Chile

Día 264: Puerto Natales, Chile

© 2015 Miss Fogg

Crónicas patagónicas. I- La puerta.

No sabemos nada. Decidimos ayer mismo venir a la Patagonia y no tenemos ni idea de por donde empezar. Llegamos a Punta Arenas y de allí viajamos a Puerto Natales, la puerta de entrada al parque nacional Torres del Paine, en la región de Magallanes y de la Antártica Chilena. Recorremos el pueblo de arriba a abajo, preguntando, escuchando, contrastando. Cada uno nos dice lo que le interesa, hasta que topamos con la persona adecuada que nos ilumina. Es temporada baja, el tiempo es extremo e imprevisible, los transportes hasta y dentro del parque son muy limitados y la mayoría de refugios están cerrados. Pero no nos amedrentamos: nos ha costado mucho llegar hasta el fin del mundo y un poco de frío no nos va a detener ahora.

Día 263: Valparaíso, Chile

© 2015 Miss Fogg

Hoy ha sido un día crítico. Desde el principio del viaje teníamos en mente bajar hasta la Patagonia y Tierra del Fuego. Sin embargo, estas últimas semanas nos hemos cruzado con viajeros que nos advertían que se acercaba el invierno, que los parques naturales cerraban y que hacía ya demasiado frío. Así que, muy a nuestro pesar, habíamos tomado la decisión de dejar el Cono Sur para otro viaje y poner ahora rumbo al este. Y hoy caminábamos por Valparaíso tristes: tener las Torres del Paine y el Perito Moreno tan cerca y no poder verlos. Pero es una locura: la mayoría de transportes y refugios están cerrados, de noche las temperaturas caen bajo cero y pocos insensatos se atreven a ir. Lo lógico es ir hacia el norte, buscar el buen tiempo. Así que, hemos decidido hacer lo contrario y mañana volamos a la Patagonia. Y así es como los dos tristes sensatos se han convertido en dos locos felices.

Lo mejor: observar cómo una pequeña colonia de lobos marinos pasa las horas en la caleta Portales. Es como asistir a un ballet: unos salen del agua, otros entran gracilmente, algunos toman el sol, o se persiguen, o se pelean, o se gruñen, o se muerden…

Lo peor: que cada cien metros alguien nos pare para decirnos que guardemos la cámara porque nos la van a robar.

La foto: mural de camino a “La Sebastiana”, la casa con vistas al mar que Pablo Neruda compró en cerro Bellavista.

Día 262: Valparaíso, Chile

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El legendario escritor chileno Pablo Neruda se enamoró de Valparaíso. Escribió una oda inspirada en el terremoto que prácticamente destruyó la ciudad en 1906, y algunas paredes aún recitan sus versos: “Valparaíso,
 qué disparate 
eres, 
qué loco, 
puerto loco, 
qué cabeza 
con cerros, 
desgreñada, 
no acabas 
de peinarte, 
nunca 
tuviste 
tiempo de vestirte, 
siempre 
te sorprendió 
la vida”. 

Lo mejor: pasear por el centro, laberíntico, caótico, colorido, destartalado y bohemio.

Lo peor: oír cómo los latinoamericanos le echan la culpa al país de encima en temas de delincuencia local. Los chilenos acusan a los bolivianos, los bolivianos a los peruanos, los peruanos a los ecuatorianos, los ecuatorianos a los colombianos y los colombianos a los venezolanos.

La foto: pared del hostal en el que nos alojamos, en Cerro Alegre. Aquí todo son callejuelas sinuosas, paredes con graffittis, escaleras empinadas, funiculares antiguos y casas de colores.

 

Día 261: Santiago, Chile

© 2015 Miss Fogg

De todas las ciudades de América del Sur en las que hemos estado, de momento Santiago es la que tiene más similitudes con una ciudad europea cualquiera.

Lo mejor: cuando una cosa lleva a la otra. Paseábamos admirando los numerosos murales y arte callejero de Santiago, pero hemos topado con un chico que explicaba la historia de la capital a un grupo de gente. Lo que contaba nos ha parecido interesante así que lo hemos seguido un rato, hasta que hemos escuchado música. Hemos cambiado de rumbo y nos hemos hecho pasar por fotógrafos para poder acercarnos a la banda militar que tocaba. Mientras la seguíamos, la policía antidisturbios ha cruzado la plaza corriendo. Obviamente hemos ido a curiosear: había una manifestación estudiantil frente al Ministerio de Educación. Y así todo el día.

