Día 87: Vientián, Laos

© 2014 Miss Fogg

De entrada parece que no hay mucho que ver en ‘la capital más tranquila del mundo’.

Lo mejor: los niños laosianos. Son increíblemente simpáticos y divertidos. Allá donde vamos nos reciben siempre con un alegre hello! o sabaidee! moviendo efusivamente la manita. Como Alyn, una preciosa niña que ha salido corriendo de su casa para regalarme su chocolatina. Yo le decía que se la quedara, pero ella seguía con su bracito tendido y su gran sonrisa. Así que la hemos compartido.

Lo peor: la corrupción. Unos policías que tomaban el sol sentados en sillas de plástico nos han parado y pedido dinero alegando que habíamos girado por donde no debíamos. Viendo que decenas de motos hacían lo mismo delante de sus narices, hemos intentado razonar con ellos, pero solo querían dinero. La gente nos susurraba que les pagásemos algo, lo que fuera, como todo el mundo hace. Como la amabilidad no han funcionado, hemos cambiado de táctica: nos hemos puesto muy bordes. Se han quedado tan desconcertados que hemos aprovechado el momento de confusión para largarnos, sin que ninguno de ellos hiciera nada para evitarlo.

La foto: Buddha Park Xieng Khuan. Este lugar es tan curioso como caótico. Cuenta con más de doscientas estatuas y esculturas budistas e hinduistas construidas a base de hormigón armado. El espectáculo es esperpéntico, con muchos Budas, pero también otros dioses, monstruos, seres mitológicos, figuras extrañas y animales esparcidos sin ton ni son.

 

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