DÍA 101: Phnom Penh, Camboya

© 2014 Miss Fogg

Hoy nos hemos sumergido en el pasado reciente de Camboya a través dos lugares escalofriantes: la cárcel de tortura Tuol Sleng y el campo de exterminio Choeung Ek. El post de hoy está dedicado al genocidio camboyano, uno de los periodos más oscuros, crueles y macabros de la historia de la humanidad.

En 1975 los Khmers rouges, liderados por un psicópata que se hacía llamar Pol Pot, tomaron Phnom Penh e instauraron un régimen comunista radical. Nacía una nueva era: el año cero. Y un nuevo país: la Kampuchea Democrática. Con un objetivo: la “purificación” de la sociedad y la instauración de una utopía agrícola. Se prohibieron y eliminaron las ciudades, las infraestructuras, la educación, las escuelas, el dinero, el comercio, los libros, la cultura, el arte, la religión… Los extranjeros fueron expulsados, se cerraron las fronteras y el país fue plagado de minas terrestres.

En pocos días, las ciudades fueron vaciadas y sus habitantes desposeídos de toda pertenencia. Las familias fueron desmembradas y dispersadas por todo el país en “granjas de trabajo”. Por el camino murieron los más débiles: niños, enfermos, ancianos… Los que sobrevivían eran esclavizados, forzados a realizar jornadas de trabajo en el campo de 16 a 18 horas sin apenas comida. Eran los afortunados.

Porque la paranoia era el motor de Pol Pot, que inició una campaña para descubrir al “enemigo oculto”. Los “sospechosos” y sus familias eran enviados a escuelas reconvertidas en cárceles como Tuol Sleng, y torturados hasta que confesaban. Pero, ¿quiénes eran esos “sospechosos”? Los que no estaban de acuerdo con el régimen. Los que podían no estarlo. Los monjes budistas. Los cristianos. Los intelectuales. Los que parecían intelectuales. La gente con estudios. Los que conocían algún idioma. Los que llevaban gafas. Los que eran demasiado blancos. Los que tenían las manos demasiado suaves. Y, por supuesto, las minorías étnicas. Especialmente los vietnamitas. O los que hablaban vietnamita. Los que conocían a algún vietnamita. Los que parecían vietnamitas…

El veredicto era siempre el mismo: culpable. Y la sentencia también: pena de muerte. El “traidor a la patria” y su familia entera (incluidos bebés y ancianos) eran enviados a alguno de los trescientos campos de la muerte que había repartidos por todo el país, como Choeung Ek. Nadie sobrevivía. Los asesinaban de noche junto a fosas comunes, con los ojos vendados y a golpes, para ahorrar munición. Estampaban a los bebés contra un árbol frente a sus madres. Ponían música del régimen a todo volumen para ahogar los gritos. Veinte mil personas murieron en Choeung Ek antes de que fuera liberado por los vietnamitas. Hoy sus calaveras están expuestas en una estupa conmemorativa (en la imagen) para que nadie olvide.

No se sabe cuantas personas murieron en los tres años, ocho meses y veinte días que duró el horror. Se estiman entre dos y tres millones: una cuarta parte de la población de Camboya.

Pero, ¿cómo fue posible? ¿Hacia dónde miraba el mundo hace cuarenta años? ¿Por qué nadie hizo nada mientras millones de inocentes eran torturados y exterminados? Porque no interesaba. Porque políticamente no convenía. Y, aún peor: el genocidio fue minimizado por occidente. De hecho, los Khmers rouges salieron impunes de sus crímenes. Y Pol Pot murió plácidamente a los 73 años, en su cama, por causas naturales.

 

4 comentarios

  1. Conmovedor Victoria…

    Gràcies per escriure aquest blog. Es una pildora d’alegria diaria.

    Llàstima que em vagi subscriure tan tard.

    Petons i cuidat

    ra

    El 18/12/2014, a las 01:29, Miss Fogg escribió:

    > >

    1. És molt greu el que va passar aquí, i és molt trist que no se li doni prou importància des d’occident.

      Gràcies per les teves paraules Robert! S’agraeixen molt comentaris com aquest 🙂

  2. Uffff una gelor m’ha recorregut la esquena al llegir aquest post….brutal que bogeries d’aquest tipus quedin sense cap tipus de càstig o condemna…

    1. Jo tampoc m’ho explico, Águeda. No puc entendre com han passat aquestes coses, com encara passen i com seguiran passant. La humanitat està malalta.

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