Nepal

Día 46: Patan, Nepal

 

© 2014 Miss Fogg

Últimas horas antes de partir hacia el sudeste asiático. Próximo destino: Malasia. En un último suspiro hemos visitado a Fresh Nepal, una ONG local con la que colabora la empresa española Pi Asesores. Este valioso proyecto social consiste en un orfanato que acoge a 18 niños y niñas de entre 5 y 16 años provenientes de Darashula, un región remota del oeste de Nepal.

Lo mejor: mientras los niños mayores jugaban a fútbol en el patio y las niñas mayores estaban en la casa, los pequeños se han quedado conmigo, jugando, bailando y pidiéndome que les hiciera fotos. No sé muy bien cómo, he acabado en el suelo riendo con varios niños encima intentando ver cómo habían quedado en las fotos. Y, al final, casi sin darme cuenta, las niñas más pequeñas buscaban mi mano.

Lo peor: recibir, nada más llegar, un balonazo en plena cara (sin querer, por supuesto!). He quedado hecha un cromo.

La foto: 15 de los 18 niños en el patio de juegos. Viven como una gran familia en una bonita casita blanca junto a Dev, el director del orfanato, y dos cuidadores más. Los niños van cada día al colegio y hablan inglés mejor que la mayoría de adultos nepalíes que hemos conocido.

 

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Día 45: Bhaktapur, Nepal

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Hoy, por fin, hemos visitado la maravillosa Bhaktapur (‘Ciudad de Devotos’). Antigua capital de Nepal (del siglo XII al XV) y actual capital cultural, me atreveré a decir que esta ciudad medieval es la más hermosa del país.

Lo mejor: tras haber haber saboreado las cuidadas plazas principales con sus espectaculares palacios, templos y pagodas, alejarse y perderse por las calles de esta ciudad tan protegida que ha quedado detenida en el tiempo, descubrir los rincones más remotos que esconde y ser testigos de la amabilidad de sus tranquilos habitantes.

Lo peor: el ruido horrible que hacen los hombres -y alguna mujer- en muchos países asiáticos antes de escupir en el suelo. Hoy no he podido contenerme y se lo he recriminado a nuestro taxista, a lo que me ha respondido “in Nepal it’s ok”, seguido de un escupitajo. Y tan a gusto el hombre.

La foto: en esta ocasión no se trata de la Plaza Durbar, sinó de Taumadhi. Esta plaza tan llena de vida, con vendedores de frutas y verduras allá dónde mires, está dominada por el Templo de Nyatapola (‘Templo de Cinco Pisos’). Esta pagoda dedicada a la diosa Siddhi Lakshmi es una de las más altas de Nepal; cada uno de sus cinco -y poco habituales- niveles representa un elemento: tierra, agua, fuego, aire y cielo.

 

Día 44: Katmandú, Nepal

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De vuelta a la capital para pasar nuestros últimos días en Nepal.

Lo mejor: cruzar los pueblos rurales por la mañana y ver a los niños impecablemente uniformados esperando el autobús escolar, con sus camisas blancas, sus corbatas azules, sus faldas plisadas verdes, sus chalecos grises, sus lazos de pelo rojos…

Lo peor: ver a niños y ancianos trabajando. Lamentablemente, es una imagen más que habitual en Nepal.

La foto: macaco en Swayambhunath. El también conocido como Templo de los Monos es, junto con Boudhanath, el principal lugar de peregrinación budista de Nepal. Hay que subir 365 empinados escalones para poder acceder a la estupa bajo la atenta mirada de los ojos de Buda, pintados en las cuatro caras del monumento. Las vistas del atardecer son fantásticas y, al ponerse el sol, todo se ve invadido por centenares de macacos nerviosos. Las japonesas despistadas son su blanco favorito: en pocos minutos una se ha quedado sin su bolsa de patatas y otras sin su termo.

 

Día 43: Pokhara, Nepal

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Último día en Pokhara, una ciudad de la cual -estoy convencida- muchos se van pensando que consiste en una calle llena de hoteles, restaurantes, tiendas de ropa de montaña y agencias turísticas.

