Día 243: La Paz, Bolivia

© 2015 Miss Fogg

Una vez asumido que La Paz es como muchas otras ciudades grandes y que simplemente necesitamos implementar las precauciones habituales, comenzamos a vivirla y a disfrutarla sin temor.

Lo mejor: pasear por la pequeña calle Jaen. Es sin duda una de las calles más bonitas y tranquilas de la ciudad, con sus casitas coloniales de colores perfectamente conservadas.

Lo peor: el Mercado de las Brujas. A muchos les puede parecer exótico, o místico, o cualquier otra tontería. Pero en realidad es grotesco: sus tiendas exhiben orgullosas decenas de fetos de llama disecados. Los amontonan o cuelgan de cuerdas en distintos estados de gestación. Me cuesta mucho creer que todos sean producto de abortos naturales, tal y como afirman las vendedoras. ¿Y por qué los venden? Por motivos supersticiosos: la gente cree que conseguirá buena suerte enterrándolos o quemándolos. Muy lógico.

La foto: plaza Murillo, frente a la catedral. Es la plaza principal de la ciudad y se nota. Se respira muy buen ambiente y hay gente a todas horas: niños dando de comer a las palomas, señoras vendiendo su mercancía, ejecutivos tomando un descanso, grupos de jóvenes riendo… y un par de catalanes haciendo fotos.

 

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