Indonesia

Día 137: Bromo, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Indonesia, y en especial Java, se encuentra en el Cinturón de Fuego del Pacífico, la zona de mayor actividad volcánica del mundo. El origen de Java es totalmente volcánico, y en su superficie se levantan más de cien. Hoy visitamos el más famoso y uno de los más activos: Gunung Bromo.

Lo mejor: la falta de seguridad alrededor del volcán. Lo que en otros países estaría prohibido, aquí no lo está. Puedes pasear sin límites alrededor del borde del cráter o bajar corriendo por una de las laderas exteriores por pura diversión sin que nadie te diga nada. Y digo que es lo mejor porque es lo que nos ha permitido verlo bien por dentro.

Lo peor: el gas volcánico. El humo se te mete dentro y te quema la garganta. Cuando el viento sopla en contra no puedes respirar y los ojos escuecen.

La foto: las entrañas del Bromo. Por fuera el volcán no llama mucho la atención, pero por dentro es como estar frente a un túnel que te lleva directo al centro de la tierra, como en la novela de Julio Verne. En los últimos dos siglos ha entrado en erupción más de cincuenta veces.

 

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Día 136: Bromo, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Hasta nunca, Surabaya. Con o sin tu permiso, nos vamos a ver los volcanes Al este de Java, un lugar que me hace pensar en mi madre.

Lo mejor: ser recibidos por una bonita puesta de sol tras los volcanes de la caldera del extinto volcán Tengger. Dentro del gigantesco cráter de dieciséis kilómetros de diámetro se han ido formando cinco nuevos volcanes más pequeños, entre los cuales destacan el Bromo (el más famoso de Java) y el Semeru (el más alto).

Lo peor: el viaje. Buses sin aire acondicionado que se estropean y te dejan tirado a medio camino, furgonetas que no salen hasta que no están llenas (o pagas por aquellos pasajeros ausentes), motoristas que te acosan para intentar llevarte, conductores que fuman, juegan con el móvil y apagan el aire acondicionado cuando creen que no miras… Indonesia no es tan turística como el resto del sudeste asiático, y todo cuesta más.

La foto: levantarse lo suficientemente pronto como para ver el amanecer es duro, pero a menudo tiene su recompensa.

Día 135: Surabaya, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Con cierta tristeza, dejamos atrás Borneo para regresar a Java. Y desde el mismo avión echamos ya de menos a los orangutanes.

Lo mejor: tomarnos un pequeño respiro en Surabaya antes de seguir en dirección a los volcanes del este. Nos esperan por delante unos cuantos días de fuertes madrugones.

Lo peor: Surabaya. Esta ciudad tiene bien poca gracia. Por no decir que es fea.

La foto: adiós, Borneo. Hasta pronto.

 

Día 134: Borneo, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Último día para disfrutar del privilegio de ver al orangután en su hábitat natural. Hoy quedan a penas unos 50.000 orangutanes de Borneo y unos 7.000 orangutanes de Sumatra en libertad.

Lo mejor: la emoción de intentar avistar animales salvajes en el río y la jungla. Desde el mono narigudo, el gibón de manos negras y el macaco cangrejero hasta el martín pescador y el cálao cariblanco, pasando por el cocodrilo marino. Y de noche salimos a ver serpientes, hormigas gigantes, plantas carnívoras y tarántulas.

Lo peor: si no cambian las cosas, en diez o veinte años los orangutanes salvajes se extinguirán. La tala ilegal, los incendios y la industria del aceite de palma están destruyendo su hábitat natural, incluso en los parques naturales y los espacios protegidos. A ello hay que sumarle la caza, el tráfico de crías (la única manera de separar a una cría de su madre es asesinando a la madre), la venta a zoológicos o el comercio de carne en el mercado negro.

La foto: Beky y su cría. Esta hembra joven no tiene una buena posición jerárquica; se la ve inquieta e insegura. Deberá esperar a que el macho y las hembras dominantes coman antes de poder alimentarse ella. Beky ha tenido su primera cría a los catorce años. La pequeña tiene un año y cuatro meses y permanecerá junto a su madre hasta los siete u ocho. La tasa de mortalidad infantil es elevada, por lo que esperarán a que sea algo mayor para darle un nombre.

Día 133: Borneo, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Es de noche aún y en la jungla el estruendo de los insectos es ensordecedor. De pronto, oímos el característico ruido lento de hojas moviéndose y de ramas rompiéndose. Kacong se está despertando. Aguantamos la respiración. Con cara de sueño baja a desayunar antes de volver a desaparecer al abrigo de las copas altas. Hoy remontamos el río Sekonyer, también conocido como el río de los cocodrilos. Sus aguas son negras por los sedimentos de los árboles. Y están infestadas de reptiles.

Lo mejor: acariciar los largos dedos de Úrsula, una dulce hembra de ocho años. La mirada de un orangután salvaje te traspasa y se te clava para siempre.

