Nepal

Día 41: Pokhara, Nepal

041 Pokhara

© 2014 Miss Fogg

Ocho horas para recorrer, en autobús, los 200 km que separan Katmandú de Pokhara. No es de extrañar viendo el estado del asfalto de las carreteras que serpentean por las montañas.

Lo mejor: mirar por la ventana. Las escenas que se suceden son infinitas: terrazas con arrozales, campesinos bajo el sol, búfalos gigantes, tirolinas y puentes colgantes para cruzar el río, mujeres fregando cacharros, ropa de mil colores tendida, chicas lavándose el pelo, niños jugando con columpios de bambú…

Lo peor: la basura en el campo. Duele verla en la ciudad, pero verla en plena naturaleza… Es una lástima pero, allí donde hay seres humanos, siempre hay deshechos.

La foto: el lago Phewa. Emblema de Pokhara, acoge en su corazón un templo sagrado: el Barahi. Cientos de barcas surcan cada día sus aguas para que fieles y visitantes puedan llegar hasta esta pagoda. La puesta de sol tras las montañas tiñe cielo y agua de colores anaranjados, haciéndolo aún más sobrecogedor si cabe.

Día 35: Katmandú, Nepal

© 2014 Miss Fogg

Namaste! Por qué será que nos gusta tanto esta palabra a los occidentales? Es porque suena a lejano y exótico, como Salam Aleikum o Aloha? En cualquier caso, primer día en Nepal.

Lo mejor: que, de pronto, unos hombres se pongan a cantar en honor a Krishna (la forma principal de Dios según el krishnaísmo) y un grupo de chicas a bailar en plena Plaza Basantapur Durbar (preciosa, por cierto). Una de las chicas lo estaba viviendo tan intensamente que nos ha hecho descalzarnos para encender cada uno una vela y ofrecérsela a Krishna, realizando siete círculos delante de su imagen.

Lo peor: el aire. Entre los coches, el polvo e (in)determinados olores no es de extrañar que mucha gente, tanto locales como turistas, lleven mascarilla.

La foto: pese a no ser la famosa y enorme Bouddhanath, la estupa budista Shree Gha también tiene su encanto. Paseando por los callejones de Chhetrapati aparece de pronto, rodeada de casas, templos y palomas.