Lo mejor: las vistas desde la Pagoda de la Paz Mundial. Se trata de una estupa budista construida por monjes japoneses para promover la paz en el mundo. Hay decenas repartidas por la Tierra, aunque las primeras fueron las de Hiroshima y Nagasaki. Lástima de las nubes, que solo nos han dejado ver las cumbres de las montañas más altas que asomaban por encima.

Lo peor: no haber podido ver el amancecer desde Sarangkot a causa de la niebla Se trata de un pueblo situado a 1.600 m de altitud con fantásticas vistas sobre el Dhawalagiri, el Annapurna (los días claros), Pokhara y el río Phewa.

La foto: sadhu. Estos ‘hombres santos’, ‘místicos’ o ‘santones’ se encuentran en la cuarta fase de la vida según la religión hindú, tras estudiar, ser padres y ser peregrinos. Son ascetas que cortan todos los lazos con su vida anterior y con todo bien material para seguir el camino de la austeridad, la penitencia y la meditación y, así, poder alcanzar la iluminación y el Nirvana para romper el ciclo de reencarnaciones. Abundan tanto en Nepal como en la India, y es fácil reconocerlos pues se pintan el cuerpo y la cara de ceniza y de colores (amarillo, rojo y blanco), van semidesnudos, se tapan con telas de color azafrán y se dejan el pelo y la barba muy largos. Son hombres respetados (e incluso temidos) a los que se permite fumar marihuana (ilegal para el resto) y que sobreviven a base de limosnas; muchos de ellos se encuentran cerca de lugares turísticos para poder dejarse fotografiar a cambio de alguna rupia (este no es el caso).

Día 42: Pokhara, Nepal

042 Pokhara b

© 2014 Miss Fogg

Pokhara está ubicada en un antigua ruta comercial entre China y la India, en la falda de los Annapurna. Muchos monjes tibetanos exiliados se instalaron aquí tras la invasión china, pero no fue hasta los años setenta cuando llegaron los primeros occidentales -sin contar algún explorador solitario-: los hippies. La carretera que unía Pokhara de Katmandú aún no existía, y el trayecto en poni duraba 10 días. La recompensa: un lugar más místico, más virgen y con más marihuana que Katmandú. En los ochenta llegaron los montañeros, y Pokhara se convirtió en un lugar muy popular. Quizá demasiado.

Lo mejor: intentar huir de la zona turística plagada de mochileros en busca de trekkings y de místicos en busca de su yo interior. Tras caminar durante dos horas por una zona sin ningún interés, comer en un bar viendo cine de Bollywood y plantearnos si deberíamos regresar, de pronto han comenzado a aparecer antiguas casitas de estilo mewari. Casi sin querer, habíamos llegado a Old Pokhara: parecía que estuviéramos en los años 50, en un pueblo a medio camino entre el Far West y un pueblo cubano.

Lo peor: el ruido que provocan las numerosas obras, los continuos cortes de electricidad, el gran número de turistas (estamos en temporada alta), los ruidosos bares musicales nocturnos y otras turistadas que pueden verse en la zona donde nos alojamos.

La foto: anciana transportando un cesto de mimbre con la frente, al estilo sherpa. El grupo étnico sherpa (‘gente del este’) es originario de China central y en los últimos siglos ha migrado hacia las regiones montañosas de Nepal, en la zona del Himalaya. Son los guías y porteadores preferidos por montañeros y escaladores por su fortaleza física y su fisionomía especialmente apta para las alturas. Hace unos meses murieron 16 sherpas sepultados por un alud en el Everest, poniendo de manifiesto la peligrosa labor de los guías que hacen posible las escaladas a las montañas más altas del mundo. Tras la mayor tragedia de su historia, los sherpas reclaman unas condiciones laborales más justas, como mejores seguros médicos y de defunción y la creación de un fondo para los guías víctimas de accidentes y sus familias.

 

Día 41: Pokhara, Nepal

041 Pokhara

© 2014 Miss Fogg

Ocho horas para recorrer, en autobús, los 200 km que separan Katmandú de Pokhara. No es de extrañar viendo el estado del asfalto de las carreteras que serpentean por las montañas.