Lo peor: la lluvia. Estamos en plena estación de monzones y por la tarde cae el diluvio universal. En la selva no hay donde guarecerse, y los pobres orangutanes como Nirvana, un macho de nueve años, fabrican paraguas de hojas para protegerse la cara (y, sobre todo, la nariz).

La foto: Camp Leaky. La doctora Biruté Galdikas fundó en 1971 este campamento para el estudio y la reintroducción de orangutanes. En él se acogen a ejemplares excaptivos, heridos o huérfanos para ser rehabilitados y reintroducidos en su hábitat natural. La doctora Galdikas, Jane Goodall (especialista en chimpancés) y Dian Fossey (especialista en gorilas) son los tres referentes mundiales en etoprimatología. Gracias a personas como ellas que han dedicado (y entregado, en el caso de Fossey) sus vidas a la conservación de los grandes simios, aún queda una tenue esperanza para ellos en este mundo.

 

Día 132: Borneo, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Comienza la aventura a bordo de un kelotok, la embarcación típica de la zona y nuestro hogar durante los próximos tres días. Salimos desde el río Kumai para adentrarnos en la jungla del parque nacional Tanjung Puting, que alberga la población de orangutanes salvajes más grande del mundo.

Lo mejor: Toris, nuestro guía. Lo sabe todo, lo ve todo, lo oye todo, lo predice todo, lo explica todo. Descalzo por la jungla y con una sonrisa permanente en los labios, es capaz de ver un cocodrilo camuflado, identificar una especie de pájaro al vuelo, oir un gibón a kilómetros, decir el nombre y la edad de cualquier orangután y predecir sus comportamientos.

Lo peor: los mosquitos. Son muchos, enormes y extremadamente pesados. Por la noche su zumbido constante en los oídos es insoportable. Incluso los orangutanes están hartos.

La foto: Kacong, un precioso macho no dominante de veintitrés años. Cuando ya regresábamos al kelotok tras haber visto algunas hembras con sus crías, Kacong nos ha interceptado. Los machos son casi el doble de grandes que las hembras y, a partir de los dieciocho años, se desarrollan unas almohadillas en cada lado de su cara. Hemos seguido a Kacong durante más de una hora hasta que ha comenzado a anochecer. Entonces ha escogido un árbol alto, lo ha escalado y en su cima ha construido un enorme nido en el que pasar la noche. Y ahora estamos durmiendo a unos pocos metros de él para poder ver cómo despierta mañana.

 

Día 131: Borneo, Indonesia

 © 2015 Miss Fogg

Viajamos a Kalimantan para intentar ver al orangután de Borneo, uno de los animales más fascinantes y a la vez más amenazados de este planeta.

Lo mejor: volver a estar en un lugar muy poco turístico. La gente nos saluda por la calle, nadie intenta vendernos nada y los niños nos siguen para jugar con nosotros.

Lo peor: Karlstar Aviation. Esta compañía aérea de pacotilla cambia los horarios de los vuelos y cuela escalas no previstas sin inmutarse. Nadie habla inglés, no piden pasaporte y los billetes de avión son pedazos de papel escritos a mano.

La foto: niñas musulmanas en clase de árabe y religión. Tanto ellas como los niños estaban más pendientes de nosotros que del Corán. Al principio eran tímidos, pero se han ido acercando poco a poco hasta terminar encima nuestro para ver las fotos que les habíamos hecho. Para despedirse han formado una fila para, uno a uno, rozar el dorso de nuestra mano contra su cara en señal de respeto.

 

Día 130: Yogyakarta, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Hoy hemos explorado los alrededores rurales de Yogyakarta mientras esperamos, impacientes, a que llegue mañana.

Lo mejor: la sonrisa que se dibuja en los rostros de la gente al oír que somos de Barcelona. Indonesia es uno de los países con más culés del mundo, lo cual nos pone las cosas más fáciles.

Lo peor: la moda masculina. Los hombres llevan camisas con unos estampados florales terribles.

La foto: campesina plantando arroz. Hemos entrado en una terraza para ver todo el proceso de cerca. Doce mujeres y un hombre sembraban una a una las plantas de arroz en un bancal inundado, creando líneas verdes perfectas. Caminaban descalzos por el barro con el agua hasta las rodillas.

Día 129: Yogyakarta, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Seguimos en Java, la isla más poblada del mundo.

Lo mejor: los templos de Prambanan. Los más de doscientos candi (‘templos’) del complejo están dedicados a los tres dioses mas importantes del hinduismo: Brahma, Visnu y Shiva.

Lo peor: las nubes que han atrapado al volcán Merapi (‘Montaña de Fuego’) y se han negado a soltarlo. Tal y como se aprecia en la imagen, a pesar de lo mucho que se ha acercado nuestro Jeep no hemos conseguido ver su forma cónica.

