Uruguay

Día 305: Punta del Diablo, Uruguay

© 2015 Miss Fogg

Punta del Diablo es nuestra última parada antes de entrar a Brasil. En verano decenas de miles de jóvenes vienen hasta aquí en busca de playa y fiesta. En invierno está muerto; casi todo está cerrado y a penas hay gente. Perfecto.

Lo mejor: que nuestro hostal, el único que hemos encontrado abierto, tenga una enorme terraza con vistas al mar.

Lo peor: no haber tenido más ocasiones de probar el mate. En Uruguay este tema es aún más serio que en Argentina. Los uruguayos consumen al año cuatrocientos millones de litros de mate, superando el de todas las marcas de refrescos juntas. Es el país con mayor porcentaje de consumidores de mate del mundo, dato que no nos extraña. La gente va a todas partes con el mate y la bombilla en la mano, sorbiendo cada pocos segundos, y un enorme termo bajo el brazo. 

La foto: en invierno Punta del Diablo se convierte en lo que realmente es: un pueblo de pescadores dormido.

 

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Día 304: Cabo Polonio, Uruguay

© 2015 Miss Fogg

Último día en nuestro paraíso terrenal. Aún no nos hemos ido y ya lo echamos de menos.

Lo mejor: que los animales de Cabo Polonio se turnen para que no estemos nunca solos. Como Gumersindo (el gato de Marta), Sasha (su perra) y muchos otros perros del pueblo.

Lo peor: ser atacados por un caballo. Primero ha intentado morderme la pierna y luego casi se come a Gumersindo.

La foto: faro de Cabo Polonio. Antes de su construcción hace 134 años, marineros y piratas temían estas aguas que consideraban malditas ya que muchos barcos, fragatas y galeones naufragaron. Se dice que uno de los primeros fareros trabajaba acompañado de su mujer embarazada. El día en que se puso de parto el farero salió en busca de una partera, pero una tormenta lo retuvo casi una semana fuera de casa. Durante esos días la mujer, con el hijo ya nacido, continuó subiendo los 132 escalones para encender el faro cada día.

Día 303: Cabo Polonio, Uruguay

© 2015 Miss Fogg

Cabo Polonio es un pueblecito de pescadores, artesanos y fareros dentro de un parque natural protegido. Las casas están construidas sobre la arena, no tienen energía eléctrica, y en la calle tampoco hay alumbrado público. 

Lo mejor: estar en temporada baja. No hay turistas. No hay electricidad. No hay ruido. No hay nada. Solo se oyen el viento, el mar y, si escuchas atentamente, los gritos de los lobos marinos.

Lo peor: pasear por la playa de la Calavera e ir encontrando pingüinos magallánicos muertos en la arena. Al parcer, es habitual que en invierno algunos animales migratorios pierdan el rumbo y perezcan en las costas de Rocha.

La foto: colonia de lobos marinos de uno y dos pelos, vista desde lo alto del faro. Cabo Polonio es una de las reservas de lobos más importantes de América del Sur, donde decenas de miles de ejemplares habitan las pequeñas islas cercanas y la punta rocosa del faro. Los machos de lobo de un pelo son especialmente impresionantes (pesan unos trescientos kilos) y se pelean constantemente entre ellos.

Día 302: Cabo Polonio, Uruguay

© 2015 Miss Fogg

Tras media hora atravesando dunas y rebotando dentro de un enorme camión llegamos, al fin, a Cabo Polonio. Es de noche, la única luz que hay es la de la luna llena así que no vemos dónde estamos. El suelo es de arena y cuesta caminar.

Lo peor: la calidad de los hostales. Preguntando a unas siluetas hemos llegado a un par de albergues situados a unos metros de dónde nos ha dejado el camión. Las habitaciones eran pequeñas, oscuras, deprimentes y caras.

Lo mejor: oir de pronto una vocecita en la oscuridad diciendo “Yo tengo una pequeña cabaña para dos”. El precio que nos ofrecía es la mitad de lo que piden los hostales, así que dudamos. Pero acabamos siguiendo a Marta, la propietaria de la voz, y en unos minutos llegamos a la casita. Al abrir la puerta no podemos creer lo que vemos. El interior es de madera, extremadamente acogedor, y tiene de todo, incluso una pequeña cocina. Las paredes, las estanterías y los rincones están cuidadosamente decorados con objetos del mar. La suerte nos ha sonreído esta vez. 

La foto: esta es la enorme luna llena que nos ha recibido en Cabo Polonio. Y la única fuente de luz que hemos tenido hasta encontrar nuestra cabaña de cuento de hadas.

Día 301: Punta del Este, Uruguay

© 2015 Miss Fogg

Punta del Este es una popular ciudad balneario donde veranean uruguayos, argentinos y brasileños. Aunque su población fija ronda los 12.000 habitantes, en verano la cifra puede llegar a las 450.000 personas. Para nosotros no es más que un mero lugar de paso de camino a Cabo Polonio.

Lo mejor: las distancias. A pesar de que muchas conexiones no son directas, el hecho de estar en un pais pequeño nos permite avanzar más deprisa y a menor coste.

Lo peor: tener que coger seis transportes para llegar a Cabo Polonio. Punta del Este ha sido una de las paradas.

La foto: La Mano, Los Dedos u Hombre emergiendo a la vida. Aunque también es conocida erróneamente como Monumento a los ahogados, en realidad la escultura representa a un hombre que no se deja undir, que regresa con fuerza a la vida desde las profundidades.

Día 300: Montevideo, Uruguay

© 2015 Miss Fogg

Más Montevideo.

