer teleférico. Una vez arriba, cola de nuevo para coger el segundo bondinho y alcanzar la cima del Pan de Azúcar a tiempo para la puesta de sol. Ya de noche, más colas en ambos teleféricos para bajar.

La foto: el Pão de Açúcar es el famoso morro de 400 metros de altura situado en la boca de la bahía de Guanabara. Las vistas sobre Río son espectaculares, tanto de día como de noche. Unos simpáticos titíes nos han hecho compañía un rato mientras las luces de la ciudad se encendían. Ha sido la despedida perfecta a una gran semana.

 

 

Día 322: Río de Janeiro, Brasil

© 2015 Miss Fogg

Más Río, queremos más.

Lo mejor: pasear por el barrio bohemio de Santa Teresa (aunque el mítico bondinho ya no circule), bajar por la colorida Escalera de Selarón (aunque esté llena de turistas) hasta el barrio de Lapa, cruzar el famoso Acueducto da Carioca (aunque no sea muy bonito) hasta llegar hasta la Catedral de Río de Janeiro (aunque sea un gigantesco y horrible cono de cemento).

Lo peor: las palabras con trampa. Diccionario portugués-español: sorvete=helado, criança=niño, espantoso=maravilloso, esquisito=raro, pegar=coger, gozar=burlarse, falhar=hablar, puxar=tirar, doce=dulce, brincar=jugar, estafa=cansancio, sobremesa=postre, fechar=cerrar.

La foto: estampa habitual de Ipanema. Por la tarde hemos ido un rato a tomar el sol y hemos confirmado unos cuantos tópicos. También nos hemos reído leyendo en algún lugar que “Es la playa con mayor diversidad de estilos. En el Posto 7 se reúnen los surfistas, en el Posto 8 se juntan los gays, el Posto 9 es frequentado por los jóvenes y los fumadores de drogas blandas, mientras que el Posto 10 reúne a las madres y familias con hijos pequeños. Según “Discovery Travel & Living” es la segunda mejor playa del mundo y la más sexy de todas.” A nosotros no nos ha parecido que todo estuviera tan ordenado. ¿Y qué significa que una playa es sexy?