Tailandia

Día 64: Bangkok, Tailandia

© 2014 Miss Fogg

Bangkok tiene el dudoso honor de ser considerada la capital del turismo sexual en el continente asiático y una de las ciudades más sórdidas del mundo. Hoy hemos descubierto por qué.

Lo mejor: recorrer la ciudad de noche. Algunas zonas se apagan pero otras despiertan y muestran bajo la oscuridad su mejor cara. Puestos de comida humeantes, mercadillos nocturnos, luces de mil colores… La temperatura se vuelve más agradable y el tráfico se relaja, por lo que es el mejor momento para moverse por Bangkok.

Lo peor: ser despertados a las 4:00 de la mañana por los gritos de las dos prostitutas que el individuo de la habitación de al lado había contratado.

La foto: grupo de chicas captando clientes para un local. Hoy hemos estado en una de las tres calles rojas de Bangkok: Soi Cowboy. En esta callejuela iluminada por carteles de neón, los locales de striptease se suceden ininterrumpidamente. En algunos clubes las chicas llevan chapitas numeradas para facilitar el trabajo de los sujetos interesados, generalmente expatriados o turistas occidententales y japoneses de mediana edad.

 

Día 63: Amphawa, Tailandia

© 2014 Miss Fogg

Los fines de semana equivalen a mercado. En sus días libres, los tailandeses buscan lugares donde hacer lo que más les gusta: comer y comprar. Comenzamos el día en el mercado más grande de Tailandia y uno de los más conocidos del mundo: Chatuchak. Por sus más de 15.000 puestos pasan cada día 200.000 personas. Seguimos por Mae Klong, un mercado situado encima de una vía de tren. Ocho veces al día, suena la bocina y los vendedores pliegan sus paraditas para que el tren pueda pasar, y las vuelven a montar segundos después. Terminamos el día en el mercado flotante de Amphawa.

Lo mejor: intentar llegar a un lugar y terminar en otro. Es lo que pasa cuando sigues las indicaciones de los tailandeses, que terminas en dirección opuesta a donde querías ir. Pero ello nos permite llegar hasta templos de oro escondidos, ver monjes budistas con el cuerpo cubierto de tatuajes, compartir songthaew con tímidos thais o ver un partido de takraw, un popular deporte del sudeste asiático.

Lo peor: ver que hay una sección de peleas de gallos en uno de los mercados. Por desgracia, en muchos países como Tailandia estas peleas son legales. Aunque no sé de qué me escandalizo, si vivo en un país en el que los toros son torturados y asesinados entre aplausos.

La foto: mercado flotante de Amphawa. Situado en un canal cerca del río Naam Tha Chin, este mercado existe desde el siglo XVIII y es un lugar muy popular entre los turistas tailandeses.

 

Día 62: Bangkok, Tailandia

© 2014 Miss Fogg

Cuanto más la conocemos, más nos gusta esta ciudad.

Lo mejor: recibir uno de los famosos masajes thai. Aquí constituyen una rama de la Medicina Tradicional Tailandesa, reconocida y regulada por el gobierno y considerada una disciplina médica para el tratamiento de una amplia variedad de dolencias.

Lo peor: intentar conocer mejor la gastronomía local, probar nuevos platos y que estos no te gusten.

La foto: saliendo del hotel hemos topado con una animadísima fiesta budista; bandas instrumentales, portadores de banderas, cabezudos, carrozas llenas de flores, monjes bendiciendo, mujeres bailando alegremente (en la foto, una de ellas)… Pero las estrellas eran el dragón y los leones: decenas de chicos hacían posible la Danza del Dragón para ahuyentar los malos espíritus y atraer la buena suerte, y por parejas hacían la Danza del León frente a los altares que había en las calles y las casas. No hemos conseguido saber el motivo de la fiesta, aunque tenía muchas similitudes con el año nuevo chino que tiene lugar en febrero.

Día 61: Bangkok, Tailandia

© 2014 Miss Fogg

Hoy hemos decidido cambiar de hotel y de barrio. En una ciudad tan grande como Bangkok es especialmente importante la ubicación del alojamiento, la cuál lo determina todo.