Lo mejor: caminar, caminar y caminar. Ayer vimos Ciudad Vieja, así que hoy nos hemos dedicado a explorar otros barrios. Por recomendación de Silvana hemos seguido la Rambla (paseo costero) hasta el Barrio Sur y Palermo (cuna de la música afrouruguaya candombe y centro del carnaval de Montevideo). Luego hemos subido por Dr. Tristán Narvaja (calle llena de librerías), pasado por el Mercado Agrícola y llegado finalmente al Barrio Reus (también conocido como Barrio de los Judíos).

Lo peor: no ver nunca cómo suben (al amanecer) o bajan (en el ocaso) la bandera de la Plaza Independencia. La primera vez llegamos demasiado pronto, la segunda demasiado tarde, la tercera nos hemos dormido y a la última ya hemos desistido.

La foto: calle peatonal Emilio Reus. En 1888 el empresario español que da nombre a esta calle lideró la construcción de un barrio de viviendas destinado a obreros y jornaleros. Sin embargo, fue la Escuela Nacional de Bellas Artes la que le dio su aspecto actual. En 1992 se llevó a cabo un proyecto artístico con el fin de recuperar la belleza original de las viviendas y darle color, luz y vida al barrio. Se pintaron las fachadas de distintos colores, se revalorizaron los muros, los balcones y las aberturas y se introdujeron farolas y macetas de cerámica. 

Día 299: Montevideo, Uruguay

 © 2015 Miss Fogg

Montevideo está un poco más al sur que Buenos Aires y bastante más que Santiago, lo cual la convierte en la capital más austral de América. Para ser una capital no es muy grande, así que se puede ir caminando a casi todas partes.

Lo mejor: los uruguayos. Nos paran por la calle de forma desinteresada, nos preguntan qué tal nos están tratando en su país, nos dan consejos… Hacía tiempo que no sentíamos estas muestras de calor.

Lo peor: no poder ver a nuestro amigo Víctor. Dentro de unos días vendrá a vivir a Montevideo, pero hemos llegado demasiado pronto.

La foto: vista de la ciudad desde el hotel Radisson, en la plaza Independencia. Lo que no conseguimos en Buenos Aires, en Montevideo no nos ha supuesto ningún esfuerzo. La puesta de sol desde aquí ha sido espectacular.

Día 298: Colonia del Sacramento, Uruguay

© 2015 Miss Fogg

Colonia del Sacramento fue conquistada, reconquistada, ocupada y devuelta innumerables veces por España y Portugal. Atendía a intereses militares, mercantiles y estratégicos, y de hecho fue un importante centro de contrabando de Portugal e Inglaterra. Su casco antiguo, resultado de la fusión de estilos coloniales (portugués y español) y post-coloniales, dan fe de su ajetreada historia. Fue fundada en 1680 y no fue hasta 1828 cuando pasó a formar parte definitivamente de Uruguay.

Lo mejor: volver a estar en un lugar pequeño. El casco histórico de Colonia es como un pueblo, con casas bajas, calles empedradas, construcciones antiguas y una tranquilidad extrema. ¿Lo mejor? Caminar sin prisa, sin rumbo, sin gente y sin ruido.

Lo peor: no haber podido seguir avanzando por Argentina hasta las cataratas de Iguazú. Por promiximidad, desde Buenos Aires es más coherente entrar en Uruguay. Así que hemos decidido dejar Iguazú para más adelante, cuando visitemos Brasil.

La foto: Calle de los Suspiros. Misterios, magia y leyendas giran en torno al nombre de esta callejuela angosta y desnivelada típicamente portuguesa. Unos cuentan que por aquí pasaban los sentenciados a muerte antes de ser fusilados junto al mar. Otros dicen que había burdeles cuyas prostitutas hacían suspirar a los marineros. Algunos explican cómo en una noche de luna llena una joven enamorada fue apuñalada por un enmascarado mientras esperaba a su amado, y cómo regresa al callejón durante las noches de luna llena. Y el resto sostiene que, simplemente, es por los silbidos que se escuchan cuando sopla el viento.

  

Día 297: Colonia del Sacramento, Uruguay

© 2015 Miss Fogg

Uruguay es ese pequeño lugar encajonado entre tres gigantes: Brasil, Argentina y el océano Atlántico. Es uno de los países latinoamericanos con mayor índice de alfabetización, PIB, desarrollo humano, equitatividad de ingresos, seguridad y esperanza de vida, y con menor índice de violencia, percepción de corrupción, pobreza e indigencia.

Lo mejor: comparar precios. Para cruzar el Río de la Plata hasta Colonia todo el mundo nos ha recomendado la compañía Buquebus. En su oficina nos han atendido con desgana, exigiéndonos pagar en dólares americanos la desorbitada cifra de $71 por cabeza por una hora de trayecto. Investigando un poco hemos descubierto Colonia Express, una compañía más pequeña que por el mismo servicio nos pide 250 pesos, es decir, menos de 18 euros aplicando el cambio paralelo. En este caso, dedicar diez minutos a comparar precios ha supuesto un ahorro de 93 euros.

Lo peor: el dulce de leche (o manjar). La obsesión por él en América Latina es exagerada. Lo ponen en todas partes y en cantidades tan grandes que resulta empalagoso. ¡Cuanto echamos de menos el chocolate!

La foto: Faro de Colonia del Sacramento. Fue construido en 1857 en la punta de San Pedro, sobre las ruinas del convento de San Francisco. Es uno de los doce faros de Uruguay, en cuya sinuosa y tramposa costa tuvieron lugar incontables naufragios en el pasado. Muchos se construyeron en enclaves remotos y agrestes donde los fareros y sus familias fueron los primeros habitantes.