Día 302: Cabo Polonio, Uruguay

© 2015 Miss Fogg

Tras media hora atravesando dunas y rebotando dentro de un enorme camión llegamos, al fin, a Cabo Polonio. Es de noche, la única luz que hay es la de la luna llena así que no vemos dónde estamos. El suelo es de arena y cuesta caminar.

Lo peor: la calidad de los hostales. Preguntando a unas siluetas hemos llegado a un par de albergues situados a unos metros de dónde nos ha dejado el camión. Las habitaciones eran pequeñas, oscuras, deprimentes y caras.

Lo mejor: oir de pronto una vocecita en la oscuridad diciendo “Yo tengo una pequeña cabaña para dos”. El precio que nos ofrecía es la mitad de lo que piden los hostales, así que dudamos. Pero acabamos siguiendo a Marta, la propietaria de la voz, y en unos minutos llegamos a la casita. Al abrir la puerta no podemos creer lo que vemos. El interior es de madera, extremadamente acogedor, y tiene de todo, incluso una pequeña cocina. Las paredes, las estanterías y los rincones están cuidadosamente decorados con objetos del mar. La suerte nos ha sonreído esta vez. 

La foto: esta es la enorme luna llena que nos ha recibido en Cabo Polonio. Y la única fuente de luz que hemos tenido hasta encontrar nuestra cabaña de cuento de hadas.

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