La foto: rastro de destrucción del volcán Merapi. Cada cuatro años entra en erupción, lo que lo convierte en el volcán más activo de Indonesia. La del 2010 fue especialmente violenta, dejando 272 muertos, 412 desaparecidos y más de 4.000 desplazados. Los cañones creados por las lenguas de lava son muy profundos, y aún pueden verse restos de casas calcinadas, objetos derretidos o deformados y huesos de animales.

 

Día 128: Dieng, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Dieng (‘Morada de los Dioses’) es una meseta que se formó por la erupción del volcán Prau. Está bastante lejos de Yogyakarta y mal comunicado, pero los paisajes que hemos visto han hecho que el esfuerzo merezca la pena.

Lo mejor: presenciar una extraña competición colombófila. Las palomas macho son lanzadas al aire y tienen que recorrer un kilómetro para encontrar a sus hembras. La más rápida y precisa gana.

Lo peor: la terrible humedad. Mi pelo está a punto de declararse en huelga indefinida.

La foto: cráter de Sikidang. El agua hirviendo se mezcla con el barro y burbujea sin cesar dentro de su gran cráter. Las chimeneas de azufre inundan el lugar, llenando el aire de humo blanco y de un fuerte y penetrante olor.

 

Día 127: Yogyakarta, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Madrugón importante para ver la salida del sol.

Lo mejor: el amanecer desde Setumbu Hill, una colina cerca del Templo de Borobudur. A pesar de que la niebla nos ha ocultado el templo, ha hecho que el paisaje fuera aún más espectacular.

Lo peor: mujeres demasiado mayores trabajando. Me pongo muy triste al ver cuanto les cuesta moverse. A veces se acercan para venderte unos plátanos o unos cacahuetes por unas pocas rupias, con una sonrisa triste. Y compro.

La foto: templo de Borobudur. Esta colosal estupa piramidal es el monumento budista más grande del mundo. Fue construido entre los años 750 y 850 para ser abandonado en el siglo XIV, cuando Indonesia se convirtió al Islam.

 

Día 126: Yogyakarta, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

 Primer día en Jogja, como aquí la llaman.

Lo mejor: el restaurante de Sri. Esta anciana entrañable cocina para nosotros unos nasi goreng y mie goreng deliciosos.

Lo peor: organizar los próximos días. La mayoría de atractivos de Yogyakarta están en sus afueras, y tener que negociar con agencias y taxistas no está siendo nada fácil.

La foto: danza javanesa en el Kraton. En el Palacio del Sultán, custodiado por ancianos, se representan toda clase de artes escénicas. Esta danza, que incluye narraciones de poémas épicos, es refinada y elegante. Sus movimentos son lentos y precisos, y su sofisticación se asocia al mundo de las cortesanas. Yogya es la única ciudad de Indonesia con un sultanato.

 

Día 125: Java, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Hoy hemos cruzado media isla de Java en tren hasta Yogyakarta, capital cultural de Indonesia.

Lo mejor: mirar por la ventana. Y ver como desfilan pueblos escondidos entre palmeras, niños corriendo para saludar el tren, volcanes lejanos y, por supuesto, arrozales verdes infinitos. Porque el verde es el color de Java.

Lo peor: no poder cerrar los ojos para descansar. Porque entonces te pierdes todo lo que pasa fuera.

La foto: siembra de arroz a mano. La agricultura irrigada monzónica es el sistema utilizado en el sudeste asiático, donde se aprovecha la lluvia que cae durante los monzones. A pesar de tratarse de un modelo intensivo de baja productividad, pues requiere mucho trabajo a mano y muchos trabajadores, es lo que permite a estos países alimentar a su gran población.

 

Día 124: Yakarta, Indonesia

© 2015 Miss Fogg

Y, por fin, llegamos a Indonesia.

Lo mejor: cruzar la capital a dos mil por hora a bordo de un tuk-tuk destartalado por 40.000 rupias (menos de tres euros). Peligroso, pero muy divertido.

Lo peor: el vuelo. Cuando estábamos a punto de despegar de Singapur, se ha estropeado un motor. Han intentado arreglarlo pero el panorama debía de estar muy mal porque nos han hecho bajar del avión. Al final, tres horas más tarde, hemos tenido que coger otro avión.

La foto: plaza Taman Fatahillah, en Kota Tua. El barrio colonial holandés, antiguamente llamado Batavia, es un oasis dentro del caos que es Yakarta. La plaza está llena de música, de risas y de juegos. Aquí hemos rememorado un atisbo de aquella hospitalidad tan especial que sentimos en Isfahán (Irán). La gente nos sonreía y se acercaba para charlar o hacerse alguna foto con nosotros. En la imagen, Oriol tras haber sido entrevistado por seis chicos encantadores para un trabajo escolar. Yakarta no es una ciudad turística, y se nota.