Australia

Día 168: Sídney, Australia

© 2015 Miss Fogg

Hoy la ciudad está de fiesta en motivo del Año Nuevo Chino. Dejamos atrás la era del caballo para entrar en el año de la oveja (en China) o de la cabra (en el resto de países asiáticos). La Fiesta de la Primavera (Chunyun) o Año Nuevo Lunar 2015 corresponde al año 4713 según el calendario chino. Según la leyenda, la oveja quedó en octavo lugar en la carrera para asistir al banquete del emperador de Jade, después del caballo y antes que el mono. 

Lo mejor: los farolillos de papel. Allá donde están llenan la calle de luz y de color.

Lo peor: la gran parade (desfile). Nos ha parecido bastante pobre y desorganizado. 

La foto: marionetas interactuando con el público durante el desfile. Las calles estaban llenas, y es que en Australia vive una de las comunidades chinas más amplias del mundo.

  

Día 167: Sídney, Australia

© 2015 Miss Fogg

Seguimos en nuestra bonita casa de Manly, haciendo la compra en Coles (aquí no hay Woolworths), paseando por la playa y usando el ferry para ir al centro. Qué rápido nos acostumbramos de nuevo a la vida cómoda. 

Lo mejor: cruzar los más de mil metros del Harbour Bridge, que atraviesa la bahía de Sídney y conecta el centro financiero con la costa norte. Puedes pagar 300 dólares por escalarlo y ver la ciudad desde arriba, o puedes cruzarlo a pie gratis y ver unas vistas casi tan fantásticas desde abajo.

Lo peor: los semáforos. Sídney parece más pensada para los coches que para los peatones. Para cruzar la calle te dejan a penas unos segundos, insuficientes para la gente mayor o para cualquier persona que no pueda caminar a paso ligero.

La foto: Luna Park. Este parque de atracciones fue construido en plena bahía de Sídney en 1935. Desde entonces lo han cerrado, reformado y reconstruido en numerosas ocasiones, hasta convertirse en el lugar curioso que es ahora. Parece que estés paseando por el decorado de una película americana antigua.


Día 166: Sídney, Australia

© 2015 Miss Fogg

A pesar de no ser la capital de Australia, Sídney es la ciudad más grande y poblada de Oceanía. Fundada en 1788, es también la más antigua del país y fue el asentamiento de la primera colonia británica. 

Lo mejor: pasear por George Street y el barrio The Rocks. Aquí llegaron los primeros colonos británicos y se asentaron los presos, las prostitutas y las bandas callejeras. Pero lo que antiguamente eran los bajos fondos de Sídney, hoy es un lugar muy acogedor repleto de viejos almacenes y muelles restaurados, casas coloniales con encanto, pequeños restaurantes con patios ocultos, calles adoquinadas y mil rincones llenos de historias. 

Lo peor: la gran cantidad de comida que dejan los aussies en el plato. Quizás sea porque ahora prestamos más atención a estos detalles pero es algo que hace semanas que vemos. Hay gente que se levanta sin a penas haber tocado su comida. 

La foto: la noche es el mejor momento para fotografiar Sídney. El enorme Harbour Bridge y la famosa Opera House acaparan todo el protagonismo. 

Día 165: Nueva Gales del Sur, Australia

© 2015 Miss Fogg

Última etapa: Morisset – Sídney. Distancia total recorrida desde Cairns: 3.244 kilómetros. Casi como ir a Moscú desde Barcelona.

Lo mejor: ser acogidos por Mandy, una chica encantadora que conocimos en las cuatro mil islas de Laos hace un par de meses. Sin prácticamente conocernos de nada, nos deja su casa de Manly, un suburbio muy chic al norte de Sídney. Compartir un dormitorio con seis, ocho y hasta diez personas no nos costaría menos de sesenta dólares por noche. Sídney es una ciudad extremadamente cara.

Lo peor: el acento aussie. Algunas personas tienen una pronunciación tan cerrada que me resulta muy complicada de entender. A Oriol se le da algo mejor.

La foto: ayer fueron los koalas y hoy los canguros. Cientos de ellos. Hasta la fecha los habíamos visto de lejos, pero hoy hemos podido pasar horas entre ellos. Machos gigantes y musculosos saltando, hembras con crías mamando en la bolsa y jóvenes que van por libre pero a la mínima saltan de nuevo dentro de la bolsa de mamá.

Día 164: Nueva Gales del Sur, Australia

© 2015 Miss Fogg

Sexta etapa: Port Maquarie – Morisset.

Lo mejor: ver animales salvajes por todas partes. Aunque nos han faltado algunos clásicos como el cocodrilo, el cassowary o el wombat, hasta ahora nos hemos cruzado con canguros, wallabies, dingos, zarigüeyas, delfines, mantas, rayas, tortugas, estrellas de mar, peces de todos los colores, pájaros de todas las formas, lagartos de todos los tamaños, murciélagos gigantes, serpientes, ranas, sapos, arañas e infinidad de insectos y bichos. Y hoy, por fin, ¡koalas!

