Día 334: Paraty, Brasil

© 2015 Miss Fogg

Paraty es otra de las ciudades coloniales fundadas a raíz de la fiebre del oro en Minas Gerais. Pero, contrariamente a Ouro Preto o Tiradentes, se construyó una aldea costera con la finalidad de embarcar los tesoros dirección a Portugal. Durante años, los burros salieron desde Ouro Preto cargados de oro para recorrer por el Caminho Velho do Ouro los 1.200 kilómetros que la separan de Paraty. Cuando el oro se agotó, la ciudad permaneció escondida en una bahía durante años, silenciosa e intacta, para ofrecernos hoy un centro histórico mágico.

Lo mejor: perderse por sus preciosas calles, con sus casas coloniales perfectamente conservadas. Está prohibido por ley modificar la estructura exterior y la fachada de las casonas, con sus paredes blancas y los marcos sus puertas y ventanas de colores vivos azul marino, amarillo ocre y verde inglés.

Lo peor: el empedrado. Los desniveles aquí son tan exagerados que tienes que caminar muy concentrado mirando el suelo para no torcerte un tobillo. En cuanto te distraes y levantas la cabeza para admirar la ciudad (lo cual sucede a menudo)… ¡zas! tropiezo asegurado.

La foto: Paraty está rodeada de océano y ríos, y fue proyectada teniendo en cuenta el flujo de las mareas. Sus calles se inundan periodicamente porque así lo decidieron en el pasado: de esta forma las mareas limpiaban las calles, lugar donde antaño terminaban todos los desperdicios.

 

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