Lo mejor: encontrar el hotel perfecto al precio perfecto cerca de la popular Khao San Road. Nuestro hotel anterior estaba en Sukhumvit, una zona muy bien comunicada pero para nuestro gusto con poca vida y personalidad. Ahora estamos quizá demasiado cerca de la vida, pero también de todo lo que necesitamos aquí.

 Lo peor: la forma con la que algunos grupitos de chicos jóvenes occidentales tratan a los thai, con arrogancia, menosprecio y, en ocasiones, burla.

La foto: estatua de Buda Reclinado. Con sus 46 metros de largo y 15 de alto, la estatua de Buda reclinado más grande de Tailandia está prácticamente encajada al milímetro dentro del templo Wat Pho. Su gran tamaño y el hecho de hallarse totalmente recubierta de pan de oro la hacen muy espectacular; lástima que esté en un lugar tan pequeño, donde quizá luce menos de lo que debería.

 

Día 60: Bangkok, Tailandia

© 2014 Miss Fogg

Bangkok, la ciudad de los ángeles, es enorme, agotadora y desbordante. Es fácil sentirse abrumado la primera vez que se pisa, especialmente en comparación con la calma del sur.

Lo mejor: el precio del taxi. A pesar de que cuesta encontrar taxistas que quieran poner el taxímetro (la mayoría intentan pactar previamente un precio más alto), al final siempre acaba apareciendo alguno honrado. El precio por kilómetro es tan bajo que es posible cruzar la ciudad por 100 bahts (2,5 euros), y eso que la bajada de bandera ya es de 35 bahts.

Lo peor: que este año el festival Loi Krathong se celebre tan pronto. Cada año tiene lugar en un día distinto, la noche de luna llena del mes de noviembre. Dentro de unos días estaremos en Chiang Mai, lugar donde este día cientos de linternas de papel iluminan el cielo, imagen que no hemos podido ver en Bangkok porque este año las han prohibido (si no me equivoco, por el peligro que suponen para los aviones) bajo amenaza de penas un tanto severas: multas, unos años de cárcel, cadena perpetua o incluso la muerte. Cualquiera se atreve así.

La foto: niña rezando antes de hacer la ofrenda al río para mostrar respeto y agradecimiento a Phra Mae Khongkha, la diosa del agua. Ella, como miles de budistas hoy, han comprado o fabricado una pequeña balsa a partir de, generalmente, hojas de plátano, y las han llenado de flores, velas, incienso e incluso monedas y cabellos. Es bonito ver cómo familias enteras se acercan al río Chao Phraya para hacer sus ofrendas, cómo los niños las encienden con gran ilusión, cómo la corriente se las lleva y cómo la oscuridad lentamente se ilumina.

 

Día 59: Koh Phi Phi, Tailandia

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Último día de playa, de mar, y de que comerciales buceadores occidentales nos pregunten “how are you today?” para que contratemos su excursión.

Lo mejor: el pad thai. Se trata de un popular plato salteado en wok a base de noodles de arroz combinados con otros ingredientes como soja, gambas, pollo, tofu, cacahuetes y cilantro.

Lo peor: ver detalles que recuerdan el horror que vivió el Sudeste Asiático. Dentro de unas semanas se cumplirán 10 años del terremoto de Sumatra-Andamán que causó la muerte de 230.000 personas en una quincena de países. Debido a la orografía de Koh Phi Phi Don, rodeada de acantiladas pero llana y estrecha en el centro (donde vive la mayor parte de su población), fue una de las zonas más afectadas de Tailandia. Se calcula que un 25% de la población de la isla murió, aunque nunca llegaron a recuperarse la mitad de los cuerpos. 10 años después apenas queda rastro del desastre, más allá del dolor de los que perdieron a sus seres queridos o de los carteles de evacuación con los que, de vez en cuando, uno se topa.

La foto: echaremos de menos estas aguas turquesas, transparentes y cálidas. No paramos de imaginar como era Koh Phi Phi cuando nadie la conocía, cuando era virgen, salvaje e insoportablemente precisosa.

 

Día 58: Koh Phi Phi, Tailandia

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Hoy ha sido el gran día. Ya comenzábamos a temernos que no llegaría.