Lo peor: la gran cantidad de animales atropellados que hay en las carreteras. Conducir de noche es especialmente peligroso aquí.

La foto: Xavier, un precioso koala con un grave problema en los ojos. Hoy hemos visitado el Koala Hospital, un lugar maravilloso fundado en 1973 que acoje, trata y rehabilita a los koalas salvajes heridos y enfermos. Algunos podrán ser reintroducidos, pero los que no sobrevivirían en libertad pasarán el resto de sus días aquí, con todos los cuidados y atenciones. El centro subsiste gracias a las donaciones y al impagable trabajo de voluntarios como Gerry, la amabilidad personificada.

 

Día 163: Nueva Gales del Sur, Australia

© 2015 Miss Fogg

Quinta etapa: Byron Bay – Port Macquarie.

Lo mejor: conocer a gente curiosa. Un jubilado enamorado de la Sagrada Familia que, cada mañana, pasea hasta el rompeolas de Ballina para ver pasar a delfines, tiburones y ballenas. Un profesor de croquet (antiguamente, un pasatiempo de la nobleza de Languedoc) que vivía en Barcelona y enseñaba inglés en el CIC. Un arquitecto con alpacas peruanas en el jardín para no tener que pasar el cortacésped.

Lo peor: las distancias. Por muy juntos que estén los puntos en el mapa, cualquier recorrido aquí requiere horas y horas de coche.

La foto: las Minyon Falls, en el Parque Nacional Nightcap, caen por una pared vertical de más de cien metros. Para llegar hasta ellas hemos tenido que atravesar la rainforest, con sus árboles gigantes, sus riachuelos y su ruidosa fauna.

 

Día 162: Nueva Gales del Sur, Australia

© 2015 Miss Fogg

Cuarta etapa: Maryborough – Byron Bay.

Lo mejor: Maryborough. En esta pintoresca ciudad nació Pamela Lyndon Travers, autora de los libros de Mary Poppins. Las calles de la ciudad están repletas de guiños al personaje. Una curiosidad: el padre de P.L. Travers era banquero.

Lo peor: la comida. La gastronomía australiana nos está decepcionando bastante y nos hace echar de menos la asiática.

La foto: el famoso faro de Byron Bay.  Desde el acantilado hemos tenido la suerte de ver una manada de delfines mulares surfeando las olas gigantescas. Primero fue el elefante asiático, después el orangután de Borneo y ahora el delfín mular: mi trío de ases.

 

Día 161: Fraser Island, Australia

© 2015 Miss Fogg

¡La reserva ha llegado a tiempo! Ante nuestras caras de sorpresa, nos recoge un bus que nos lleva hasta el puerto para coger el ferry hacia Fraser Island. Con 1630 km², es la isla de arena más grande del mundo. Antiguamente se llamaba K’gari, que significa ‘paraíso’ en la lengua de los aborígenes.

Lo mejor: ¿por dónde empezar? Sobrevolar la isla en avioneta. Bañarnos en el lago McKenzie, tan bonito que cuesta de creer. Recorrer kilómetros y kilómetros de playa a toda velocidad hasta llegar a los restos oxidados del barco naufragado S.S. Maheno. Ser recibidos por mantas y despedidos por dingos salvajes (una subespecie de lobo).

Lo peor: el sol. Según nuestro fabuloso guía Gaz, dos de cada tres australianos sufrirán cáncer de piel. Aquí es extremadamente fuerte y peligroso a causa del agujero de la capa de ozono.

La foto: sobrevolando los 120 kilómetros de playa, con los restos del S.S. Maheno en medio. Si fuera septiembre quizás también habría ballenas jorobadas, que llegan a estas aguas templadas para criar.

 

Día 160: Queensland, Australia

© 2015 Miss Fogg

Tercera etapa: algún lugar entre Mackay y Rockhampton – Hervey Bay.

Lo mejor: las vistas desde los acantilados de una pequeña vila llamada 1770. Se dice que es la cuna de nacimiento de Queensland, y que aquí desembarcó en 1770 el teniente Cook (cuando todavía no era capitán) por segunda vez en Australia. Es el único lugar del país con un número por nombre.

Lo peor: excedernos en la improvisación. Hemos llegado tan tarde a Hervey Bay que todas las oficinas de turismo está cerradas. Nos dicen que mañana a primera hora no podremos ir a Fraser Island, motivo por el cual hemos venido hasta aquí. Así que, sin muchas esperanzas, intentaremos reservar la excursión por Internet.

