Día 227: Valle Sagrado, Perú

© 2015 Miss Fogg

Esta noche dejaremos atrás a los incas, con sus valles, sus montañas, sus caminos y sus piedras. Viajaremos en bus nocturno hacia nuestro próximo destino: Arequipa.

Lo mejor: los restos arqueológicos de Moray. Lo que a primera vista parece un anfiteatro de césped, en realidad son unas terrazas que los incas dispusieron en círculos concéntricos. Se cree que fue un centro de investigación agrícola; las terrazas interiores tienen temperaturas más altas que se reducen gradualmente hacia el exterior, a medida que los círculos crecen y se sitúan a más altura. De esta forma, en una zona relativamente reducida los incas podían simular hasta veinte tipos diferentes de microclimas, posibilitando una mayor adecuación de sus cultivos.

Lo peor: no tener espacio en la mochila. La sal de Maras es uno de los recuerdos que nos habríamos llevado en un viaje más convencional.

La foto: salineras de Maras. Las minas de sal del cerro Qaqawiñay están compuestas por unas 4.500 pozas de agua salada. De ellas se extrae la preciada y sabrosa sal de Maras, cuyos granos rosados, gruesos y rústicos no pasan por un proceso de refinación, sino que se obtienen por evaporación solar.

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