Lo mejor: saltar al mar desde el longtail, nadar hasta un acantilado de Phi Phi Leh, trepar por una cuerda, cruzar la jungla y llegar a Maya Bay a primera hora, prácticamente solos. Y todo lo demás: bañarnos en las aguas turquesa de la laguna Pileh, ver cómo la vida rebosa alrededor del coral, hacer snorkel rodeados de centenares de peces de colores, navegar hasta las islas Bamboo y Mosquito, que el sol haya salido al fin de su escondite…

Lo peor: el exceso de humanidad; la basura que las corrientes arrastran hasta Maya Bay, los restos de coral muerto en Mosquito Island, la invasión de turistas chinos en Bamboo Island, con sus flotadores ridículos incluso cuando están en la playa… Koh Phi Phi es una maravilla de la naturaleza que necesita urgentemente que la dejen en paz.

La foto: Maya Bay. Phi Phi Leh y sus acantilados de piedra caliza esconden una playa en su interior, una playa cuya belleza será su perdición. Saltó a la fama gracias a (o por culpa de) la película The Beach (Danny Boyle, 2000), y desde entonces todos nos hemos creído con derecho a poseer un pedacito de ella. Ahora, durante el día sus aguas están llenas de barcos y su arena desbordada de gente y, por desgracia, cada vez son menos los momentos en los que es posible estar a solas con ella.

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Día 57: Koh Phi Phi, Tailandia

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Hoy teníamos previsto hacer una excursión para explorar todo el archipiélago. Ayer acordamos con una pareja de italianos alquilar un longtail  (‘barca de popa larga’) y salir muy pronto por la mañana hacia las islas para evitar así los tours.

Lo mejor: meter los pies en un tanque con mil pececillos garra rufa succionándolos como locos. Resulta imposible parar de reír por culpa de las cosquillas, especialmente cuando deciden explorar entre los dedos.

Lo peor: recibir plantón de los italianos. Se han despertado, han visto que no hacía sol y han decidido seguir durmiendo. Afortunadamente, gracias a ello nos hemos ahorrado la fuerte tormenta tropical de media mañana. Si los italianos llegan a presentarse nos habría cogido de lleno en Phi Phi Leh, sin lugar alguno donde resguardarnos.

La foto: la tormenta sobre Phi Phi Leh vista desde Hat Yao (Long Beach). Es curioso porque a pesar de que el cielo estaba completamente tapado, el color del agua seguía siendo de un azul turquesa muy intenso.

 

Día 56: Koh Phi Phi, Tailandia

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Koh Phi Phi es un pequeño archipiélago compuesto por seis islas: Koh Phi Phi Don (la más grande y la única habitada), Koh Phi Phi Leh (la más famosa y visitada por ser el lugar donde se rodó la película The Beach, con Leonardo DiCaprio), Koh Yung (Mosquito Island), Koh Mai Pai (Bamboo Island), Bida Nok y Bida Nai (tan pequeñas que muchos ni las cuentan).

Lo mejor: el romanticismo de encontrarnos en uno de los archipiélagos más hermosos del mundo.

Lo peor: la descontrolada expansión de las infraestructuras hoteleras en Phi Phi Don para poder albergar a tanta demanda turística. Afortunadamente, el archipiélago forma parte de un parque nacional y el resto de islas están protegidas.

La foto: torneo de pesca en Phi Phi Don. Había mucha expectación entre los lugareños, para quiénes sin duda se trataba de un evento importante. Incluso han asistido un par de celebridades locales -dos pescadores que han sido aplaudidos al llegar-. A pesar de que había muchos trofeos, si lo hemos comprendido bien el ganador del torneo ha sido el que ha pescado un pez espada de 22 kilos.

Día 55: Mar de Andamán, Tailandia

© 2014 Miss Fogg

Dejamos atrás a los escaladores tatuados de Railay en busca de las famosas Koh Phi Phi.

Lo mejor: ver desfilar islas selváticas con playas desiertas desde la proa del barco.

Lo peor: la falta de discreción y las ganas de llamar la atención de determinados turistas españoles.

La foto: en ocasiones, el azul del cielo se funde con el azul del mar, el horizonte se vuelve difuso y resulta difícil saber con exactitud dónde comienza uno y termina el otro.