Lo peor: el estado descuidado de muchos edificios coloniales. Hay casas preciosas, pero la pintura está destrozada, las fachadas llenas de cables o aires acondicionados, las ventanas rotas… Una lástima.

La foto: celebración conjunta Chile-Argentina del aniversario de la independencia de ambos países. La ceremonia ha tenido lugar frente al Palacio de la Moneda, donde se refugió y suicidó el presidente Salvador Allende durante el golpe de Estado de 1973 comandado por el futuro dictador Augusto Pinochet.

 

Día 260: Santiago, Chile

© 2015 Miss Fogg

Después de un largo y plácido viaje llegamos a Santiago, la capital de Chile.

Lo mejor: reencontrarnos con mi primo Óscar, santiaguino adoptivo y nuestro guía durante unas horas.

Lo peor: no encontrar alojamiento. En el primer hostal en el que hemos entrado nos han dicho que el check-in era por la noche, y en los dos siguientes que el precio era de ocho mil pesos por tres horas. Aquí han comenzado nuestras sospechas de que no estábamos llamando a las puertas adecuadas.

La foto: ventanales del Mercado Central. Este bonito mercado fue inaugurado hace 142 años y es el segundo lugar más visitado de la ciudad después de la Catedral.

 

Día 259: Desierto de Atacama, Chile

© 2015 Miss Fogg

Dejamos atrás el desierto de Atacama y seguimos nuestro viaje hacia el sur.

Lo mejor: los colores del desierto. Van cambiando en función del momento del día: hoy durante el amanecer ha dominado la calidez de los tonos amarillos, al mediodía la intensidad de los colores rojizos se ha hecho patente mientras que al atardecer las cumbres se han teñido de tonos rosados y violáceos.

Lo peor: no encontrar vuelos baratos a Santiago y tener que emprender un viaje de veinticuatro horas en bus.

La foto: zorro culpeo. Este precioso animal tiene una gran capacidad de adaptación, lo que le ha permitido habitar y sobrevivir uno de los lugares más inhóspitos del planeta.

 

Día 258: San Pedro de Atacama, Chile

© 2015 Miss Fogg

El desierto de Atacama es uno de los mejores lugares del planeta para observar el cielo nocturno, por su altura respecto al nivel del mar, su escasa nubosidad, su falta de humedad y la ausencia de contaminación lumínica.

Lo mejor: recibir una clase de astronomía. San Pedro es sede de numerosos observatorios y residencia de muchos astrónomos y astrofísicos. A través de sus telescopios, hemos podido observar de cerca la Luna, Júpiter, Saturno, el cúmulo estelar Joyero, la nebulosa Tarántula…

Lo peor: que un astrofísico conspiranoico intente convencernos que la Luna es demasiado perfecta para ser natural, que la NASA intenta ocultar fotos y vídeos que demuestran la presencia de alienígenas y que nuestro planeta está rodeado de naves espaciales.

La foto: brazo de Orión, con la constelación Cruz del Sur en el centro. Lo que muchos llaman la Vía Láctea es en realidad uno de los brazos espirales de nuestra galaxia. Y la Vía Láctea es el nombre de esta galaxia en la que se encuentra nuestro Sistema Solar. Se estima que su diámetro medio es de 150.000 años luz, y que contiene entre 200.000 millones y 400.000 millones de estrellas.

 

Día 257: San Pedro de Atacama, Chile

© 2015 Miss Fogg

Y llegamos a Chile, un país con una de las formas más reconocibles del mundo: mide 4270 kilómetros de largo pero su ancho medio es tan solo de 177 kilómetros.

Lo mejor: pasear por San Pedro de Atacama. Hay calles que parecen sacadas del far west, con el suelo de tierra y casas de una planta construidas a base de adobe. Esta comuna situada en tierras indígenas es la puerta de entrada a uno de los desiertos más grandes y áridos del mundo: el desierto de Atacama.

Lo peor: los precios. Viniendo de Bolivia han supuesto un latigazo especialmente seco. Chile es caro, con precios europeos en muchos casos.

La foto: Valle de la Luna. Este espectacular paraje desértico es producto de miles de años de erosión provocada por el viento y el agua. El nombre no podía ser más acertado: la sensación es de estar caminando por la superficie de la Luna.