Lo mejor: mirar por la ventana. Las escenas que se suceden son infinitas: terrazas con arrozales, campesinos bajo el sol, búfalos gigantes, tirolinas y puentes colgantes para cruzar el río, mujeres fregando cacharros, ropa de mil colores tendida, chicas lavándose el pelo, niños jugando con columpios de bambú…

Lo peor: la basura en el campo. Duele verla en la ciudad, pero verla en plena naturaleza… Es una lástima pero, allí donde hay seres humanos, siempre hay deshechos.

La foto: el lago Phewa. Emblema de Pokhara, acoge en su corazón un templo sagrado: el Barahi. Cientos de barcas surcan cada día sus aguas para que fieles y visitantes puedan llegar hasta esta pagoda. La puesta de sol tras las montañas tiñe cielo y agua de colores anaranjados, haciéndolo aún más sobrecogedor si cabe.

Día 40: Katmandú, Nepal

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Más reencuentros y, probablemente, los últimos en mucho tiempo.

Lo mejor: contar con inestimable compañía de David y de mi gran amiga Anna. Fantástico día junto a vosotros.

Lo peor: las motos. Están por todas partes y, al no haber aceras, la sensación es de que te atropellarán en cualquier momento. A ellas les da igual porque llevan todas unas extrañas barras protoras para las piernas. Es un misterio como, de una forma u otra, siempre consiguen esquivarte.

La foto: Boudhanath, una de las estupas budistas más grandes del mundo. Se encuentra en la antigua ruta comercial del Tíbet, en una plaza rodeada de cuidados y coloridos edificios. En los años 50, muchos refugiados tibetanos decidieron instalarse cerca de la estupa, uno de los lugares más sagrados para el budismo. Los fieles acostumbran a dar tres o más vueltas a su alrededor (parikrama), en el sentido de las agujas del reloj, mientras repiten el mantra om mani padme hum (‘la joya en el loto’). Al realizar el parikrama, miles de banderas con los cinco colores establecidos -azul, blanco, rojo, verde y amarillo- esparcen al viento los mantras que tienen grabados.

 

Día 39: Himalaya, Nepal

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Hoy ha sido un día intenso y lleno de contrastes, una canción de hielo y fuego.

Por la mañana, hielo.

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Lo mejor: sobrevolar el Himalaya (‘morada de las nieves’) a bordo de una avioneta. Se trata de la cordillera más alta del mundo, con diez de las catorce cimas de más de 8000 metros.

Lo peor: nada. El tiempo nos ha acompañado y todo ha sido perfecto.

La foto: la inconfundible silueta del monte Everest (en nepalí: Sagarmatha, ‘la frente del cielo’). Con 8.848 metros, es la montaña más alta de la Tierra. La sensación de verla en directo ha sido extraña, como si yo la conociera pero ella a mi no. Es un instante mágico.

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Por la tarde, fuego.

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Lo mejor: tener el privilegio de presenciar los ritos de cremaciones hindúes en el antiguo Templo Pashupatinath. Situado a orillas del río Bagmati -afluente del Ganges-, se considera el templo más sagrado del Dios de la creación y de la destrucción: Shiva (o Pashupati, ‘el Señor de los Animales’).

Lo peor: escuchar los gritos desgarradores de una chica mientras preparan el cuerpo de su marido para ser incinerado.

La foto: los hindúes creen que el cuerpo físico es temporal, que sólo el alma sobrevive y pasa de un cuerpo a otro a través de la reencarnación. La cremación permite que el cuerpo se convierta en los cinco elementos fundamentales: en fuego (obvio), en aire (a través del humo), en tierra (las cenizas se mezclan con barro), en cielo (a través del aire) y en agua, arrojando las cenizas al río sagrado.

