Día 254: Salar de Uyuni, Bolivia

© 2015 Miss Fogg

Seguimos disfrutando de uno de los paisajes más impresionantes del mundo. Es curioso cómo funciona el cerebro humano, cómo intenta buscar similitudes con paisajes que le son familiares. Para nosotros la sensación es la de estar en la nieve así que, de vez en cuando, tenemos que recordarle que a pesar del color y de la textura esto nada tiene que ver con ella.

Lo mejor: dormir en un hotel de sal. Nos ha parecido una experiencia curiosa, pues todo está construido a base de sal: las paredes, el suelo, las mesas, los bancos, las camas…

Lo peor: las mentiras. En Bolivia nos han mentido de forma reiterada. Y lo más triste es que olvidan sus propias mentiras, así que resulta muy fácil descubrirles. Cuando eso sucede, no saben como reaccionar y la escena suele ser bastante patética: a veces se esconden detrás de un objeto (de un libro, por ejemplo), otras veces llaman a alguien que pase por allá, lo ponen delante nuestro mientras escapan, o también se quedan mirando fijamente el suelo sin responder, esperando a que nos cansemos y nos vayamos.

La foto: puesta de sol en el salar. Durante la temporada seca, la superficie se endurece y las partículas de sal aglomeradas forman millones de polígonos. Me encanta pisar las líneas y escuchar el crujido.

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