Día 29: Persépolis, Irán

© 2014 Miss Fogg

Hoy nos hemos escapado a Persépolis (“Ciudad Persa”), capital ceremonial del imperio persa durante la época aqueménida.

Lo mejor: ser los primeros en entrar en Persépolis y en Naqsh-e Rostam (la pequeña Petra de Irán). Y pasear completamente solos rodeados de historia y leyendas, de puertas de piedra, columnas colosales, relieves imposibles, animales mitológicos alados y tumbas reales esculpidas en la montaña. E irnos justo cuando aparecen los autocares llenos de turistas y el calor comienza a apretar.

Lo peor: la contaminación en las ciudades. En Persépolis nos hemos dado cuenta de que, de pronto y a pesar del polvo del desierto, respirábamos mejor. Y si no me equivoco tiene que ver con el embargo al que está sometido Irán que, al no poder comprar petróleo, lo fabrica de mala calidad. Ello provoca que los coches contaminen mucho más y que se note en el aire de las zonas más urbanas.

La foto: la Puerta de Xerxes. Darío I El Grande comenzó la construcción de la ciudad (o, más bien, complejo palaciego real) en el año 512 a. C., y fue ampliado posteriormente por su hijo Xerxes I (el malo de la película 300) y su nieto Artexerxes I, entre otros. En 330 a. C. Alejandro Magno ocupó y saqueó Persépolis, e incendió el Palacio de Xerxes. Se dice que, en plena borrachera, Alejandro quiso vengar así el saqueo de Atenas por Xerxes I. Con el tiempo, Persépolis fue decayendo hasta ser finalmente abandonada.

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