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Escribo estas palabras en el taxi que nos lleva de regreso al centro. Ya es de noche, y en Katmandú la iluminación brilla por su ausencia. De pronto, cunde el pánico. Los coches dan marcha atrás como locos, la gente corre asustada en dirección opuesta y el ejército pasa por nuestro lado a toda prisa. Huele a humo, pero pienso que es nuestra ropa. Nuestro taxista baja su ventanilla y pregunta; la respuesta lo asusta. Intenta dar media vuelta pero no puede, no hay espacio, está nervioso, todo es un caos. Nos planteamos si bajar del taxi y salir de allí a pie. Pero tras varios intentos, finalmente, lo consigue. Cuando logra alejarse lo suficiente le entra una risa nerviosa e intenta explicarnos lo que pasa. Conseguimos comprender tres palabras: “petrol”, “fire” y “boom”.

 

Día 38: Patan, Nepal

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Después de la lluvia siempre sale… el barro. Esto es un lodazal, así que nos vamos a pasear por Patan (o Lalitpur), al sur de Katmandú. Fundada en el siglo III a.C, se trata de una de las ciudades budistas más antiguas del mundo.

Lo mejor: reencontrarnos con la familia. Bienvinguts al Nepal, Carles i Anna!

Lo peor: no poder colarnos en la Plaza Durbar. Es más pequeña y hay menos gente que en la de Katmandú, lo cual la hace más controlable. Además, dentro está lleno de tipos pidiéndote el tíquet cada 10 metros. Por suerte, nos las hemos arreglado para comprar un único pase para los dos.

La foto: la Plaza Durbar. Situada en el corazón de la ciudad, la plaza real está llena de espectaculares monumentos, preciosos templos y antiguos santuarios. De estilo mewari, los colores rojizos y los tejados dorados dan como resultado esta maravilla.

 

Día 37: Katmandú, Nepal

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Aquí seguimos, bajo el diluvio universal.

Lo mejor: buscar nuevas formas de colarnos en la Plaza Durbar. El primer día una militar intentó cobrarnos 750 rupias por cabeza (12 euros) así que, desde entonces, nos divertimos entrando sin pagar. La plaza es tan grande que les resulta imposible controlar todas las entradas así que, o bien buscamos algún callejón estrecho que llegue hasta ella, o nos camuflamos entre los nepalíes -que no pagan- o, simplemente, pasamos por detrás de la caseta de vigilancia en vez de por delante.

Lo peor: la dichosa tormenta tropical. Si esto sigue así pronto tendremos que comprar una canoa para poder movernos por Katmandú.

La foto: mujeres en la Plaza Durbar. La foto fue tomada ayer, antes del inicio del fin del mundo (hoy no nos hemos atrevido a salir con la cámara).

 

Día 36: Katmandú, Nepal

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Día muy lluvioso.

Lo mejor: poder descansar un poco, aunque sea por motivos de fuerza mayor.

Lo peor: tener que cambiar nuestros planes a causa de la lluvia.

La foto: una vez más, la dedico a las mujeres. Las nepalíes son hermosas y aparentemente fuertes, pero viven en una sociedad tradicionalmente –en su mayoría- hinduista, patriarcal y divida en castas. No es evidente para nosotros, pero son muchas las víctimas de discriminación y violencia de género física y psicológica.

 

Día 35: Katmandú, Nepal

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Namaste! Por qué será que nos gusta tanto esta palabra a los occidentales? Es porque suena a lejano y exótico, como Salam Aleikum o Aloha? En cualquier caso, primer día en Nepal.

Lo mejor: que, de pronto, unos hombres se pongan a cantar en honor a Krishna (la forma principal de Dios según el krishnaísmo) y un grupo de chicas a bailar en plena Plaza Basantapur Durbar (preciosa, por cierto). Una de las chicas lo estaba viviendo tan intensamente que nos ha hecho descalzarnos para encender cada uno una vela y ofrecérsela a Krishna, realizando siete círculos delante de su imagen.

Lo peor: el aire. Entre los coches, el polvo e (in)determinados olores no es de extrañar que mucha gente, tanto locales como turistas, lleven mascarilla.

La foto: pese a no ser la famosa y enorme Bouddhanath, la estupa budista Shree Gha también tiene su encanto. Paseando por los callejones de Chhetrapati aparece de pronto, rodeada de casas, templos y palomas.