 

Día 54: Ray Leh, Tailandia

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En las islas los días fluyen lentamente, sin prisa, hasta hacerte perder la noción del tiempo. Si no fuera por las puestas de sol no sabríamos si llevamos aquí unas horas o unas semanas.

Lo mejor: las previsiones meteorológicas erróneas. Si les hubiésemos hecho caso, no estaríamos aquí. Según ellas, iba a haber tormentas tropicales sin tregua durante la próxima quincena. En cambio, el sol no ha dejado de brillar desde que estamos en las playas del sur.

 Lo peor: los mosquitos. Son grandes, abundantes y no tienen compasión. Al atardecer nos bañamos en citronela para frenar sus ataques.

La foto: precioso langur de anteojos que ha venido a curiosear cerca de nuestro bungalow. Lo más llamativo de él son los ojos (parece que lleve un antifaz) y la cola (larguísima, puede llegar a medir 80 cm).

 

Día 53: Ray Leh, Tailandia

© 2014 Miss Fogg

Segundo día en Ray Leh. Si esto no es el paraíso, no debe de andar muy lejos. Dónde están las hordas de turistas de las que tanto habíamos oído hablar? Aquí, desde luego, no.

Lo mejor: escalar a través de roca caliza, selva y lianas hasta alcanzar un lugar elevado desde dónde divisar la curiosa forma (de hueso) de Railay.

Lo peor: intentar llegar hasta una laguna escondida en medio de la jungla y no conseguirlo. En condiciones normales ya es una bajada complicada pero, si ha llovido, la tierra se convierte en un barro rojizo, pringoso y resbaladizo bastante peligroso.

La foto: la playa de Phra Nang frente a Koh Nok -la Isla de la Fertilidad-. Cuenta la leyenda que una princesa del mar, llamada Phra Nang, habitó estas tierras y, al morir, dejó su espíritu unido a la tierra y se alojó en una gran cueva que socava la montaña más alta. Y dio nombre a esta playa que, con su arena impecable, sus aguas turquesas, sus formaciones rocosas y sus cuevas escondidas, es considerada una de las más hermosas del mundo. Bañarse en ella es increíble, pero hacerlo totalmente solos… no tiene precio.

 

Día 52: Rai Leh, Tailandia

© 2014 Miss Fogg

Rai Leh, más conocida como Railay, es una pequeña península en el mar de Andamán. Es casi como una isla, pues al estar rodeada de acantilados de la característica piedra caliza de la zona solo se puede llegar hasta ella por mar.

Lo mejor: alojarnos en un bungalow en medio de la selva, de sus silencios durante el día y de sus abrumadores ruidos durante la noche. Dormir rodeados de gritos de monos, ululares de búhos, croares de ranas, chirridos de grillos y cientos de animales que se unen en una auténtica sinfonía.

Lo peor: la recepcionista de nuestro hotel. No entraré en detalles pero ha conseguido que me registre en tripadvisor solo para poder desahogarme. Afortunadamente, el hotel está muy bien, y es asequible porque aún estamos en temporada baja (a partir del 31 de octubre los precios se multiplican).

La foto: puesta de sol en la preciosa playa Railay West. Estábamos prácticamente solos disfrutando de este momento -más allá de algunos chicos locales lanzándose un frisbee-, en el que cada segundo aparecía un color nuevo en el cielo.

 

Día 51: Krabi, Tailandia

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El monzón en la costa este nos ha obligado a avanzar nuestra entrada a Tailandia. Primera parada: las playas del sudoeste. El reto: huir de la gente. La amenaza: la previsión meteorológica. Pero nada puede apagar nuestro ánimo porque… ¡estamos en Tailandia!

Lo mejor: pasar el día planificando nuestros próximos pasos en el tranquilo pueblo de Krabi, un lugar agradable, con pequeños comercios y una amplia población musulmana. La mayoría establece Ao Nang (también conocido como Thai Benidorm) como punto de partida, principal razón para no hacer lo mismo.

Lo peor: el aire acondicionado de los aviones. Imposible evitar el resfriado.

La foto: templo de Wat Kaewkorawaram. Paseando por Krabi en busca de un lugar para comer, hemos topado con este llamativo templo budista. A pesar de ser bastante nuevo, está cuidado y destaca notablemente en medio de este pueblo de unos pocos miles de habitantes.