Día 304: Cabo Polonio, Uruguay

© 2015 Miss Fogg

Último día en nuestro paraíso terrenal. Aún no nos hemos ido y ya lo echamos de menos.

Lo mejor: que los animales de Cabo Polonio se turnen para que no estemos nunca solos. Como Gumersindo (el gato de Marta), Sasha (su perra) y muchos otros perros del pueblo.

Lo peor: ser atacados por un caballo. Primero ha intentado morderme la pierna y luego casi se come a Gumersindo.

La foto: faro de Cabo Polonio. Antes de su construcción hace 134 años, marineros y piratas temían estas aguas que consideraban malditas ya que muchos barcos, fragatas y galeones naufragaron. Se dice que uno de los primeros fareros trabajaba acompañado de su mujer embarazada. El día en que se puso de parto el farero salió en busca de una partera, pero una tormenta lo retuvo casi una semana fuera de casa. Durante esos días la mujer, con el hijo ya nacido, continuó subiendo los 132 escalones para encender el faro cada día.

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