La foto: las salvajes playas de la costa este australiana son el paraíso de los surfistas. Miden kilómetros y kilómetros, tienen unas olas brutales y están prácticamente vacías. Lástima que estén llenas de tiburones y medusas.

 

Día 159: Queensland, Australia

© 2015 Miss Fogg

Segunda etapa: Townsville – algún lugar entre Mackay y Rockhampton.

Lo mejor: cenar bajo un millón de estrellas y recibir la visita de una zarigüeya muy curiosa. Este marsupial nocturno es muy asustadizo y si se siente en peligro extremo fingirá estar muerto.

Lo peor: no poder navegar hasta la impresionante playa Whiteheaven por culpa de una tormenta. La composición mineral de su arena blanca, con un 98% de silicio, hace que parezca nieve. ¡Estamos en racha!

La foto: hemos descubierto este lugar secreto por casualidad. Ver la puesta de sol, dormir escuchando el sonido de las olas y despertarse viendo cómo amanece ha arreglado el día.

 

Día 158: Queensland, Australia

© 2015 Miss Fogg

Primera etapa: Cairns – Townsville.

Lo mejor: reducir drásticamente nuestro gasto diario. Coche: el alquiler de la carava y parte de la gasolina nos sale gratis. Para la que sí pagamos, tenemos una app que nos indica las gasolineras con los mejores precios. Comer: compramos la marca blanca de Woolworths y cocinamos nosotros. Dormir: otra app fantástica nos señala los campings gratuitos.

Lo peor: tener que desestimar visitar Magnetic Island por falta de tiempo. En ocho días tenemos que estar en Sídney (a unos 2.600 km), así que deberemos escoger muy bien las excursiones largas.

La foto: Queensland es verde. Campos infinitos llenos de vacas curiosas, caballos esbeltos, árboles solitarios y molinos de viento desfilan a ambos lados de larguísimas carreteras. Aquí todo es grande, muy grande.

Día 157: Cairns, Australia

© 2015 Miss Fogg

Día de preparativos antes emprender un road trip hasta Sidney.

Lo mejor: descubrir la relocation de caravanas. En Australia hay mucho movimiento de vehículos de alquiler entre las ciudades principales. Así que, en ocasiones, a las empresas les interesa que alguien se los devuelva a la ciudad de origen. Tras mucho buscar hemos tenido suerte: nos dejan una caravana gratis durante ocho días y nos pagan dos depósitos de gasolina. La condición: recogerla en Cairns y devolverla en Sidney, lo cual nos va perfecto.

Lo peor: la lluvia. Después de más de un mes en plena estación húmeda ya tenemos ganas de dejar atrás el clima tropical.

La foto: nos despedimos de Cairns con el motivo por el cual hemos venido hasta aquí. Por desgracia, los corales son organismos muy sensibles a las variaciones de temperatura del océano. El cambio climático, la contaminación y la pesca (es decir, el ser humano) están poniendo en peligro a la Gran Barrera y a sus millones de habitantes.

 

Día 156: Gran Barrera de Coral, Australia

© 2015 Miss Fogg

Seguimos descubriendo los secretos que esconde el océano Pacífico.

Lo mejor: bucear. Antes de emprender este viaje solo habíamos hecho una inmersión en el Mar Rojo. Ahora, cuanto más vemos, más queremos ver.

Lo peor: no toparnos con tiburones. Hemos estado especialmente atentos durante las inmersiones (haciendo snorkle resultan aún más difíciles de ver) pero hoy no han querido salir a saludar.

La foto: la gran tortuga verde se encuentra en peligro de extinción. Nuestra historia de amor con la tortugas marinas comenzó en las islas Gili. Su elegante forma de nadar nos fascina e hipnotiza tanto que podemos estar siguiéndolas durante horas.

 

Día 155: Gran Barrera de Coral, Australia

© 2015 Miss Fogg

Hoy, al fin, nos sumergimos para visitar el fascinante, misterioso y bellísimo mundo submarino que rodea la Gran Barrera de Coral.

Lo mejor: ver más peces, más corales y más colores de lo que hayamos visto en toda nuestra vida. Más allá del reparto completo de Buscando a Nemo, hemos visto también rayas, tortugas, estrellas de mar y almejas gigantes.

Lo peor: el mareo. El primer punto de buceo se encuentra a una hora de Cairns. La lancha surfea el mar a tal velocidad que deja hechos polvo incluso a aquellos que habitualmente no nos mareamos.

La foto: el pequeño pez payaso es muy divertido de observar. De entrada se esconde en su anémona, un animal depredador con la que convive la mar de bien. Luego se restriega en sus tentáculos, dejándolos bien limpios para evitarle infecciones bacterianas. Es su forma de pagar el alquiler, pues la anémona es un buen refugio desde el que va asomando la cabeza cuando se siente más seguro.